PARA ESTAS NAVIDADES
Y PARA EL AÑO QUE
EMPIEZA
Tener el corazón iluminado
y el ánimo dispuesto en positivo.
Prestar la voluntad y la mirada
al bien y a la verdad para que llene
los días y los meses de alegría.
PARA ESTAS NAVIDADES
Y PARA EL AÑO QUE
EMPIEZA
Tener el corazón iluminado
y el ánimo dispuesto en positivo.
Prestar la voluntad y la mirada
al bien y a la verdad para que llene
los días y los meses de alegría.
Con un mínimo cambio de solo una palabra, me apropio de mí mismo y repito felicitación para el nuevo año. En busca del amor, el bien y la belleza. Buen año.
FIN DE AÑO
He de cerrar de nuevo el calendario
de mis días sembrados en el tiempo
de dos mil veinticinco.
Todo es memoria ya. En estos meses
he alzado la mirada y el misterio
me sorprendió sumido en el asombro.
Lo que era piedra o nube, por ejemplo,
se convirtió en amor, bajo el amparo
de lo que le prestaba mi mirada.
Fui creador, adivino, brujo, mago,
alquimista de todas las sustancias.
He abierto el pecho al paso de los días
y jugué al escondite muchas tardes
con las cosas sencillas.
Quizás he amado poco y es posible
que no esté en condiciones
de aprobar el examen de la tarde,
cuando solo es amor lo que interesa.
(Tal vez soy un quejica
y me quejo de vicio:
no lo tengáis en cuenta).
He visto pasar horas infecundas,
he conquistado cimas imposibles,
he buceado hasta el fondo, con peligro
de ahogarme muchas veces,
y otras he sucumbido a la indolencia.
Tengo a la vista un cuadro panorámico
con varias tachaduras y otra parte
con figuras mejor elaboradas;
en él he trabajado todo el tiempo.
Hoy ya le pongo marco y esta firma
que tiembla al contemplar que, acaso
pronto,
será pasto del tiempo, del espacio,
y, si el azar no acude en su socorro,
acaso del olvido.
No lo dejéis que muera
solitario y frío.
LA LLUVIA ME REGALA LA TRISTEZA
La lluvia me regala la tristeza
en todas esas gotas que golpean
la transparente paz de los cristales.
Cada gota señala un recorrido
y mil gusanos líquidos caminan
como buscando el suelo, donde unirse
en un solo caudal. Todas las gotas
se miran extrañadas, cual si fueran
deportistas en cruel competición.
El aire modifica su textura, planifica
el surco en que han de dar su último aliento.
Agua y viento se abrazan en un baile
que canta una balada vespertina
en el sonoro suelo del cristal.
Mi mirada traspasa la ventana
y ensaya el mismo baile con nostalgia,
por no poder cantar la melodía
que entonan en sus notas esta tarde
agua y viento a la vez. El cielo mira
la danza y la bendice. Yo retorno
al interior tranquilo de la sala
y entono en pensamiento los compases
que me suscita en grises la memoria
de todo lo que el tiempo no olvidó.
INMACULADA
Los calendarios marcan
como festivo este ocho de diciembre. Tradicionalmente se ha llamado el día de
la Inmaculada, haciendo referencia religiosa a la Virgen María. El dogma de la Purísima
Concepción es una creencia católica que afirma que la Virgen María, desde
el primer instante de su concepción, fue preservada por Dios de toda mancha de
pecado original, siendo así la primera y única persona completamente libre de
pecado. Fue proclamado formalmente por el Papa Pío IX en 1854, estableciendo
que María fue redimida de manera anticipada y singular por su futuro hijo. Así
se libraba del dichoso pecado original, ese que nos tiene a todos acongojados y
sin saber qué coño hemos hecho para que la tal carga de miedo caiga sobre cada
uno de nosotros.
¡Ay de las religiones que se basan en el miedo, en el pecado y en el castigo, en lugar de buscar sus fundamentos en el amor...!
El dogma ajusta muy
bien a los intereses de la iglesia católica y no incita a la crítica a casi
nadie, pues supone un día más de fiesta para descansar y llenar las calles y
carreteras de personas en busca de no se sabe qué. Mañana será otro día y aquí
paz y después gloria.
Pobre mujer esta María,
si es que realmente existió: nada menos que, sin comerlo ni beberlo, se encuentra
separada del resto de los mortales y elevada a “sin mancha” e “inmaculada”, que
son la misma palabra y significan lo mismo. “Bedita tú entre todas las mujeres”.
Para que así no sea manchado “el fruto de tu vientre, Jesús”.
Qué cantidad de virguerías
y de revueltas para tratar de dar divinidad a ese Cristo que, si no, se nos
escapa de las manos y se nos viene a ser como cualquiera de nosotros, y acaso
también cargado con el peso del pecado original.
Y que nadie se olvide:
todo ello repleto de connotaciones reproductivas. La Virgen María es
inmaculada; ¿y las demás mujeres? Jugar con algo tan extraordinariamente maravilloso
como es el hecho de dar a luz, de traer un nuevo ser al mundo, es muy peligroso
y puede traer consigo las reacciones más inesperadas.
Creo que no hay en
toda la Historia de las historias ninguna que se aproxime a todas las vueltas y
revueltas que la doctrina de la iglesia ha ido dando con tal de que sus explicaciones
se ajusten a sus creencias.
Pero de todas las
figuras ninguna como la Virgen, que tiene que hacer de puente entre las
carencias humanas y los misterios divinos. Qué sentimiento de ternura me
produce imaginarme su figura en medio de tanto misterio y de tantos designios
desconocidos. Apenas le queda el acatamiento, pronunciar el fiat y tal
vez asombrarse ante todo lo que se le venía encima.
Es, claro, la figura
más humana que la religión ha creado para conformar su doctrina. Si lo que conforma
la imaginación tuviera visos de verdad...
LO IMPORTANTE
Cualquier manual de
teoría literaria o diccionario de términos filológicos recoge las definiciones
de sinécdoque y de metonimia como recursos que toman la parte por el todo, o usan
un término por otro por la contigüidad que poseen. Así “espada” por “torero”, o
un “jerez” por un “vino de la comarca de Jerez”. Eso nos permite ampliar y
recrear la realidad a nuestro antojo y mostrarla desde caras muy diferentes.
En la práctica diaria,
todos somos poetas y ensayistas, pues usamos estos y otros recursos cuando
hablamos con cualquiera e intercambiamos información. No, no somos escritores
por ello: lo hacemos sin conciencia y sin notar el valor de transformación que
conlleva. Los creadores, en prosa o en verso, utilizan estos recursos con
conciencia de que lo están haciendo y para qué lo están haciendo. Por eso los
seleccionan, los escogen, los regulan, los ordenan y los hacen aparecer y
desaparecer según su criterio. Unas veces aciertan más y otras fracasan en el
intento.
Pero decía que todos
los usamos estos recursos en la conversación diaria, cuando hablamos del
tiempo, cuando “cortamos un traje” a los vecinos o cuando arreglamos de un
plumazo el mundo.
En estos últimos días
se habla en todas partes de los cincuenta años transcurridos desde el final de
la dictadura, de la sentencia condenatoria al fiscal general del Estado, del
enjuiciamiento a los responsables de la DANA de Valencia, del enjuiciamiento a
varios exdirigentes del PSOE, del rifirrafe continuo de los partidos y sus
descalificaciones, de los partidos de fútbol...; qué sé yo, de todo lo humano y
lo divino.
Pues en todos los
asuntos introducimos sinécdoques y metonimias a gogó. Dicho de otro modo, nos
acogemos a aquella parte que nos favorece y con ella abanderamos o echamos por
tierra todo el contenido de lo que juzgamos. Esto lo podemos aprovechar desde
un sitio y desde otro, con apariencia de tener razón.
Cualquier ejemplo nos
sirve. Tomemos el que acaso sea el más extremo: la dictadura que sufrió este
país durante cuarenta años. Ahora se produce el cincuenta aniversario de su
desaparición («Buen don Guido, ya eres ido, y para siempre jamás»). Alguien
afirma que en ese periodo se produjeron cosas positivas; otros aseguran que ese
fue un período negro de nuestra Historia. ¿Quién tiene razón? Pues seguramente
ambos. ¿Quién puede negar que, aunque solo sea por pura fórmula aritmética,
algo se haría bien a lo largo de tantos años? ¿Quién puede negar que se
produjeron atropellos sin fin durante esa larga noche de los tiempos?
¿Hay un empate en esta
disputa? ¡En absoluto! Inmediatamente asoma el peligro terrible de la
equidistancia («todos son iguales») y el del desánimo por parte de quien no
analiza y se deja llevar por la comodidad de lo genérico. Entonces, ¿quién
engaña? Pues aquel que toma la parte por el todo y se olvida de que el todo es
mucho más que la parte.
¿Qué favor le hace a
su postura aquel que rechaza de manera absoluta la afirmación del contrario y
no defiende la suya ordenando en importancia lo que es importante y colocando
en segundo orden lo que es menos importante? ¡Ninguno! Hay mil argumentos y ejemplos
para dar a entender que la dictadura es mala por sí misma, con independencia de
que produzca algún elemento positivo. Una breve lista de calamidades y de
privaciones en ella: enjuiciamientos y asesinatos sin garantías, falta de libertades
de todo tipo, asociaciones, desigualdad ante la ley, no diversidad de
opiniones, no participación de todos, responsabilidad no compartida,
organización social controlada, eliminación de los poderes que no se basan en
la razón... Mil razones. Por cierto, también aquellas que tienen que ver con el
progreso económico (¿cuáles son las dificultades económicas de los jóvenes
actuales, comparadas con las que sufrimos muchos niños de la dictadura?) Por
favor, lean, pregunten, comparen y decidan. Y ahora me sitúo en el otro sitio:
¿Voy a negar por ello que existan dificultades en la actualidad? Pues claro que
no.
La realidad es siempre
múltiple y un hecho hay que defenderlo sabiendo organizar y jerarquizar las
razones: las más importantes no anulan, pero colocan, a las más débiles en
segundo o tercer escalón.
En este esquema mental
me gustaría que se produjeran los razonamientos. De un lado y del otro.
Cuando así no sucede,
¿qué nos pasa? Pues lo que estamos viendo; que la polarización nos invade, la
razón se esconde y aparecen la exageración, la exclusión y el enfrentamiento
continuo. El peligro de la equidistancia asoma y el desánimo puede hacer mella
en mucha gente.
Por desgracia, este
ejemplo extremo se puede trasladar fácilmente a la actualidad política, social
y hasta personal.
Fui aprendiz de carbonero
en la niñez, no hortelano; pero sé que los rábanos no se han de coger por las
hojas, pues corremos el riesgo de que se nos queden enterrados.
Una hermosísima
canción pedía en su letra distinguir «lo que tiene importancia» de «lo
importante». Pues eso.
EXAMINO
LA ATMÓSFERA CELESTE
Examino
la atmósfera celeste
en esta
tarde luminosa y lenta
de un
noviembre de otoño. Mi mirada
se dirige
a la luz de las estrellas.
El cielo
es todo azul. Dios está en calma.
Es la naturaleza un sueño dulce.
Mi estado de confianza dura poco,
solo mientras recuerdo otros sucesos:
los hechos desgraciados producidos
al amparo engañoso que provoca
la civilización y sus acosos
-Hiroshima es de fuego y Nagasaki
es un grito terrible entre cenizas-;
hay tsunamis, volcanes, terremotos
que rugen con su furia desatada
y anuncian que ellos solos son bastante
para expandir la muerte y el abismo;
nadie sabe si hay vida en otros mundos,
y, si la hay, desconocen la existencia
de este exiguo y minúsculo planeta;
hay plagas y epidemias y tragedias...
Miro al sol y le pido humildemente
que atempere sus rayos, y a la atmósfera
que siga en equilibrio mucho tiempo,
como boina que ampara la existencia
de ese rastro de vida que me acoge.
En esta situación, me veo inquieto,
me puede el pesimismo, me persigue
un rastro de tristeza y de desánimo.
Una nube traspasa el horizonte.
Un pájaro se posa en una rama.
Hay personas del brazo paseando.
Miro de nuevo al sol y al firmamento
y entono una oración en el silencio.
LOS PÁJAROS A LAS ESCOPETAS
Creo que ya he
utilizado alguna vez este marbete popular, pero no me importa repetirlo.
Resulta que, el
mismito día del dichoso aniversario, una sala del Tribunal Supremo se despacha
con la sentencia (aunque sea con el formato tan frecuente del filtrado) que
condena al fiscal general del Estado, dicen que por revelación de secretos,
aquella noticia que había dado a conocer antes un asesor perverso, verrugado,
malencarado y bachiller llamado Miguel Ángel Rodríguez, que ya traía tras de sí
una amplia trayectoria de hechos de la peor calaña e intención.
Las sentencias se
acatan, pero no hay por qué compartirlas. Para un estado de derecho, la verdad
es la verdad judicial. ¿Hay que repetirlo más veces? Por eso se acata.
Pero
«No he de
callar por más que con el dedo,
ya
tocando la boca o ya la frente,
silencio
avises o amenaces miedo.
¿No ha de
haber un espíritu valiente?
¿Siempre
se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se
ha de decir lo que se siente?
Hoy, sin
miedo que, libre, escandalice,
puede
hablar el ingenio, asegurado
de que
mayor poder le atemorice...».
Francisco
de Quevedo. Epístola satírica y censoria...
Cuesta pensar en la
bondad y en el asiento jurídico de esta sentencia a la vista de lo que se ha
conocido del juicio y de los testimonios que en él se han aportado y que se
deben valorar como prueba. Esta vez parece que de poco o de nada han servido.
Cuesta tanto o más
discutir y polemizar con un alto tribunal, compuesto, se supone, por personas
muy cualificadas y que no deben dejarse llevar por tendencias ideológicas
personales, tan lícitas como obligatoriamente separadas del análisis de las
pruebas.
Pues, a pesar de esas
costas, que asumo en mi debe, tengo que confesar que no entiendo la resolución.
Y mucho menos con una justicia tan garantista como la española.
Es cierto que la
legislación siempre concede un margen de interpretación, porque la vida no cabe
encerrarla literalmente en la ley y en los preceptos; por eso la interpretación
de los tribunales y los márgenes en los castigos: de tanto a tanto. No me cabe
en la cabeza ni en ningún margen legal o temporal la solución que le han dado a
este caso. De nuevo, los pájaros se han vuelto contra las escopetas, y lo que
fue en origen una confesión de un defraudador confeso y la propagación de un
bulo por parte de un asesor perverso, verrugado, malencarado y pendenciero se
ha vuelto contra quien señaló que algo era incorrecto y que la verdad era algo
totalmente distinto a lo que se propagó.
Acepto también que la
sentencia tendrá sus considerandos y sus explicaciones, que no está redactada y
que habrá que atenerse a esa redacción. Y todas las consideraciones que se me
quieran hacer. A día de hoy, me parece un disparate mayúsculo que hace que se
pierda algo más la confianza en la justicia si es que no andaba ya bastante
perdida.
También sé que habrá
algunos que le den la vuelta al enunciado y sostengan que qué bemoles tiene el
tribunal para juzgar en contra de casi toda la opinión pública. Tienen su
derecho, pero con su pan se lo coman.
La inferencias y consecuencias
que de esta sentencia se derivan creo que son mayúsculas y que casi todas irán
en beneficio de aquellos verrugados y malencarados que propagaron el bulo, así
como de todos sus correligionarios. No entro ni a enumerarlas porque me asusto.
El tiempo dirá. Hoy no
es precisamente un buen día para mi forma de pensar.
FILOSOFÍA POPULAR (GRUPO MAYALDE)
En conmemoración
(espero que también en celebración) de que hace ahora medio siglo que se
instauró el sistema democrático en España (poco importa si fue en la muerte del
dictador o en el momento en el que se votó la Constitución), se ha preparado
una serie de actos públicos que lo recuerdan y que invitan a la reflexión. El
título general era este: Ciclo de conciertos “España en libertad, 50 años”.
Uno de ellos se
celebró ayer mismo en el teatro Cervantes de Béjar. La variable elegida era la
de la música (“Sonidos de la democracia”) y el grupo que lo escenificaba era Mayalde:
La Maya-Aldeatejada, Eusebio, Pilar y familia. En el telón de fondo, la
Delegación del Gobierno de Salamanca y nuestros impuestos.
El teatro estaba lleno
desde bastantes minutos antes del comienzo. Difícil encontrar un sito tan
espectacular como este histórico teatro bejarano, que tanta tradición atesora,
y contar con el grupo Mayalde, portador de las mejores esencias de la
música folclórica.
No puedo tener más que
encendidos elogios para lo que son y representan las personas creadoras del
grupo Mayalde. Los conocí hace cincuenta años, en esos albores de la
democracia y en el empeño común de dar a conocer este tipo de música de tan
honda raigambre entre las personas más sencillas y que siempre habían hecho y
siguen haciendo comunidad. Eusebio mismo lo recordó al comienzo nombrando entre
la nómina de grupos el de Oro Viejo, aquel conjunto de amigos amantes de
la música al que dediqué y dedicamos tantos ratos y cuya huella aún queda por ahí.
En público quedamos en darnos un abrazo al final del concierto.
No conozco a nadie que
sepa llevar el telón de fondo de un espectáculo con sus explicaciones como lo
hace Eusebio. Él es el alma de todo lo que acontece encima de las tablas; sus
palabras ponen causa, pausa, mitificación y desmitificación, guasa y seriedad a
todo lo que después es música y canción, instrumentos y escenificación. En
varias ocasiones acudió a la palabra FILOSOFÍA como base racional de todo lo
que allí se cocía. De modo que aquello que una buena parte de la propaganda más
barata y bullanguera entiende como cosa vulgar resulta que tiene su fundamento
en una base filosófica que explica las costumbres, los gustos, las relaciones y
la convivencia de las gentes de la intrahistoria; es decir, de todos los que
viven las historias más cotidianas porque las han oído y recibido de sus
mayores y se encargan de tansmitirlas a sus descendientes de la manera más
sencilla y próxima. Detrás de todo está la filosofía de la vida, una manera de
interpretar los quehaceres y las sensaciones más sencillas y a la vez más
hondas. Repito: no conozco a nadie que sepa explicar de manera más precisa y
firme el esquema de valores que comporta la música y la representación de este
tipo de cultura. Inevitablemente, aparece el contraste con algún tipo de música
más actual, que no hace otra cosa que disfrazar los elementos de la música más
tradicional con disfraces ruidosos que aíslan a la persona de la participación;
aunque la reúna por miles en lugares en los que ni se puede oír ni se puede
pensar. Mil gracias y mi admiración más absoluta.
El colofón más
espectacular se produjo con la traca final. La experiencia, el buen hacer y la
convicción en los valores que muestra siempre Eusebio (porque cuanto más
convencido está uno de lo que hace más fuerza tiene para convencer a los demás)
consiguieron que prácticamente todas las personas intentaran un baile en forma
de pasodoble en los pasillos y entre las butacas del teatro. ¿Alguna vez en
toda su historia había visto el teatro Cervantes bailando a todos sus
espectadores en el patio de butacas? Apunto este hecho y esta fecha para la
historia de este teatro e incluso para la pequeña historia de la ciudad
estrecha. Una fiesta común, una participación total, un entrañamiento personal
de lo que representan la vida en común y los valores compartidos. Como afirmó,
no tan jocosamente, Eusebio, casi todos los que allí estábamos no habríamos
nacido si no hubiera sido por la existencia de un fuego cuya primera chispa tal
vez se encendió bailando un pasodoble. Solo faltó rematarlo con aquella vieja
costumbre de los bailes del pueblo en medio del galanteo: “¿Me la dejas?”. Y
así en medio de la fiesta de todos, con todos y para todos.
Después departimos
unos minutos recordando aquellos comunes viejos tiempos musicales de comienzo
de la democracia y certificamos la alegría de volver a sentir juntos lo importante que es la
filosofía que ampara y sustenta este tipo de música y de vida. Y nos dimos los
abrazos prometidos desde el escenario.
Sí, la filosofía, las
ideas que sostienen una forma de sentir y de comunicar la vida de las gentes.
Siempre la filosofía. Aunque parezca que es un pensamiento de andar por casa. Y
lo es; pero porque se desnuda de toda parafernalia para quedarse solo con la
esencia y lo elemental.
Ayer fue para mí toda
una clase en el recuerdo y en la sabiduría popular. Y como, además, se adornó
con el condimento del recuerdo y la amistad, miel sobre hojuelas.
APARIENCIAS FÍSICAS
A la aldea global solo
podemos acceder a través de imágenes, esas que nos sirven los medios de
comunicación de todo tipo; de otra manera resultaría imposible. Ahora podemos
ver el aspecto de cualquiera, incluso el deterioro que se va produciendo en las
personas que ejercen poderes, a medida que pasan los años. El mundo ya ni
parece líquido, sino directamente gaseoso, de usar y tirar. Si echamos en falta
las ideas y las reflexiones más allá de lo inmediato, no sé cómo vamos a pedir
que de esos dirigentes o gentes famosas nos lleguen consideraciones y
razonamientos serenos y pausados. Hoy tal vez tengan un poco más de razón
aquellos que afirman que una imagen vale más que mil palabras, a pesar de que sigo
defendiendo que, sin la palabra como representación y cifrado, no existe nada,
absolutamente nada
Sigo considerando que
la expresión oral de una persona dice de ella casi todo. Velocidad, tono,
léxico, pausas, timbre... Casi todo. Pero, como la realidad es tan amplia y el
horno no está precisamente para la serenidad y para la reflexión, no está de
más quedarse con las caras que ponen todos para extraer de ellas la información
que nos interese.
Echemos una mirada a
los representantes internacionales. No quiero comprometer a nadie, pero ¿qué
nos dice la imagen de Trump? Esos gestos, esos movimientos de manos, esos
señalamientos, esos primeros planos firmando decretos a gogó...Yo veo enseguida
la figura de un empresario sin escrúpulos, un ser escasito de ideas y nulo para
pensar que el mundo es una cosa de muchos y no solo de él, un perdonavidas, un
arreglaconflictos de mentira... El mundo comienza y termina en él y en sus
intereses. Yo, perdón, lo veo como el chulito del pueblo que se cree superior a
los demás y que esconde el vacío del mundo en la oquedad de su cabeza, solo
cubierta por esa melena que le sobrevuela y que debe de estar asustada por el
abismo que ve debajo de ella.
Vayamos al otro lado
del charco y parémonos en Rusia. El rostro de Putin es mucho más avieso y da
mucho más miedo; refleja una imagen indefinida y oscura, con rasgos duros e
impertérrito ante cualquier circunstancia. ¿Qué tramará este sujeto? ¿Quién
puede fiarse de él? La veleta de Trump está siempre a lo que le diga el viento;
la de Putin no se mueve si no es después de descifrar un algoritmo. Si el
americano semeja el tonto del pueblo, el ruso representa al agente secreto que
siempre fue.
Se trata solo de un
apunte, pero aspira a señalar lo importante que es el aspecto físico de cada
persona en su vida y en su comunicación. De la suya y de la nuestra, pues todos
subimos de vez en cuando a la pasarela y desempeñamos una representación en la
vida diaria.
No haré el ejercicio
de dibujar un apunte acerca de los líderes nacionales, ni de cualquier otra
persona próxima o lejana. Es labor de cada uno, según su gusto y sus ganas.
Pero nos saldría un álbum muy colorido.
Es lo que tiene el
mundo licuado en el que vivimos y la falta de solidez en la que estamos
instalados. Los chispazos nos llegan con las imágenes y andamos metidos en unos
continuos fuegos artificiales. Habrá que acostumbrarse a descifrar imágenes que
aparecen y desaparecen a la velocidad de la luz y no dejarse deslumbrar por
ellas.
LUZ
La
sucesión de tiempos desdibuja
el tiempo
de la luz, que es permanencia.
Levita
sobre el peso de las cosas
un empuje
diáfano y celeste,
ajeno del
plural y de las normas,
que invita
a cada instante a no pensarse
como
hecho abandonado y olvidado,
empobrecido
y solo, sin la fuerza
de lo que
aspira a ser siempre lo mismo,
a superar
el tiempo y el espacio.
El hecho individual
se viste de palabra,
se torna
singular y se limita,
y ya
pierde el afán de ser eterno,
no sabe
que a su lado viven otros
sucesos
traspasados por la luz
que es la
que purifica y hace a todos
partícipes
de un mundo
más alto
y permanente.
Cuando el
tiempo se expande y aniquila
las
reglas de los límites del tiempo
para
quedarse puro y transparente,
solo
espacio de luz, fuego que arde,
todo es
un solo espacio, un solo tiempo
con
esencia de luz que ciega y mata
con sus
límites últimos fijados
en otra
realidad que es más propicia
para los
gozos del conocimiento.
ARGUMENTOS
DE AUTORIDAD
En su obra Conocimiento
y libertad, el lingüista y filósofo norteamericano Noam Chomsky reproduce
unas palabras de otro gigante del pensamiento moderno: Bertrand Russell. Son
estas: «Aquellos cuyas vidas son fecundas para ellos mismos, para sus amigos o
para el mundo están inspirados por la esperanza y sostenidos por la alegría:
ellos perciben con su imaginación las cosas posibles y la manera de ponerlas en
práctica. En sus relaciones privadas no sienten ansiedad por temor a perder el
afecto y el respeto de que gozan: tratan de dar libremente su afecto y su
respeto, y la recompensa les viene por sí misma sin buscarla. En su trabajo no
les inquieta la envidia por sus competidores, sino que se preocupan sin más de
la tarea que hay que realizar. En política no consumen su tiempo y su pasión
defendiendo privilegios injustos de su clase o nación, sino que aspiran a hacer
que el mundo en su conjunto sea más feliz, menos cruel, con menos conflictos
entre ambiciones rivales y con un mayor número de seres humanos cuyo
crecimiento no se vea empequeñecido y paralizado por la opresión».
Esperanza, alegría, imaginación, afecto, respeto, no
envidia, superación del interés personal y aspiración al bien común, libertad.
Todo un esquema de vida que podría hasta sonar voluntarista y falto de realidad
dura e inmediata.
Pero las metas no se alcanzan si no se marcan en el
mapa, si no se organizan los caminos para llegar hasta ellas, si no se prende
la ilusión de ponerse en marcha. Las palabras reproducidas no son ocurrencia de
un ilusionista ni de un indocumentado, pues ni Chomsky ni Russell lo son
precisamente.
Bajar a ras de tierra y vestirse el traje cotidiano de
la realidad más inmediata resulta algo más complicado pues el contraste es muy
grande. Y no solo en los ambientes políticos, en los que hoy reinan el insulto
y la polarización, el enfrentamiento como método y la reducción del horizonte a
un deseo inmediato de rebajar la realidad al bulo y a la apariencia de que el
contrario ha sido pillado en renuncio y ridiculizado. También lo es en casi
todos los ambientes sociales, con ese individualismo tan feroz como ridículo en
el que reina el que mejor maneja o posee los medios para aparentar más y mejor.
Con frecuencia acudo a estos argumentos de autoridad
en mis páginas, tal vez como escudo salvador para que no se me agoten los
ánimos y conserve algún resto de esperanza en la mejora de mí mismo, de la
comunidad y de cada uno de los individuos que la componen.
Contrastan estos pobres ánimos con la certeza de que
existe mucha gente con conciencia positiva y con visión comunitaria. Pero la
veo tambalearse como me veo a mí mismo con altibajos constantes.
Ahora mismo -solo a título de ejemplo- gobiernan los
países más poderosos del mundo (America first) unos tipos que se muestran sin
ningún pudor como dueños personales de decisiones que afectan a toda la
comunidad en general. Y exhiben sus proclamas como si fueran caprichos de quita
y pon, que sirven por la mañana pero que nadie sabe si durarán hasta la tarde.
Todo ello sin ningún razonamiento ni consideración. De este modo, ¿cómo se
puede acceder a la interpretación del mundo y a su posible transformación?
SUEÑOS
Mi
historia se diluye en otra historia
más
amplia y más compleja. Si supiera
discernir
y acotar lo que me toca
por ser
tan solo un ser que, extraño, sigue
una senda
que tal vez no está escrita
si no es
entre las líneas de un destino
que
escribe con oculto abecedario.
Si
supiera entender la voz de un código
que opera
con la fuerza de un autómata
y repite
sus normas, que resultan
para mí un
laberinto y me confunden
en mi
paso diario por el tiempo.
Mi mirada
está ciega, mis impulsos
me
empujan y yo ignoro mi destino,
mi fe se
fue hace tiempo no sé a dónde,
me
encuentro, como todos, arrojado
a vivir
en la angustia del que sabe
que no
sabe si sabe o es tan solo
un sueño
entre los sueños del que nunca
se atreve
a despertar por si descubre
que acaso
la verdad es tan terrible
y es
mejor dibujar dentro del sueño
una
historia feliz en la que nunca
se deja
de soñar con dulces sueños.
TARDE
JUNTO AL RÍO (LA ALISEDA)
Me siento
a refrescarme junto al río
y observo
cómo el agua se sorprende
de verme
pensativo. Los calores
me rinden
a la sombra de los árboles.
Nos damos
la palabra mutuamente
y creamos
la vida dialogando.
Mis penas
son las suyas y sus aguas
me
regalan la voz de sus querellas.
Los
alisos se inclinan hacia el cauce
como
dando certeza de notarios.
Hoy el
río me escucha y ha calmado
su
incesante salmodia. Le he contado
todo lo
que me llora la conciencia,
y he
suplicado, humilde y confiado,
que
guarde mi secreto en el silencio.
Tan solo
aguas abajo podrá el río
tristemente
contarlo
mezclando
entre sus aguas
su canto
con mi canto.
Los ríos
son fiables confidentes
que
llevan en su cauce nuestras penas
hasta el
mar, donde todo se diluye
en brazos
del silencio y del olvido.
EL FUTURO ABOLIDO
Las encuestas que
realmente valen son aquellas que marcan tendencia, o sea, las que repiten
resultados similares a lo largo de un tiempo. Eso parece que está ocurriendo en
lo que se refiere a la opinión de la gente más joven, que no deja de crecer en
su acercamiento a la extrema derecha. Mucha gente se escandaliza y no sé
cuántos se van al rincón de pensar, para tratar de dar con las claves que
expliquen las razones por las que esto sucede.
Parece razón biológica
que las generaciones jóvenes miren al futuro como algo a lo que aspiran para
ser conquistado y en lo que ser protagonista. Tienen casi toda la vida por
delante y escasa mochila de experiencia del pasado. Además, tradicionalmente,
cada generación comporta una buena parte de ruptura con el pasado y con la
generación de sus padres: ´hay que matar al padre´. Hay que crear un mundo
nuevo y mejorado, con protagonismo propio.
Lo que se observa
ahora mismo entra en contradicción con estas apreciaciones. ¿Cuál es la causa?
El asunto nos afecta a todos, pero han de ser los sociólogos y los
representantes públicos los que pongan mano a la obra para encauzar esa deriva
y ese aparente oxímoron.
Intentar descubrir en
unas líneas el Mediterráneo es, como diría don Quijote, pensar en lo excusado.
Las razones son
siempre múltiples y la realidad es confusa. Solo enumerar algunas y ordenarlas
jerárquicamente resulta tarea casi ingente. Pero no afrontarlas es dejar que la
tendencia se convierta casi en ley. Y entonces...
No se me ocurriría a
mí ni decir que las generaciones jóvenes son una maravilla ni que son la suma
de todos los defectos. También su realidad es muy variada. Y no deberíamos
renunciar a exigir a cada uno de esos jóvenes la parte de responsabilidad que
le concierne, que no es poca. Esa tendencia a regalar los oídos por parte de
los representantes públicos a todos los ciudadanos no es más que una demagogia
demasiado barata y de resultados muy negativos. También ellos, los jóvenes, como
todos los demás, podrían preguntarse no solo qué hace la sociedad por ellos,
sino también qué hacen ellos por la sociedad.
La otra parte, tal vez
la más amplia, cae del lado del resto de la comunidad. Y ahí hay que incluir
todo aquello que compone el contexto en el que los citados jóvenes van
encarando la vida y lo que presienten para el futuro, para su futuro.
Y aquí la enumeración
de elementos de ese contexto y el orden de importancia de los mismos:
perspectivas laborales, cansancio con el presente, innovaciones sociales y
culturales bruscas, cultura del esfuerzo (o no) y de la constancia, costumbres,
presencia o ausencia de ideas y de reflexión, ausencia de verdades más o menos
absolutas que obliguen a todos (sociedad líquida), ejemplos individuales de
referencia, velocidad de la vida, individualismo voraz, falta de sentido
social, nuevas tecnologías, bulos...
Todos estos elementos
forman una lista incompleta y tal vez no bien ordenada que nubla la confianza
de los jóvenes y los anima a buscar soluciones sencillas, rápidas y sin
explicaciones que les den fundamento.
El panorama no es muy
halagüeño. Lo peor es que no se vislumbra un futuro mejor. Se diría que los
jóvenes ven el futuro abolido, o al menos confuso y de color gris oscuro.
Sean cuales sean los
nuevos pasos, ninguna solución será buena si no apunta a la supervivencia y a
la salvación común, a pensar en la sociedad como un conjunto en el que la
aportación debe ser la de todos y los beneficios también. En caso contrario, el
más fuerte se sentirá cómodo y obtendrá beneficios abundantes.
El futuro no está
abolido. Está por escribir. Y hay que hacerlo con buena letra y con renglones
rectos, para que la página entera se pueda leer con claridad y ser bien
entendida.
¿Por qué no se les da
voz en los medios de comunicación a aquellas personas que tengan algo que
decir, desde sus razonamientos y desde sus investigaciones, en estas materias?
Se nos va el tiempo y se nos van las imágenes en discusiones de bar, en
banalidades, en cuestiones nominales y en insultos y descalificaciones, cuando
no en conciertos con alaridos y miles de vatios de sonidos ensordecedores.
Y luego nos pasa lo
que nos pasa y nos escandalizamos. Cachis...
DE VIRIS ILLUSTRIBUS
Las comunidades han
necesitado desde siempre ejemplos y referencias, espejos en los que mirarse,
modelos para ser imitados. Desde el macho alfa de la manada primitiva hasta el
ejemplo más refinado por su cultura y por su actividad social o intelectual en
otras épocas.
Los ejemplos se han
ido modelando a lo largo del tiempo y las características de esos ejemplos se
han ido adaptando a los valores que la sociedad ha ido imponiendo, o se ha
dejado imponer por poderes superiores. No es lo mismo un modelo primitivo de
buen cazador que un modelo de guerrero espartano, o que un cultivador exquisito
de virtudes religiosas, ni que un modelo de científico creador de elementos de
ayuda para la sociedad, o un deportista actual... Apasionante resulta echar tan
solo una mirada a esa panoplia de modelos para entender cómo se han ido
confeccionando las escalas de valores y tal vez para quedarnos sorprendidos por
ello.
Uno tiene la impresión
-por no asegurar que la evidencia- de que hoy se llevan la gloria aquellos
ejemplos que mejor saben explotar la pasarela pública y que mejor saben vender
el producto a una sociedad que se alimenta de imágenes vacías y de ráfagas
aisladas. O sea, de apariencias, en todas sus variedades.
Pero la paleta
cromática es muy variada y el arco iris admite muchos tonos. Quiero decir,
claro, que no todo es o blanco o negro; que no todo es solo apariencia y que
hay ejemplos que demuestran lo contrario.
Los ayuntamientos
suelen distinguir a algunos de sus vecinos con reconocimientos públicos que
suponen para los premiados algo así como ponerlos en un pequeño pedestal para
que sirvan de ejemplo ante los demás miembros de la comunidad. Se convierten en
algo así como ´ciudadanos ilustres´, al modo de aquellos viri illustres
clásicos tan celebrados en obras que llevan el título de De viris
illustribus.
Supongo que establecer
los reglamentos y los protocolos para esas designaciones no debe de resultar
nada sencillo. ¿Qué perfiles son los que van a ser premiados? Después de haber
elegido esos perfiles, ¿a quién dejas fuera, si siempre hay varias personas que
pueden merecer esos honores? Si te presentan un candidato, ¿cómo te atreves a
dejarlo fuera con tu voto negativo? ¿Hay que atreverse alguna vez a dejar
alguno de estos premios desierto? Y así una ristra de preguntas. No, no debe de
resultar sencillo esto de la designación de premiados. Aunque, en resumen,
mejor será pecar por exceso que por defecto.
En Béjar creo que este
año han acertado de pleno al premiar a vecinos que se han destacado sobre todo
en actividades que tenían como finalidad el provecho no propio, sino de los
demás ciudadanos. Dicho de otro modo, la solidaridad -además de otras
cualidades- ha sido reconocida en las personas que visiblemente la han
practicado y la siguen practicando. Por eso, mi reconocimiento y mi enhorabuena
para ellos. En este caso con nombres y apellidos: Abejarock y sus organizadores,
Festival de blues y la familia Sánchez Paso, Luis Felipe Comendador, Juan Hernández Heras,
Nayerda Slujalkovsky. Y tras ellos, para todos aquellos que no han sido
premiados, pero que ejercen en el silencio la ayuda y el ejemplo con su vida y
su escala de valores.
Como le comenté a uno
de los premiados, este puede que sea uno de los reconocimientos más bonitos y
que produzca mayor satisfacción, porque viene de la mano de los vecinos, de las
personas más próximas, de aquellas con las que se convive y en quienes más y
mejor puede lucir el ejemplo para ser imitado.
Inevitable para mí
recordar el premio que en los primeros años del siglo pasado ya se concedía, por
suscripción popular, en la revista bejarana Cultura y Tolerancia,
dirigida por el anarquista José María Blázquez de Pedro, nada menos que «A la
mujer más buena»
Este es un caso más en
el que se cumple aquella afirmación unamuniana de que «Nada hay más universal
que lo individual, pues lo que es de cada uno lo es de todos».
Así, de nuevo, lo que
parece anécdota se nos convierte en categoría y en guion de pensamiento para
cualquiera en el espacio y en el tiempo. Dicho de otra manera, que lo que se
predica para esta ciudad estrecha y para el año presente sirve para cualquiera
otra y en cualquier momento.
CONSEJOS VENDO
Las revoluciones
tecnológicas y comunicativas han abierto la ventana de tal manera que
cualquiera puede asomarse a ella y echar su cuarto a espadas para arreglar el
mundo en todas sus variables. Por eso, a nadie le puede extrañar que, en no
importa qué rincón de la aldea global, cualquier persona opine en público y
solucione de palabra el mayor desaguisado.
Tal vez antes las
discusiones tenían el campo algo más acotado y se referían con mayor frecuencia
a aquellos sucesos que se presentaban en un espacio y en un tiempo más
reducidos y más próximos; todo lo demás quedaba demasiado lejano y acaso no se
opinaba sobre ello, por desconocimiento o porque no interesaba.
Hoy, ya lo he dicho,
todo está en boca de todos.
No está mal que así
sea, porque la aldea es global y porque todo atañe, casi visualmente y en
tiempo real, a todos. Bienvenido sea ese soplo de luz y de llamamiento a la
participación y al compromiso.
Pero, si le damos la
vuelta a aquel dicho que afirmaba que no hay mal que por bien no venga, nos
encontramos con que no hay bien que por mal no venga.
Algunos peligros
acechan a esta oportunidad de intervenir en todo.
El primero es el de
meter la mano en el fuego de la ignorancia, pues poco o casi nada sabemos de
casi todo. Un poco de prudencia y de humildad no vendría mal. Tampoco un algo
de contención en las afirmaciones. Un fondo difuso de sentido común y de buena
voluntad es el que mejor resiste los embates del instinto, de la pasión y de lo
primero que se nos ocurre.
El segundo apunta a la
forma de comportarnos en una conversación cualquiera. Me atrevo a sugerir algunos consejos para que esta discurra un poquito menos mal. Son estos:
a) Escuchar, siempre
escuchar.
b) Realizar
intervenciones cortas.
c) Tratar de que lo
que digamos guarde relación con lo que ha dicho nuestro interlocutor, o sea,
dialogar y no sumar monólogos.
Si al fondo de prudencia le añadimos estos mecanismos, que son tanto mecánicos como mentales, creo que todos ganaríamos mucho y los malos entendidos, que tanto abundan y que estropean casi todas las disputas, empezarían a sentirse desplazados y extraños.
Las visiones del mundo
son infinitas; sus expresiones deben aspirar a ser sencillas, claras y
prudentes. La convivencia está en juego; la polarización y la crispación,
también. Y no está el horno para bollos.
ES UN GENOCIDIO
En la guerra de Israel
contra Palestina, sobre todo en la franja de Gaza, se han producido más de
cincuenta mil muertos acreditados. El número real tiene que ser mucho mayor.
Los muertos son de todo tipo, muchos de ellos niños y mujeres. La ciudad de
Gaza, donde vive la mitad de la población, está siendo literalmente arrasada.
Los gazatíes se mueren de hambre y andan de un sitio a otro sin cobijo ni poder
de resistencia. El individuo ese que preside los EE. UU. se jacta en un vídeo
de la posibilidad de crear en la franja una inmensa ciudad de vacaciones una
vez que sean expulsados los habitantes nativos... Y así hasta el infinito.
En diversos centros de
poder en el mundo (también en España) se andan cuestionando si se trata de un
genocidio o de qué coños estamos hablando. Y lo hacen como si estuvieran
testando el sexo de los ángeles.
Las palabras son
aproximaciones a la realidad; siempre les queda esa grieta por la que se cuelan
interpretaciones y connotaciones particulares o colectivas. Pero hay que tener
cuajo para seguir dudando de lo que implica todo lo que está ocurriendo en Palestina
y cómo se ha de llamar. Al final, lo que importa es la barbarie que vemos a
diario y algo menos la interpretación jurídica que de ello se haga y su reflejo
en el léxico que describe esa realidad y esas leyes.
Pero, por si acaso, no
estaría de más que acudiéramos a la etimología de las palabras para no
confundir a la gente con engañifas e intereses inconfesables.
La palabra ´gen´
produce y genera una familia léxica enorme y un sinfín de palabras que hunden
su origen en ella; es, sin duda, una madre muy prolífica: generación, genética,
género, génesis, genotipo, genoma, ingenio, ingeniero, original, genialidad,
gentileza, generalizar, general, genocida, genocidio, genotipo... Y mil más
´Caedere´ es un
verbo latino que significa matar. También genera una familia léxica generosa:
homicidio, infanticidio, parricidio, magnicidio... Súmense, por favor, ambos
términos y obren el milagro: Genocidio = matar el gen, eliminar la generación,
exterminar a todo el género, hacer desaparecer de la faz de la tierra a todos
los elementos descendientes de los mismos genes... No hace falta ser muy listo
para verlo, ni pedir el premio nobel por ello. Y, si no, a estudiar a
Salamanca, coño.
¿Qué es, entonces, sino
un genocidio, lo que se está perpetrando en las tierras palestinas?
¿Y nos la vamos a
coger con papel de fumar? Poco me interesa ahora si jurídicamente es fácil
determinar quién es el responsable de esta barbarie, pero lo que se consuma a
la vista de todos y con el silencio de no pocos (sobre todo de Occidente
-búsquese también su etimología y añádanla a la familia léxica-) es un
GENOCIDIO en toda regla. Y quien sea responsable es un GENOCIDA. Lo demás es
dar vueltas al caldero sin prender el fuego.