miércoles, 26 de agosto de 2015

INTUICIONES


INTUICIONES

Andar el mejor camino:
el que me duele y me calma,
y me lleva hacia mí mismo.



Que siempre la herida sangre:
dolor que no sale fuera
es como puñal que arde.



Es buena la compañía,
no es mala la soledad.
Con ambas me quedaría.



El silencio dice tanto
como dicen las palabras.
Yo te contemplo y me callo.



Hasta la fuente venían
todas las aves del cielo
buscando tu compañía.
Yo volaba a ras de suelo.



Mi memoria en tu memoria
va dibujando en la tarde
recuerdos de amor y gloria.



Quisiera dejar mi alma
bajo un encinar dormida,
y que la noche la duerma

como se duerme a una niña.

martes, 25 de agosto de 2015

A RITMO DE POESÍA


Ángel González es uno de mis poetas favoritos. Leo y releo sus obras y me solazo en ellas con un gusto que renuevo en cada lectura. En él abrevo y de él tomo muchas sugerencias consciente o inconsciente de que lo hago. El libro “Palabra sobre palabra”, recopilación de buena parte de su obra, es casi libro de cabecera.
Creo que ya conozco bastante bien sus claves y que llego con facilidad a la esencia de sus composiciones y de su poesía en conjunto: ternura, ironía, nostalgia, ritmo marcado sobre todo en los adjetivos, descensos significativos en sus guiones, visión negativa de conjunto… Y tantas notas más, que dibujan un conjunto para mí muy atractivo, aunque desigual.
Pero quiero dejar constancia de una dificultad que, si bien es aplicable a cualquier lectura, en este caso se acentúa un poco, precisamente por el conocimiento del autor, de sus claves y de las lecturas y relecturas de sus obras. Cuando leo poemas de Ángel González, yo ya sé cuál es el mensaje que me va a transmitir y mis ojos y mi mente se dejan llevar y casi resbalar por lo ya conocido. La lectura, entonces, se acelera y tengo la impresión de que necesito remansarme más para gozar de las imágenes que en el poema se acumulan. Porque el poema tengo que hacerlo mío -y que me perdone Ángel González- para penetrarlo y para que termine siendo un pretexto para mi solaz, para mi contento o para mi enfado.
Sirva un ejemplo sencillísimo: “Cuando el músico guarda el violoncelo / en su negro sarcófago, / el cadáver de Dios huele a resina”. Es un breve poema que incluye el poeta en el apartado de Teoelegía y Moral. En solo tres versos, recoge una acción física rutinaria en un músico después de una actuación. Aporta dos metáforas de no difícil digestión: la funda del violoncelo convertida en “sarcófago”, y el propio violoncelo transformado en “cadáver de Dios”. Como en poemas anteriores el autor ha visitado el mundo de la música, ese cadáver de Dios me lleva sin dificultad al momento de la interpretación y a la música “divina” que produce el instrumento. La resina asociada al arco para tocar no presenta demasiados secretos.
Vale, enterado de todo. ¿Enterado de todo? De eso nada. Yo necesito tiempo para imaginarme algo del concierto en el que ese violoncelo produce música celestial. Y tengo que remansar mi voluntad y mis gustos en la armonía, en el intérprete, en el lugar físico, en los asistentes, en lo que me sugiera la música que creo estar oyendo, en el valor de esa música…
Necesito tiempo real, del de reloj. O que se pare el tiempo y no cuenten las horas sino solo la música.
Porque, para este momento, el poema ya es mío y solo mío, se ha metido en mí mismo y yo le he dado vida, desde mi gusto y desde mi imaginación. El texto es ya un pretexto para que yo me explaye en mis sentidos y en mi propia conciencia.
De modo que leo a Ángel González y se suman en mí los contrastes del gusto y de las prisas.
La lectura de poesía necesita definitivamente un ritmo reposado y lento, lejos de las prisas y de los ajetreos de cada día. Al menos la buena poesía: a la otra es mejor no dedicarle tiempo.

Por eso y por muchas cosas más me gusta decir que quiero comprar tiempo. 

lunes, 24 de agosto de 2015

INVITACIÓN II


INVITACIÓN II

Y si no encuentras paz en tu conciencia
ni sosiego en tu afán por la palabra,
dedícate con ánimo y con fuerza
al agradable gozo de nombrar.

Recupera en sus nombres esa extraña
fuerza con la que evocas su presencia
y así serán materia, luz y guía
para que el nombre vibre y haga un pacto
con ellos, con tu afán,

con el don creador de la palabra.

viernes, 21 de agosto de 2015

INVITACIÓN


INVITACIÓN

Deja tus días en calma y en sosiego
y contempla la luz que, desde el cielo,
se sorprende por verte tan contento
al cuidado gozoso de tus nietos.


Y olvídate del vértigo del tiempo.

miércoles, 19 de agosto de 2015

MIS OBRERITOS



El azar (a falta de otras precisiones) junta compañeros desconocidos y crea compañeros de viaje que jamás pensaron en subirse al mismo tren, el mismo día y a la misma hora. Entonces, esa especie de insistencia en la certeza te lleva a considerar algo que, si no, pasaría en tono gris y sin relieve.
1.- Hace menos de 48 horas mantenía una conversación nocturna en mi terraza que giraba en torno al valor, la función y la estructura de eso que se llama fuerzas de seguridad (guardia civil, policía, ejército).
2.- Ayer y esta misma mañana he dedicado unas horas a leer el libro de un teniente del ejército expedientado. El libro se llama “Código rojo”. Su autor es Luis Gonzalo Segura.
3.- Este mediodía he oído en un canal de televisión la noticia de que, en un pueblo cercano a Madrid, el ejército goza de un campo de golf gratuito o casi, y lo justifican como lugar para la convivencia y la cura del estrés. Así, como si nada.
Este asunto reconozco que me “pone”. Me pone nervioso, quiero decir. Todo viene de muy atrás y la explicación es un poco larga. Pero estamos en el siglo veintiuno y habría que suponer que algo tendríamos que haber evolucionado.
¿Cómo podría yo hacer entender a un capitán general cualquiera que no es más que un obrerito que trabaja a mi servicio, que vive de mis impuestos y que todo lo que tiene que hacer es servir su puesto con decencia, cobrar a fin de mes y someterse, como cualquier otro obrerito, a las vicisitudes que la vida nos va marcando a todos? ¡Un obrerito más, como otro cualquiera de la construcción o de la enseñanza! ¡Un obrerito más! Y, de ahí para abajo, todos en el mismo paquete: los mandos, los oficiales, los suboficiales, los soldados y el sursum corda.
Y yo también, por supuesto.
Y es que la estructura piramidal en la que se mueven no les facilita mucho la labor; más bien acentúa esa marca de separación y de ordeno y mando que conduce a tantos desaguisados ocultos que parece que da miedo mentar.
El libro de Luis Gonzalo, “Código rojo”, me parece que tiene escaso valor literario, pero presenta una panoplia de elementos y de casos, apenas disimulados, de encubrimientos, de sobornos y de laminación de casi cualquier derecho, que no hacen otra cosa que certificar esa opinión negativa que aquí se apunta.

Y se apunta hacia lo peligroso de la estructura, no de las personas en particular, entre las que seguramente habrá gente cabal y gente poco recomendable, como en cualquier otra profesión. Lo malo es que, en ese camino de desajustes y de acciones inconfesables, se deja en el olvido tal vez a parte de lo mejor de la energía y de las personas que no se someten a tanto ordeno y mando sin control. Las últimas palabras del personaje Guillermo son estas: “Notó desangrarse la escasa literatura que le quedaba y cómo una intensa sensación de derrota rellenaba todas las arterias de su cuerpo hasta llegar a su propio corazón. “El triunfo de los mediocres”, se dijo cercenado, sin saber si sería capaz de dar un paso más en el endemoniado universo en el que habitaba. “Es el inevitable triunfo de los mediocres”.

martes, 18 de agosto de 2015

LE BUSCARÉ UN CONTEXTO


Uno de los recursos más utilizados por cualquier creador poético es el de la METÁFORA. Pero su uso no es exclusivo del poeta; son usuarios los novelistas, los predicadores, los músicos…, y cualquiera de los humanos en el habla de cada día. La única diferencia entre el hablante de la calle y el creador lírico es el de la abundancia y el de la consciencia en el uso de este recurso que multiplica la realidad y la transforma de manera absolutamente milagrosa. El ratón de las mesas de ordenador, como palabra, no es más que una metáfora sencilla y de andar por casa, que no engrandece a nadie en su uso ni en su abuso… Somos, pues, todos fabricantes y usuarios de metáforas, aunque no todos seamos creadores literarios.
Algo diferente es su definición exacta, su catalogación, su taxonomía, sus variantes, sus gradaciones…; ahí el mundo se hace complejo y confuso, y su dominio ya es negocio de particular juicio. Cuando me toca hablar de ella, de manera general, me gusta nombrarla simbólicamente reina de la fiesta, de la fiesta de la creación literaria, por supuesto. Hay muchísimos recursos más que acompañan formalmente en la concreción de la idea en la literatura, pero esta es amplia, llamativa, hermosa, altiva, sorprendente…
Practicar un ejercicio de metáforas es como hacer manos en el piano o en la guitarra, como entrenar antes de la carrera, o como tomar unos entrantes antes de una buena cena. Después hay que situarlas en el texto, pues ni esta reina sirve ni se exhibe si no es en un contexto determinado; pero los hallazgos pueden ser individuales y silenciosos, aislados e inesperados. Con algún hallazgo de este tipo, sea en forma individual o en un texto amplio, el creador ya se siente aprovechado, se alza como un pequeño dios y alcanza la satisfacción que se produce cuando ha surgido algo que hasta ese momento estaba oculto y olvidado, “esperando la mano de nieve…”
Siempre quedan espacio y realidad como para dar con algo desconocido, pero lo normal es la humildad y la conformidad con el uso no demasiado manido de la metáfora; y hasta con la satisfacción y el orgullo de repetir lo que otros antes han expresado con aquella metáfora que al creador le haya producido satisfacción. “Nuestras vida son los ríos que van a dar…” ¿Por qué no sentirse contento con repetir su uso, por ejemplo? ¿O “la tarde” como declinar de tanta cosas?
Y para la clase siguiente se pueden dejar los tipos y los detalles: A, B; B, A; A de B; B de A; A es B; metáforas con relativo; metáforas con verbos… U otros de tipo conceptual: Vivificación y humanización; Deshumanización (hacia lo animal, hacia lo vegetal, hacia lo mineral); Abstracción de lo concreto; Imagen cinestésica; Imagen desrealizadora; Imágenes de lo cotidiano; Imágenes religiosas…
Hace un par de días, un teórico y creador de la literatura me decía, en plena cima de la sierra de Béjar y casi entre la niebla que se había asomado a la Ceja, que no era posible andar mezclado en el mundo de enseñanza de la literatura sin escribir y crear algo, y que no hay mejor forma de enseñar qué es una metáfora que creando alguna. No me descubría nada que no firmara yo mismo.
Así que intentemos un ejemplo para salir hoy de la ventana predicando con el ejemplo: “Tus labios de silencio alborozado”. No le pongo destinataria porque entonces se estropea el misterio y no hay ni metáfora ni nada que merezca la pena en la creación, pues sin pálpito y conmoción no importa nada más. Pero se verá que hemos ido desde lo concreto (“labios”), hacia lo abstracto (“silencio alborozado”).

Le buscaré un contexto. Pero será otro día.

sábado, 15 de agosto de 2015

EN LA CIMA DEL CALVITERO


EN LA CIMA DEL CALVITERO

Aquí la piedra vive y se solaza
en perpetua y rotunda soledad,
la luz es primigenia y llega niña
desde bóvedas altas siempre limpias,
el mar se redescubre entre los ecos
que forman las lagunas y la nieve
es vecina del viento y del misterio.

En esta ara gigante en la que el tiempo
ha perdido su ritmo reflexivo
y el espacio no sabe de horizontes,
yo soy un simple acólito del viento,
estoy a lo que diga la incipiente
noticia de la luz que me reinventa
haciéndome más frágil y más diáfano.

¿Qué hacen aquí mis manos y mi cuerpo?
¿Qué pide mi zozobra? ¿Qué latidos
se asoman a la voz de mi conciencia?
Aquí, cerca del cielo, soy materia
que viene navegando  por la historia
de todas las historias,
soy piedra y vegetal, soy un producto
que mira cara a cara el universo,
esa patria común en la que todo
se acoge, se esclarece, se remansa.

Soy nada frente al todo y todo ante la nada.