domingo, 22 de marzo de 2026

ARISTÓTELES EXPLICA QUÉ ES EL ALMA

 

ARITÓTELES EXPLICA QUÉ ES EL ALMA

 

No cuestiones en nada su existencia,

concéntrate en hallar sus propiedades

y disfruta de su naturaleza.

Olvídate de asuntos religiosos,

pues no son, en verdad, nuestro camino.

 

Entre todos los seres naturales,

verás que los vivientes tienen alma,

pero no los llamados no vivientes:

es esa la barrera infranqueable

que hace separación de las dos clases.

Busca las cualidades de esa alma,

investiga sin pausa sus funciones

describe y analiza su energía:

encontrarás, sin duda, al ser humano

como ese ser viviente y racional,

que nace, se alimenta, crece y luego

se reproduce a veces y envejece,

habla, siente, apetece, se desplaza

y al fin de un cierto tiempo, también muere.

 

Ese impulso vital que el cuerpo habita,

esa extraña potencia que allí duerme,

ese hecho irreductible y primigenio

que aspira sin descanso a hacerse historia,

que se hace acto viviente y desarrolla

lo que era ya potencia y ya era vida.

 

Antecede la vida a la materia

y en ella manifiesta su energía,

descarga su vigor, su dinamismo

y echan a andar las formas de la vida.

 

Más tarde, las esencias y las formas:

sensaciones, razones, intelecto,

definiciones, actos y potencias,

materia, volición, discernimiento...

 

La vida en los sentidos, la existencia

gozosa y compartida sin descanso.

Acaso tu razón no te convenza,

pero ahí sigue su fuerza y su misterio.

miércoles, 18 de marzo de 2026

CANTIDAD Y CALIDAD

 

 

CANTIDAD Y CALIDAD

Em casi todos los actos de la vida diaria solemos aplicar el concepto de cantidad como sinónimo de verdad, frente al de calidad, que nos queda en un lugar secundario. Tal vez sea porque la cantidad somos capaces de describirla y de controlarla con más facilidad que la calidad. Piénsese qué ocurre con las elecciones, con cualquier propuesta que se formule en un grupo para ser aprobada o rechazada, o para otra situación cualquiera.

Ayer mismo se celebraron elecciones políticas en Castilla y León; hace tan solo un par de días se eligió una junta directiva en un grupo determinado; casi a diario se defiende que aquello que tiene más partidarios -hoy habría que decir seguidores- o asistentes es lo mejor y así es alabado.

No sé si no podríamos decir que vivimos bajo una dictadura numérica. O, si prefieren, bajo una democracia reducida a la suma de dígitos y números. Y, sin embargo, seguimos defendiendo que esta es la forma menos mala para entendernos y para no sumergirnos en otras fórmulas peores.

Yo tampoco quiero que se elimine esta fórmula, que expresa la voluntad de las personas, elaborada de forma personal y vete a saber atendiendo a qué suma de intereses. Pero tengo mis dudas y me gustaría verla implementada con el reconocimiento de las minorías, de aquellas opiniones que son menos en número, pero que están argumentadas y representan los impulsos, los deseos o los pensamientos de otros miembros de la comunidad.

Si la verdad la igualamos con la mayoría, tal vez estemos negando la existencia de conceptos que son válidos por sí, con independencia de que sean defendidos o negados por un número mayor o menor de personas. Hay verdades que no se pueden sustentar en la mayoría ni en la minoría: son verdades o mentiras con independencia de las opiniones. ¿Cómo se puede decidir por mayoría si el agua funde a un número o a otro de grados? ¿Y decidir la existencia o inexistencia de Dios por mayoría de votos (es un ejemplo histórico)? ¿Y la divinidad de Jesucristo, como se hizo en el Concilio de Nicea? Mira que si no llegan a la mayoría ¿cualificada o simple?).

Si, a pesar de todo, negáramos el valor de los conceptos, habría que admitir que todo se haría relativo y que solo nos quedarían los intereses. Y, sobre todo, estaríamos dando validez a cualquier fórmula para conseguirlos: el fin (intereses) justificaría cualquier medio. Ya estoy imaginando y viendo el desarrollo de las campañas con fórmulas y actos que dan un poco de pudor y de vergüenza ajena al mirarlos.

¿Qué hacemos, de ese modo, con las minorías? ¿Les negamos que tengan parte de verdad en sus argumentos por el hecho de que numéricamente han obtenido resultados negativos? ¿Les empujamos a que, en próximos comicios, se olviden de las ideas que defienden y pasen a alabar aquello que la mayoría quiere oír, o dicen las encuestas que quiere oír? ¿Les empujamos directamente a la desaparición como formaciones sociales y políticas? ¿Los analistas sociales y periodistas de diverso pelaje analizan por ideas o por resultados?

Me parece que el asunto no es tan sencillo ni se puede reducir a una variable solo numérica. Si así fuera, todos los partidos no ganadores tendrían que reinventarse cada vez y basarse solo en criterios numéricos y de ganadores o perdedores. ¡Qué pobreza! Si la gente quiere bailar la sardana, pues a ello; si quiere que sea una jota, pues a ello, que la verdad y el razonamiento se han quedado en casa. Me parece más honrado presentar un programa de ideas en el que se basen las realizaciones concretas, porque eso es una visión de la vida que se considera más beneficiosa para la mayoría. Si este no es aceptado, se analizan las causas; y, si se sigue pensando lo mismo, a seguir con el esquema y con la propuesta. La victoria numérica no se puede igualar con la verdad; solo indica -y no es poco- que el gobierno se ha de someter a ella. Pero sin dejar de considerar cualquier razonamiento que se presente. Por eso, cada propuesta debe ser presentada y discutida. Algunos creen que por haber ganado numéricamente ya pueden olvidarse de estos requisitos y dirigen como si de una fábrica se tratara.

Hata la corriente filosófica del Utilitarismo defendía el bien común, aquel que alcanzaba al mayor número de personas. Y no de cualquier manera.

Porque, como defendía Unamuno, «no se trata de vencer, sino de convencer». También dejó dicho don Antonio Machado que «todo necio confunde valor y precio». Y ahí estamos.

Dicho lo cual, felicidades a los ganadores. Y a todos, a analizar los resultados y las ideas que se defienden. Buscando que sean ganadoras; pero, antes, que sean las que se consideran mejores. O menos malas.

jueves, 12 de marzo de 2026

VOTAR: PREGUNTAS RETÓRICAS

 

 

VOTAR: PREGUNTAS RETÓRICAS

En un sistema democrático como este en el que vivimos, cada cierto tiempo somos convocados a las urnas para revalidar o para cambiar los gobiernos y sus propuestas. Nunca son demasiadas las veces si lo hacemos con serenidad, con campañas propositivas y sin descalificaciones e insultos varios. Este es el momento en el que se juntan todas las variables que inclinan la papeleta en un sentido o en otro, o que la alejan de la urna con la abstención.

Me formulo, y me atrevo a formular, algunas preguntas antes de tomar una decisión:

1.- ¿Favorece la higiene democrática el cambio de orientación política cada cierto tiempo?

2.- ¿Cómo se puede presentar un partido sin una ideología más o menos determinada en la que se incluya de manera manifiesta la búsqueda del bien común?

3.- ¿No es lógico pensar que, cuando no hay ideología, solo quedan los intereses?

4.- ¿No resulta evidente que quien más intereses defiende es quien más elementos y posesiones tiene para defender? ¿Quiénes son estos?

5.- Si los que menos posesiones tienen también piensan solo en sus intereses personales; ¿no resulta elemental pensar que, a la larga, están allanando el camino para los más poderosos? Los que tal practican suelen ser calificados con el sintagma de esclavos agradecidos.

6.- ¿No parece normal hacer un balance de lo realizado por el gobierno saliente, sobre todo después de varias décadas de estancia en el poder?

7.- ¿No hay una historia detrás que pone al descubierto lo que defiende cada formación política? ¿O todo es descubrir mediterráneos en 15 días de campaña?

8.- ¿Acaso no es fundamental entender que unos defienden más dosis de respuestas sociales y públicas y otros defienden más las respuestas privadas: sanidad, educación, cohesión social, mirada ecológica, desarrollo sostenible, ordenación del territorio, transportes...?

9.- ¿No tenemos derecho a mirar a las personas, como cabezas visibles de los proyectos, y fijarnos en sus cualidades y en sus defectos: formación, coherencia, desarrollo vital, intereses particulares, manifestaciones públicas, aportaciones en ideas a la comunidad...?

10.- ¿No tenemos el derecho a soñar un futuro mejor, más justo, más cohesionado y participativo?

Se me acumulan los elementos que conforman la reflexión antes de depositar la papeleta. Con este decálogo me conformo: no es poca cosa. Lo demás es decisión de cada uno.

 Aunque no se ha nombrado a ningún partido, es fácil suponer que no estoy pensando en ninguno de los que se sitúan en la derecha. El voto siempre es secreto, pero esta vez me doy el gustazo de hacerlo público: mi papeleta tendrá el nombre de PSOE. Siempre por aproximación, como formula menos mala y dispuesto cada dia a pedir a los que resulten elegidos mejoras y progreso en favor de los más necesitados. Pero ya digo, la decisión es personal.

Vamos a ello. Que no nos equivoquemos.

lunes, 9 de marzo de 2026

OCHO DE MARZO

 

OCHO DE MARZO

Ocho de marzo. Día de la mujer. Manifestaciones, eslóganes, declaraciones: nadie quiere quedarse al margen por si lo señalan. Muchísimas variables que considerar (no *a considerar, coño). Yo sigo sin entender alguna de ellas; hasta el punto de que me parece que se vuelven contra aquello que se quiere conseguir.

Pero una cosa es un aspecto parcial y otra el fondo general en el que se asienta el movimiento. Lo he escrito muchas veces: la historia de la mujer, en conjunto, es para echarse a llorar y hasta para salir a la calle con un grito ensordecedor. Tampoco la del hombre es para reír a carcajadas.

Pero que nadie crea que este mediterráneo se ha descubierto en estos últimos años; porque esa misma historia, tan deprimente en lo que a igualdad de género se refiere, está moteado de mujeres que también salieron a su manera a la calle y fueron pioneras de estas aspiraciones. Y, sobre todo, lo hicieron en unas condiciones absolutamente más dificultosas que las que existen ahora mismo en los países de occidente.

Un par de breves muestras contrapuestas. La primera dibuja el desprecio hacia el género masculino, incluso por aquellos teóricamente mejor preparados en su formación. Se trata de Séneca en sus Consolaciones a Marcia. La segunda suma unas cuantas frases de Lisístrata, aquella comedia de Aristófanes en la que las mujeres mostraban sin tapujos su iniciativa, su ingenio, su realidad y hasta su poder sexual, ante una guerra que, como todas, no es más que muestra de insensatez, de sinrazón, de fracaso y de imbecilidad

Son ejemplos deliberadamente tomados del mundo clásico, tan lejano en el tiempo, pero tan de actualidad ahora mismo. Podíamos haber hecho lo mismo con ejemplos de mujeres españolas que jalonan nuestra historia y que tuvieron pocos reparos en mostrar su opinión y en ejercer su poder.

Vamos con los ejemplos:

Séneca en sus Consolaciones:

«Si no te supiera, Marcia, tan alejada de la debilidad del carácter femenino como de sus demás defectos, y que tus costumbres se tienen como un ejemplo antiguo, no me atrevería a enfrentarme a tu dolor, en el que incluso los hombres de buen grado se estancan y languidecen, ni habría esperado, en una ocasión desaconsejable, ante un juez tan desfavorable, frente a una acusación tan desagradable, poder conseguir que absolvieras a tu suerte».

Las mujeres en Lisístrata, de Aristófanes:

«Si nos dejarais dirigir la ciudad como dirigimos el hogar, todo iría mejor: no malgastaríamos recursos y mantendríamos la paz».

«Si los hombres no pueden controlar su deseo, entonces nosotras podemos controlar la guerra.».

«Somos nosotras quienes llevamos la carga cuando los hombres dilapidan el dinero en guerras».

«Si los hombres no pueden dejar de pelear, nosotras sí podemos unirnos».

Mucho hecho. Mucho por hacer. Mucha mejora en la explicación. No exclusión, sino complicidad e inclusión. Más estudiar y descubrir las raíces y los principios, que son los más sólidos y duraderos, y los que explican y pueden ayudar más y mejor a mejorar cualquier situación diaria.

Y, siempre, igualdad entre las personas, tan solo y sobre todo, por el hecho de serlo.

jueves, 5 de marzo de 2026

NO WAR

 

NO WAR

Suenan vientos de guerra en una sinfonía desafinada, estridente e inagotable. El tiempo pasa y todo se repite: la fuerza frente a la razón, el dueño sobre el siervo, el esclavo que quiere ser digno y el esclavo agradecido, el que ve solo intereses propios y el que levanta la mirada por encima de su ombligo y la proyecta en el futuro.

Hace ahora exactamente veintitrés años (cuánto tiempo), escribía mi colaboración en el desaparecido periódico El Adelanto. Tiene fecha de domingo, 18 de febrero de 2003. La guerra de Irak. Otros gobernantes diferentes en España (a cada uno lo suyo, que las posturas son ahora en el Gobierno de España totalmente diferentes a aquellas serviles y egoístas del presidente de entonces), Otros similares en USA. Solo voy a cambiar el nombre de Irak por el de Irán; el resto lo repito literalmente. El fondo, y casi las formas, siguen siendo los mismos.

NO WAR:

¿Cómo suspender el ánimo ante esta marea humana, que mira horrorizada las consecuencias de una guerra llamada preventiva? ¿Cómo intentar ser neutral sin saber muy bien qué significa eso cuando aprietan los miedos y el corazón se encoge? ¿Por qué no intentar ser radical, si esto significa algo así como acercarse a las raíces de las cosas?

No me atrevo a decir demasiadas cosas, por mi relativismo congénito, pero algunas sí, y no debo dejarlas en el fondo del fango. Uno tiene la impresión de que el ser humano ya no vale como ser humano sino como algo colocado en unas circunstancias, y son estas circunstancias las que imponen el valor de ese ser. De este modo, no hay guerras a secas, sino guerras pongamos justas o injustas, largas o cortas, sofisticadas o chapuceras, y en este plan. Uno venía tradicionalmente dando mucha importancia a los ambientes en los que se producen los hechos porque pensaba que los condicionaban y los explicaban.

Pero lo había hecho siempre pensando en que solo desde esos contextos justos era desde donde se podía desarrollar con armonía la capacidad humana, de todo ser humano, por el hecho de serlo, sin más. Ahora todo se hunde y se somete a una moral dictada desde el poder omnímodo del gigante occidental y de sus fieles canes lamedores (y eso que ellos dicen que ladramos nosotros).

No tengo muchas dudas a la hora de alinearme con una configuración de valores entre los que observo en Occidente y en Oriente. Me tapo la nariz con frecuencia, pero elijo lo que me parece menos malo. Y esto es Occidente.

Pero reniego de muchas cosas: reniego del te mato por si acaso; hago ascos a la zafiedad de presentar una guerra como salvaguarda de no sé qué valores cuando lo que realmente importa es el petróleo y las cuentas de dividendos de las grandes compañías (casi todas en manos USA); estoy hasta el gorro de que el tío Sam me dicte casi todo, y, si es  a través de la coca-cola y del cine de Hollywood, ya ni te cuento; sospecho que en Irán los dividendos ni se reparten, porque se los queda todos el salvador iluminado; me entristece que la amenaza enemiga ciegue la razón y empuje a todo un pueblo, el iraní, a refugiarse bajo las alas de quien lo controla a su antojo... Estoy hasta el cogote de tantas cosas...

Si sirviera de algo, le pediría al tío Sam y al presidente de mi país que pensaran algo más en personas y menos en números y en victorias o derrotas, que invirtieran más en desarrollo democrático y humano como camino verdadero hacia la paz. Una cosa sí tenemos clara: es precisamente este modelo propugnado por los países ricos el que nos tiene en una situación continua de injusticia y de desigualdad. Porque, mientras prevenimos con una guerra, estamos matando de hambre y de miseria a muchas comunidades humanas.

Y hablo, claro, no solo de miseria económica, que también, sino de la otra, de esa que jibariza al ser humano hasta convertirlo en un superviviente errabundo y sin ninguna dignidad, solo al pairo de los números y de la imagen, de la cadena de producción y del ocio papanatas.

Hay que invertir, claro, pero en democracia y en dignidad, en igualdad de oportunidades, en democracia real no nominal ni farisea, en educación, por ejemplo, como campo de igualdad entre todos los seres humanos. Aunque no lleguemos al déficit cero, coño, que eso no es más que un pobre factor numérico, y la vida es algo mucho más rico ¿O no se dan cuenta de que, con estos cuentos y con tanta cuenta, se nos están descubriendo ustedes como una poza vacía de agua y de hondura, como algo seco y enjuto, mísero e insuficiente.

Y al otro señor, del que tengo menos datos, pero casi todos negativos, hay que exigirle sencillamente que deje vivir y viva, que no se erija en salvador de nada, y menos en nombre de Alá o de no sé qué zarandajas, que se pase una temporadita como uno de sus súbditos, sin medicinas ni educación, sin palacios ni servidores, y sin aires oscuros de grandeza. Otro mísero que tal baila. Y una petición más por elevación. A Alá y a Jehová, patrones reclamados de ambos bandos. ¿No podrían dejarnos en paz por un rato para que nos equivoquemos nosotros solitos? Porque hay que ver las que preparan. Para divertimentos, prefiero quedarme con los juegos de los dioses griegos, tan juguetones ellos, tan casi humanos. Déjennos, por favor, por una temporada, no nos inspiren tanto, que nos tienen las cabezas llenas de serrín y no nos aclaramos. O, al menos, dejen de “iluminar” a estos jefecillos salvadores de no sé cuántas patrias. Porque -casi repetiré unos versos de Comendador- “mirad, colegas, / como dice mi padre, / se hacen las cosas bien, / o no se hacen”.

NO WAR, coño.

lunes, 2 de marzo de 2026

FUESE Y NO HUBO NADA

 

FUESE Y NO HUBO NADA

El descubrimiento de la verdad resulta muchas veces decepcionante. La vida es una suma de sucesos encadenados. Esta suma encadenada nos permite adelantarnos en nuestra intuición a lo que imaginamos para el futuro. Es como si realizáramos un ejercicio de prestidigitación y acercáramos al presente aquello que solo existe en nuestro deseo y en nuestra fantasía.

Cuando esto sucede, nos hacemos dueños de las normas que han de regir en esa realidad no producida; las adornamos y las concretamos a nuestra conveniencia y a nuestros intereses, agrandamos y disminuimos sin tener en cuenta que la realidad nos puede jugar una mala pasada, creamos una expectación solo alimentada por nosotros mismos.

Pero hay que pasar de las musas al teatro, y eso ya no depende solo de nuestra voluntad. En la realidad están implicados muchos más y los resultados no nos tienen en cuenta porque se rigen por otras coordenadas que escapan a nuestro control.

Las soluciones también nos pueden resultar más satisfactorias que lo que esperábamos, aunque sospecho que menos veces: nuestro interés casi siempre atiende a nuestros deseos y esos no siempre se cumplen porque siempre esperamos más.

La vida está llena de estos descubrimientos. Mayores y menores, importantes o aparentemente poco llamativos.

Recientemente se han desclasificado -ya era hora- papeles que tienen que ver con el fallido golpe de Estado del 23-F. Casi todo el mundo se ha quedado como en un aire; sobre todo aquellos que esperaban cualquier mar océano de noticias extrañas en ellos o comprobaciones, negro sobre blanco, de la participación de algunos personajes públicos. Parece como si en el circo se hubieran negado a actuar los leones y no hubieran querido comer a nadie. A ver si va a resultar que todo era algo mucho más simple y que lo que queríamos no va a ser posible. Vaya por dios, qué decepción, dirán algunos.

En cualquier nivel de la vida podemos repetir el esquema, y así lo que esperamos para mañana en un examen, en una compra en el mercado o en una entrevista de trabajo nos puede resultar algo ilusionante o nos puede desanimar según se ajuste más o menos con aquello que esperábamos.

Tal vez tendríamos que templar gaitas con más frecuencia y no esperar demasiado de las cosas para no caer en el abismo de la decepción.

¿Será verdad que no sabemos todo lo que ocurrió aquella aciaga noche? Seguro que así es. Pero no esperemos saberlo del todo nunca. De ningún suceso conocemos todo, pues siempre se nos quedan detalles por el camino. ¿Tenemos derecho a seguir sospechando? Pues claro; pero hagámoslo sin aspavientos, con templanza y sin esperar descubrir mediterráneos en cada esquina; porque entonces la desilusión nos visitará siempre. Y tampoco parece lo más sólido edificar castillos en el aire.

El ejemplo del golpe de Estado es muy elocuente, pero a mí me interesa mucho más el discurrir de cada día, ese en el que somos cada uno de nosotros actores principales.

Hay gente -medios de comunicación sobre todo- que viven de elevar el ruido hasta los últimos decibelios y de andar en el filo de la noticia no contrastada y en la imaginación de que Troya se conquista cada día. Eso fomenta la emoción, atrae la atención momentánea y poco sirve para serenar y razonar tranquilamente. Sería bueno tomar distancia y contar hasta diez siempre.

En la obra don Quijote, hay un episodio en el que el caballero tiene que salir al campo a defender la honra de una dama. Pero, oh decepción, el otro contrincante (Tosilos) se rinde antes de que los dos rivales se encuentren. Y buena aparte de los espectadores se enfada por no asistir a la caída y al vencimiento de uno de ellos, a la sangre derramada y al aplastamiento. La expectación se diluyó y todo lo que anunciaba batalla, sangre y furia se quedó en retirada. Otro que «Y luego, incontinente, caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese, y no hubo nada».

Como el mundo es un espectáculo, todo lo que no sea ruido y representación tiene escaso éxito. Y pocos seguidores. Vaya por dios.

lunes, 23 de febrero de 2026

23-F AQUEL POBRE GORRINO DEL TRICORNIO

 

23-F: AQUEL POBRE GORRINO DEL TRICORNIO

 

Aquel pobre gorrino del tricornio

que acudió al Parlamento y lo asaltó

al grito aguardentoso y estridente,

que a todos los presentes asustó

de “se sienten” y “quietos todo el mundo”.

Aquel enorme y sucio pistolón,

la oquedad y el vacío en su cabeza,

la fuerza y el insulto a la razón.

Aquel impulso ciego por mostrarse

de la patria y del mundo salvador.

Aquellas huellas negras en el techo,

recuerdo de un imbécil soñador,

cuya fuerza tan solo se mostraba

en la entraña de un viejo pistolón

(lo demás era solo cobardía,

ensoñación idiota del valor).

Aquellas reacciones en la calle

y el impulso que a tantos empujó.

La sensación de cura ante el espanto,

la esperanza de no repetición...

 

Hoy me vuelven de nuevo a la memoria

los actos de aquel día tan lejano,

tan próximo y difícil de entender

salvo acaso tal vez en la cabeza

de aquellos que se afanan y se ofuscan

en pensar que este mundo es solo suyo,

que hay bienes absolutos y son ellos

los sátrapas y jueces encargados

de dictar las sentencias y las sendas

del discurrir de todos los demás.

 

Dioses y semidioses, héroes, sátrapas,

sacerdotes del templo de la nada,

iluminados todos, simples magos,

héroes de pacotilla con pistolas,

sin nada sustentado en la razón...,

dejad vuestros trabajos salvadores,

buscaos otra nueva ocupación;

o, mejor, sumergíos en el olvido

y no turbéis ya más mi corazón.