domingo, 8 de diciembre de 2013

ERES TÚ QUIEN SE MARCHA DE LOS SITIOS

ERES TÚ QUIEN SE MARCHA DE LOS SITIOS
Eres tú quien se marcha de los sitios:
del tiempo de verano, que tanto te cansaba,
hasta el rigor sin pausa del invierno;
del fuego del contacto hasta el cobijo
de la suave caricia y del aroma
de un perfume perdido en la memoria;
de la invasión fogosa, apasionada,
hasta el blando coloquio y la compenetración;
desde el placer fecundo del pecado
a la experiencia lenta y reposada
de lo que ya no aspira a la victoria.

Y puede ser verdad que te has rendido
a la certeza de que no es posible
la ayuda y el empuje de otros brazos
en la búsqueda inútil
de lo que un día fue tenaz deseo
de encontrar el aliento de la felicidad.

Sabes que la ilusión de otros amores
es tan solo recuerdo, incluso olvido,
pues muchos ya no están, y otros que fueron
andan en las afueras de tu vida;
tú mismo ya no estás para ti mismo.

Es tiempo de apariencias y de dioses,
de desear con fuerza lo imposible
y gritar que conoces lo que ignoras,
de mantener proyectos que mantengan
la fuerza y el valor de la memoria,
de exigir la presencia del rubor en el rostro,
de afirmar el valor del sufrimiento,
de habitar nuestras manos
con la arruga del tiempo y la experiencia.

Es tiempo de cumplir lo que se ama
y amar lo que se hace
con esa lentitud de los ocasos

que van al infinito y al olvido.

sábado, 7 de diciembre de 2013

LA VIDA Y MI IDENTIDAD (Apunte filosófico)


¿De qué depende que uno tenga un día bueno o un día aciago? El ser humano siempre es el mismo y debería responder de la misma manera un día que el siguiente. Si dependiera de él, habría que concluir que no es el mismo siempre, que las circunstancias han cambiado y que los entornos son diferentes, esos contornos en los que él tiene que responder a las situaciones que se le van presentando. O tal vez resulte cierto que en realidad no sea él, que ya sea otro distinto, que cada instante sea único porque la persona ha cambiado elementos suficientes en su ser y en su conciencia como para responder de manera distinta. Y, si no fuera el mismo, no se le podría exigir que mantuviera la conciencia de la continuidad en sí mismo. Terreno peligroso este porque nos estaríamos adentrando en la identidad del ser y el mantenimiento de esa identidad, en la continuidad de los elementos necesarios para seguir considerando en la conciencia al ser un mismo ser. ¿Cuál y cuánta es la parte que se puede entender que se modifica sin perder esos elementos esenciales de la identidad? Porque yo no soy el mismo que aquel niño que corría por las estrechas calles de mi pueblo rodando el aro o encima de los zancos, o aquel joven que veía y constataba los estertores del franquismo, o el joven profesor que se comía el mundo y que lo soñaba transformado, ni siquiera el caminante tranquilo y satisfecho que esta mañana hollaba los caminos de las laderas de estas sierras frías y otoñales. Y, sin embargo, me sigo reconociendo el mismo, con el mismo nombre y con los mismos apellidos, sigo teniendo la conciencia de que soy el mismo; mis seres queridos me siguen respondiendo de la misma manera y hasta mantengo el mismo nombre ante los demás.
¿Y si el asunto dependiera de lo externo, de lo que rodea al ser? Entonces el día aciago o el día bueno hundiría sus causas en el contexto, tan diverso, tan extenso, tan incontrolado e incontrolable, tan poderoso, tan indiferente ante mis deseos y mis gustos… A veces las realidades exteriores parecen presentarse idénticas a las de otras ocasiones y, a pesar de todo, los resultados de mis actuaciones y de mis interferencias con ellas son totalmente distintos; eso me deja perplejo y sin saber dar respuesta a esta dualidad en la que yo y todos los demás nos movemos.
Tal vez no somos conscientes de que, acaso, esa separación entre la persona y los contextos realmente no existe y es el intercambio constante entre ambos lo que va configurando al ser humano y a los otros contextos, ese espacio indeterminado pero común que compartimos todos y que no solo nos roza sino que nos penetra y nos obliga a la reacción, no solo física sino también fisiológica y mental. Puede que en ese conglomerado no hagamos otra cosa que moldearnos y cambiar los combinados químicos, los enlaces intrincados que nos componen y nos sostienen, y con cada reacción nos mostramos con otra cara un poco distinta a la anterior.
O tal vez sea algo más complejo, eso que llamamos vida, que nos ocupa y que nos envuelve, que nos empuja y que nos conduce sin que sepamos muy bien ni cuáles son las causas ni cuáles las reacciones. Por eso andamos tan confusos y nos extrañamos ante lo que entendemos como un día con suerte o un día desafortunado.
¿Cómo habrá sido hoy mi día?, ¿hacia qué extremo apunta y apuntará en las horas que aún le quedan? Repaso y no me quejo.

En todo caso, como apuntó Paulo Coelho, “la vida siempre espera situaciones críticas para mostrar su lado brillante”. No he tenido situaciones críticas ni las espero. Prefiero hoy también alguna arista de la vida menos llamativa y espectacular. Mañana será otro día.

viernes, 6 de diciembre de 2013

MADIBA: PEACE AND FREEDOM


África, imaginada desde aquí, está en el culo del mundo, allí donde el mar se parte en dos y la tierra se rinde porque no puede indagar más adentro y deja todo el dominio a las profundidades, donde los aventureros perdían la señal de lo medible y se enfrentaban a lo desconocido, en su viaje a no se sabía dónde, el territorio que se opone al de aquí mismo porque se empeña en convertirse en verano cuando aquí se asoman los fríos y el invierno, el último salto desde la última roca y la primera defensa contra el mar y su empeño de las olas.
Quiero decir que África me queda lejísimos en el espacio, en el territorio de los sucesos que me raspan por su frecuencia en imágenes, y que asocio sin querer la lejanía en el espacio con la bruma del tiempo. Y menos mal que los tambores resonaron hasta la extenuación con aquello del mundial de fútbol.
Pero los símbolos son más símbolos precisamente cuanto menos se dejan abarcar y someter. Si a un héroe de la antigüedad clásica lo invitáramos a una fiesta nuestra, es casi seguro que lo mandábamos de vuelta despedazado y convertido en un ser vulgar y lleno de defectos, aminorado hasta las medidas de un  simple humano con dificultades para llegar con decoro a fin de mes en lo material y en lo moral. Desde la distancia todo es otra cosa.
Madiba es un símbolo hermoso de casi todo el índice de deseos inalcanzables del ser humano; por eso es mejor que siga en la distancia, para que no le salgan a la piel las arrugas que todos tenemos, incluso él que tanta dignidad derrochó en su vida.
No conozco muchos más detalles que el común de los mortales acerca del desarrollo de su vida: 46664, cárcel, resistencia pasiva, integración, perdón sin olvido, reconciliación…, y algunas otras cosas de menor valía. Me bastan para aplaudir la existencia de seres que defienden, como sin esperar recompensa y sin aparentes heroicidades, los ideales en los que creen, que levantan la mirada y descubren la existencia de la pluralidad comunitaria, que adivinan que en la escala de valores aquello de ganador y de perdedor no está en la cúspide precisamente, que defender las convicciones propias no implica la eliminación del contrario ni su escarnio público, que el patrón humano en nada se diferencia por el color, por la religión ni por el poder económico, que gastar la vida por alcanzar el poder no es más que la mayor muestra de debilidad y de pobreza…
Todo eso es lo que me interesa de gente como Nelson Mandela. Porque, si Mandela se ha convertido en símbolo, es porque pone rostro a toda la gente normal que, en su pequeño mundo, lucha y defiende los mismos ideales; él es la voz del coro, pero la voz real es muy variada y anda dispersa por todo este mundo que habitamos. A veces se llama Mandela pero otras veces tiene nombres y apellidos de aquí y de ahora mismo. La lista no cabe en los medios, pero es larga y hermosa. Esos medios que se compungen y llenan las portada con la imagen del símbolo, pero que mañana mismo se olvidarán de él y volverán a dar sitio a los amos de la pasarela, de la fama y del dinero, y volverán a la lucha por el poder más sórdido y encarnizado. Y muchos de los representantes públicos, que dicen admirar a Mandela, que mandan condolencias lloriconas pero que, en la vida diaria actúan con valores totalmente contrarios a los que representa Madiba.
He visto una imagen de Mandela arrimado a una pared, con una gran pintada en la que rezaba este eslogan: Peace and freedom. Paz y libertad. No es precisamente mal objetivo ni mal modelo de vida. Por él luchó Mandela y por él habrá que seguir trabajando cada día si este mundo quiere sentirse un poco más tranquilo y menos esclavo

miércoles, 4 de diciembre de 2013

UN CUENTO PARA SARA


Tengo muchas ganas de que mi nieta, Sara, rompa por fin a leer. Sé que no tiene edad para ello y que lo mejor es que todo vaya por su cauce natural, pero tengo muchas ganas. Cuando lo consiga, y será pronto, podrá leerme cosas y descubrirá algo de lo que yo le he guardado para ella especialmente. Estoy seguro de que después me lo devolverá todo con intereses altos, para mi contento y mi satisfacción.
Hoy le guardo un cuento breve que ella identificará y no tardará demasiado en interpretar con corrección:
“En una pequeña ciudad de provincias, vivía una joven hermosa a la que la vida le sonreía en casi todo lo que hacía. Pero un día se cansó de su situación y empezó a sentir el aburrimiento y el deseo de salir a conocer el mundo porque soñó que en otros lugares se hallaban tesoros escondidos para ella.
Soñó que viajaba a una gran ciudad y que allí, en un lugar muy conocido, le esperaba un tesoro que estaba reservado para ella, para que ella lo descubriera y lo gozara. Pronto empezó a descuidar sus aficiones y solo vivía obsesionada por la conquista de ese mundo soñado.
Un día cualquiera salió de casa. Subió al primer tren y se marchó lejos, hacia esa gran ciudad. Cuando llegó, se sintió deslumbrada por todo lo que iba descubriendo. Parecía todo aquello un mar de luz y de personas, los escaparates la deslumbraban y los carteles que veía por todas partes le anunciaban acontecimientos que ella jamás había ni sospechado.
El tesoro era todo aquello y la joven se sintió contenta y satisfecha. Se aposentó en una casa céntrica y todos los días salía a las calles para dejarse invadir de las nuevas sensaciones. El tiempo se le iba en ver y ver y ver más cosas. Así transcurrieron varias semanas sin que ella notara el paso del tiempo.
Fue una tarde, cuando el sol se despedía y los últimos rayos enrojecían el horizonte. Al cruzar un paso subterráneo, se topó con un hombre que pedía limosna mientras rasgaba deficientemente las cuerdas de una guitarra. La joven se paró un momento, escuchó la canción hasta el fin y depositó en el recipiente una moneda. Cuando se disponía a alejarse, el hombre le hizo una señal para darle las gracias. Algo extraño debió de notar en la joven porque enseguida le preguntó por su procedencia y por sus ocupaciones. La joven le contestó con sencillez y sin ocultarle nada de su aventura.
El hombre entonces la invitó a escucharle. Su historia era muy sencilla. Desde hacía varios años buscaba la ocasión de marcharse de la gran ciudad para intentar encontrarse a sí mismo en una vida más sencilla lejos del ruido y de los destellos de la urbe. Todavía no lo había conseguido pero cada día lo deseaba más.
Solo fueron cinco minutos pero para la joven resultaron suficientes. El resto del día lo pasó en su residencia, sin ninguna gana de salir a la calle. A la mañana siguiente subió al mismo tren que la había traído a la ciudad. A las tres horas estaba de nuevo en su casa.
El viaje de ida y vuelta había servido para entender que el tesoro con el que había soñado lo tenía más cerca de lo que pensaba, lo poseía ella misma, estaba en su interior, en su propia persona. Desde entonces viaja a diario al interior de sí misma y descubre tesoros escondidos con los que se siente satisfecha. Cuando le hablan de sucesos extraordinarios lejos de sí misma, se queda pensativa y sonríe”.

No sé si Sara dormirá tranquila; yo sí, después de habérselo contado.

martes, 3 de diciembre de 2013

CON TODAS LAS DE LA LEY

  
Estoy afiiliado a un sindicato desde hace no sé cuántos decenios. He pagado y sigo pagando mi cuota, una cuota que sé que ahora es menor por mi condición de jubilado y que, si he de decir la verdad, no sé a cuánto asciende ni en realidad lo he sabido nunca. No tengo recuerdos de que ese sindicato me haya solucionado ningún contratiempo: será prueba de que no lo he necesitado y de que, en realidad, si he sido y soy afiliado, lo soy por testimonio más que por necesidad. Suerte que tengo y nada más. El sindicato al que estoy afiliado es, por supuesto, de los de clase. Pocas cosas entiendo más egoístas y perniciosas que un sindicato corporativo pues me parece que no es otra cosa que una empresa con cara embadurnada que se ocupa solo de sus afiliados aunque en el resto del mundo se esté produciendo una guerra nuclear. La mejor prueba es que casi todos ellos son de derechas y tienen como afiliados a gentes que llegan bien a fin de mes, cuando no son auténticos privilegiados (pilotos, maquinistas…). Bien poco les ocupa a estos sujetos si el índice de la vida sube o baja, con tal de que su convenio, y solo el suyo, se redacte con cláusulas generosas para ellos.
Pero es que los otros, los de clase, aquellos que en teoría se ocupan de todos, encajan sus demandas en una concepción social global, y son producto de una ideología determinada de izquierdas (por supuesto que son ideológicos, ¿qué iban a ser, si no, egoístas como los otros?) andan también de capa caída. Entre todos se han ocupado de matarlos para que ellos solos se mueran.
Las reformas laborales los han dejado en vanguardia, como únicos defensores de los escasísimos derechos laborales que aún se conservan y como conjuntos que gritan la necesidad de negociar en conjunto y no uno por uno y en total desigualdad con el patrono. Si ahora el trabajador no se da cuenta de la necesidad que tiene de afiliarse y de sentirse arropado por un colectivo y por una ideología social que defienda al más necesitado, esto estará herido y en la UCI para mucho tiempo y las bacterias se harán resistentes hasta comerse al enfermo.
Casi todos los medios de comunicación están en manos del dinero y de la derecha, sirven a quien sirven y no tiran piedras contra su tejado. O tal vez sí porque una vez muerto el burro… Llevan muchísimo tiempo en campaña absoluta de desprecio contra estas organizaciones sindicales y lo hacen de mil maneras: no dejando que se defiendan públicamente, destacando día a día cualquier desliz, exagerando las noticias, eliminando actividades, mofándose de las personas, mintiendo simple y llanamente… Las televisiones del TDP son un ejemplo inmejorable de ello, la emisora de la iglesia a la cabeza, como siempre. Desde su tendenciosidad tan burda y en condiciones normales, tendrían que ser, por reacción, un manantial inagotable de nuevos afiliados a los sindicatos a los que denigra. Estos, entre aquello de la aguja y los ricos, y lo del látigo del templo, si hay cielo, lo van a tener complicado para traspasar las puertas de entrada.
Falta, a pesar de todos los pesares, que son muchísimos, la actividad real de los propios sindicatos de clase. Y con frecuencia no parece la más  ejemplar. Sacar a relucir cualquier detalle y exagerarlo no quiere decir que no exista el detalle y, a veces el abuso evidente. Cuando esto se produce en tiempo de escasez, el resultado social es menos soportable.
Algo de esto es lo que ha pasado en Andalucía con la UGT. El chocolate del loro comparado con otras actuaciones, pero chocolate al fin, y ejemplo de lo que no se debe hacer nunca. Devolución de lo sustraído, condena si ha lugar y renuncia social de los responsables son las condiciones que, solo en parte, reparan el desaguisado. La renuncia de su máximo dirigente ya se ha producido, la devolución se ha de hacer si la justicia condena. Pedir perdón públicamente, si se concreta la condena, debería ser también acto exigido. Veremos. Es la mejor ayuda para exigir a los demás algo parecido.
Asuntos de este tipo debilitan conceptual y materialmente a una organización de esta clase, pero no anulan la verdad o maldad de sus fundamentos, que siguen en pie y con más necesidad que nunca en este ambiente de desamparo legal para  los más necesitados. A ver si volvemos también la mirada a esos fundamentos y los discutimos. No sé si en eso estarán también interesados los dueños de los medios de comunicación, pero sospecho que no le van a poner el mismo entusiasmo. Y, si queda tiempo, que se analice lo que comporta hacerse casi eterno en un cargo y la tendencia a las corruptelas a que invita, que tal vez ese sea uno de los fundamentos de tantas corrupciones como vemos a diario. En todos los cargos, claro, no solo en los de los demás. Porque digo yo que será parecido en los medios de comunicación, en las compañías económicas y en cualquier grupo social. Pero indagar en eso puede levantar ampollas y puede hacer aflorar consecuencias no esperadas.

Así que a la calle con todos, con los de un lado y con los de otro, al cabo de un tiempo prudencial. Los salvadores no valen nunca, pero menos si se convierten en eternos, porque les corroe la tentación de convertirse en dioses. Y luego se aprenden lo de Júpiter y actúan a su antojo. Y los pobres mortales no andamos para tanto juego macabro.

lunes, 2 de diciembre de 2013

ES NUESTRA SUMISIÓN

ES NUESTRA SUMISIÓN
Como agachar con miedo las orejas
y recibir dos ostias bien plantadas
y decir, "sí, boana, qué bien pega,
nadie lo hace mejor en toda España".

Como mirar la cena en la bandeja
servida con cubiertos de oro y plata
y no tocar ni el pan que se desprecia
en las sobras del dueño de la casa.

Es nuestra sumisión la que tolera
que todo se recorte y se suprima,
es el esclavo el que silencia y canta.

Así el tiempo contempla como aumentan
la indolencia, la abulia y la ruina

en un mundo sin ética y sin alma.

domingo, 1 de diciembre de 2013

LIFE IS A MISTAKE


Definitivamente sí. Son tantas las posibilidades y las combinaciones químicas y biológicas en el ser humano, que haber dado con esta que nos ha llevado a la realidad de la vida no puede ser interpretada sino como un milagro, como un despiste, como una equivocación, como un descuido, como una sencilla casualidad.
Pero qué despiste más hermoso, aunque sea tan desigual, tan impulsivo y tan sorprendente. Porque tal vez no haya nada definitivamente programado, por más que las consecuencias de todo lo pasado nos lleven inevitablemente a lo presente y ahora mismo estemos configurando de manera insensible lo que será el futuro. Todo eso es verdad, pero es tan confuso y tan complejo todo…, es tan lento en su proceder último y tan alejado de lo que a cada uno de nosotros aparentemente nos interesa….
Y es que, una vez conseguido el despojo de todos los despojos, el resultado de un proceso siempre inacabado, el complejo único e irrepetible, “esto que veis aquí, tan solo esto…, la enloquecida fuerza del desaliento”, habrá que hacerse a la idea de transitar por el camino de la mejor manera posible, con algún objetivo que merezca la pena y que nos aliente y nos impulse en el discurrir de cada día.
El vértice parece evidente, el camino para llegar a esa cresta, para hacer cima, tal vez no esté tan bien señalizado. Acaso porque lo más interesante no sea la cima sino el camino. Porque, ¿quién puede pensar que el vértice, el objetivo, el fin último puede ser otro distinto de aquello que llamamos felicidad? Be happy, le digo a algunos amigos cuando me despido para un tiempo largo o para un espacio ancho. ¿Hay alguna otra cosa que hacer en el mundo que no sea esa?
Lo complicado es conocer y hacer ancho el camino que nos lleve a ese estado. Nadie sabe qué es eso de la felicidad, tal vez porque no exista o porque lo único perceptible sean solo aproximaciones a esa situación; o porque la felicidad, si existe, solo sea pasajera y aparezca y desaparezca por instantes.
¿Tal vez ausencia de dolor? ¿Conciencia de no querer cambiar de estado? ¿Aceptación positiva de la comunidad? ¿Todo a la vez? Si yo lo supiera…
No obstante, sí sé que cada día tengo que lidiar con mis emociones y sentimientos. Como todos los seres humanos. Incluso un poco más que el común de ellos en esas emociones que tienen manifestación física pues me vengo abajo con demasiada facilidad. También con mis achaques, que van saliendo de su escondrijo. Incluso tengo una lista en la que los voy apuntado, como si fuera mi historial clínico. Los acojo bajo el título de Manual de Achaques. Pero vuelvo a dejar constancia de que son más universales y más acuciantes las emociones que los males y los dolores físicos. Porque todo el mundo se enfada o se contenta, juzga a los demás y se juzga, llora o ríe, se sorprende y se pone triste cada día.
Y en ello ando, en regular un poco todo ese torrente de impulsos y de reacciones que me tejen y me hacen el ser humano de cada momento.
Por ello hasta confecciono algún catálogo de principios y de comportamiento para que me sirva de conciencia y hasta de guía, aunque sé que una cosa es la teoría y otra la práctica inmediata  
Sé, por ejemplo, que ocuparse de las prevenciones, sin obsesión, es mucho más económico y productivo que curarse de las heridas; que el tiempo libre es un don casi tan preciado como el de la libertad; que no reniego del pasado pero que me esperan tiempos mejores siempre; que un buen amigo es siempre mejor que cualquier otra medicina; que la felicidad tiene nombre singular pero solo se puede conseguir en la pluralidad; que el tiempo y el espacio son mi tiempo y mi espacio, esas coordenadas en las que todo me sucede y en las que me proyecto; que sin razón no hay ser humano, pero que la intuición tiene que tener su sitio y su desarrollo; que cierta connivencia con el entorno es imprescindible para lograr estabilidad y paz; que… el mundo es una mierda pero que es también un milagro y una realidad espacio-tiempo digna de ser vivida y mejorada siempre.

Después me despierto, me enfado, me animo, me desanimo, me vuelvo a animar, me entristezco, me río, me entusiasmo, me siento casi feliz y me vuelvo a desplomar… La vida es una equivocación, pero una feliz equivocación.