jueves, 1 de febrero de 2018

BECARIOS EN EL PALACIO DE LAS DUEÑAS: UN SÍMBOLO


En medio de la tormenta que no cesa del asunto catalán -yo creo que estamos mucho peor que hace tan solo unas semanas-, escucho la noticia de que tan solo unas docenas de españoles son dueños de más del 4% de la riqueza nacional. Y, al lado de ello, sigue todo lo de los escándalos judiciales, la parada en las pensiones, los trabajos precarios…, y hasta el invierno que parece querer recrudecerse en estos días.
Después hay otros hechos que resultan sintomáticos por lo simbólicos, pero que, al ser de menor cuantía, ni entran en las preocupaciones, o, si lo hacen, son fogonazos que se apagan como los fuegos artificiales al final de unas fiestas.
Me entero de que la casa de Alba quiere contratar dos becarios, especialistas (universitarios) en asuntos agrícolas y de jardín, sin sueldo y por unos meses, para el arreglo de su palacio de las Dueñas, aquel en el que nació el poeta don Antonio Machado, en Sevilla. La fortuna de esta familia se cifra en varios miles de millones de euros.
Los comentaristas se extrañaban en sus comentarios, y yo me extrañaba, una vez más, de que ellos se extrañaran. Pero, ¿qué hace todo el que puede en las mismas circunstancias? ¡Si al que no lo hace lo llaman tonto! Los medios de comunicación en los que daban y comentaban la noticia están llenos de becarios sin paga y con horarios casi infinitos, y lo mismo un número elevadísimo de empresas. NO ESTÁN FUERA DE LA LEY. Ni de forrarse con ella tampoco.
Y, sin embargo, los llamamos de todo. Y con razón, pero con ignorancia. ¿Por qué? Porque acudimos a la ética y no a la ley. Y, amigos míos, eso de la ética está bien y es imprescindible para la existencia de ciudadanos leales y honrados (nunca renunciaré a ella ni me apeo de los imperativos categóricos de Kant); pero tenemos que discutir si es anterior, coetánea o posterior a la ley; y hasta dónde podemos y debemos exigirla.
Lo que tenemos que cambiar es EL SISTEMA que les permite estos desaguisados escandalosos y dejar para un segundo orden la posibilidad de que cada persona añada su carga ética o de vergüenza torera en las situaciones individuales. Si no, corremos el riesgo -a la vista están las pruebas- de que, encima de explotadores, se rían de nosotros y hasta nos inviten a una cerveza para que se lo agradezcamos.
Este sistema produce monstruos, ciudadanos desiguales hasta límites insoportables y situaciones que son un bofetón en cualquier cara y mente decentes. La llamada crisis ha venido a jibarizar a la clase media y a dar alas a los pocos que ya formaban parte de los elegidos; además, los grupos más necesitados se han vuelto más necesitados y mayores en número.

No deberíamos escandalizarnos tanto de hechos aislados sino de lo que simbolizan y de los sistemas que los permiten y hasta los justifican. Podemos caer en el error de criticar lo que, por otro lado, estamos permitiendo. Y así seremos siempre becarios de la casa de Alba o de cualquier otra casa en la que suenen las monedas en abundancia.

miércoles, 31 de enero de 2018

BUSCO LA LIBERTAD


BUSCO LA LIBERTAD Y NO LA ENCUENTRO

Persigo los momentos de plena libertad
y apenas si consigo siquiera imaginarlos.
Cuando lo he conseguido -raras veces-,
me noto despojado de mí mismo,
de aquello que me anima y me conforma
delante de los otros,
y todo es desnudez, luz, transparencia,
impulso y movimiento. Lo inconsciente
se viste de domingo y se revela altivo,
con la fuerza tenaz de lo consciente,
y todo lo contrario se evidencia
con lo que andaba atado a la costumbre,
a aquello que era ley y era precepto
en el espacio y tiempo que me habitan.
Pero, en verdad, si quiero ser sincero,
no puedo asegurar si en ese instante
soy libre de verdad o soy esclavo
de leyes semejantes o distintas.

Me falta certidumbre, lucidez,
vivo en eterna duda,
presiento la verdad y la despido
y al fin son todo esposas, son cadenas

en cualquier territorio en que me asiento. 

martes, 30 de enero de 2018

EL CALLEJÓN DEL GATO


Valle Inclán hizo famosos los espejos del Callejón del Gato en sus no menos célebres esperpentos, esa presentación descarnada de la realidad de su tiempo. Allí siguen existiendo plantados los espejos -aunque no sean los mismos-, para distracción y para comprobación inmediata en cada uno de los que a ellos se asoman de que su figura se alarga o se encoge, se agranda o se aminora, según la perspectiva y el ángulo de luz.
Me sigue pareciendo una metáfora feliz de la distorsionada realidad que vive esta piel de toro que llamamos España, que ya no sé si llamarla toro, buey o vaquilla; o acaso mezcla de los tres pues para todo sirve y para nada encaja. Todo se despelleja y todo se trocea, como si una fuerza centrífuga bajada del misterio empujara con furia hacia ninguna parte. Ya ni el nombre concita la concordia y parece que huimos de él para diluirlo en el Estado y otros nombres que eviten la vergüenza y el contagio. Qué pena.
La imagino mirándose son calma en el espejo y dándose de bruces repetidas contra el cristal de enfrente. Y no la acabo de ver como toro bravo que empuja con nobleza y arremete contra el rojo mandil de la injusticia. Pero tampoco sé si como buey que amansa su mirada contra el suelo y vela el horizonte, quedándose en la calma, como lelo, dejándose pegar y dándose tan solo a la costumbre. Me semeja mejor una vaquilla, toreada por todos, acudiendo perdida al engaño continuo, apaleada por todos, aturdida y exhausta, con ganas de tenderse sobre suelo y dejarse perder en el olvido.
No soy hombre de toros ni me gusta la realidad cambiada y retorcida. Pero hoy miro la estampa del Callejón del Gato y veo todo deforme y alterado, con fuerzas que se enfrentan y no se dan la mano, con argucias al plato en el menú del día, con tretas que persiguen sacar mejor tajada. Es la ley que se va de vacaciones, es comprobar la grieta de todo el sistema de pesas y medidas, es jugárselo todo a par y rojo en la ruleta rusa del egoísmo, es no ordenar la calma y el sosiego, es deformarlo todo y verse hecho un fantasma y un guiñapo, es marcharse de allí con el hastío y un poso de impotencia y de tristeza.

¿No habrá de renacer otra esperanza de nueva primavera? 

lunes, 29 de enero de 2018

DÍAS


DÍAS

Días de sol y nubes, y de escarcha,
no solo en las aceras o en los prados;
días de buenos días y de palabras
que pierden su calor por el camino;
días de repetir hola y adiós,
como un acto sin más hecho costumbre;
días en los que duerme la sorpresa
y todo es abandono y apatía;
días en los que el tiempo se desgasta
sin orden ni sentido, simplemente
rodando sin un rumbo conocido;
días de que vaya bien, de buenas noches,
cuando el reloj no late y hay vacío;
días de pan llevar y de dejarse
sin nada que guardar para otro día…

Días en los que tú vienes a verme,
me miras, me recuerdas, me transformas,
me invitas a vivir, como si todo

fuera por fin a ser lo que no ha sido.  

viernes, 26 de enero de 2018

EL MUNDO SE CONTIENE EN NUESTROS GESTOS

EL MUNDO SE CONTIENE EN NUESTROS GESTOS

El mundo se contiene en nuestros gestos
y solo somos eso que mostramos.
Un aplauso encendido, la mirada
buscando la certeza de otros ojos,
las cejas arqueadas, como olas   
que sueñan la caricia de las playas;
los brazos extendidos y las manos
que anhelan la presencia de otras manos;
o ese dejarse ir de todo el cuerpo
hacia la dejadez y el abandono.

Espero tu venida y ando alerta
para ver si me miras y te miro,
y en ese dulce encuentro no me ciega

sentir tu plenitud en mi mirada.

jueves, 25 de enero de 2018

LA CASA ENCENDIDA


Sobre un altozano y a la vista de todo el que quisiera mirar, se alzaba la casa recién terminada. Apenas le faltaban los arreglos del jardín: tan solo unos rosales tiernos y el césped ya nacido. Lo demás era oro a mediodía y luz radiante cuando, al atardecer, el sol reverberaba en las paredes.
Poco a poco lo fue llenando el aire, una brisa que tomó para ella las habitaciones más al norte. En ellas se escondía cuando no tenía encargos y la calma era todo. Al amanecer solía salir de paseo, a orear y dar vida a los contornos y a fustigar el parón en el que la nada era la reina y la armonía.
La lluvia fue el siguiente huésped de la casa. Llegó con la mañana, en un día gris de otoño. Asomó por el cerro y anunció su presencia con calma y con sosiego, con gotas diminutas y constantes. Después se desató en tormenta furiosa y asustante; todo la contempló como sin fuerza para reaccionar ante su golpeteo insistente. Naturalmente, se hizo dueña del piso superior y de los sótanos. Algunas noches se la oía discutir consigo misma, golpeando sin tregua el piso.
Después llegó la soledad y con ella el miedo. Vino con velo negro y al amparo de las últimas luces de la tarde. No traía acompañantes y caminaba lenta y en silencio. Nadie salió a su encuentro y los pájaros cesaron en sus cantos cuando la vieron cerca. Entró por la puerta del garaje y ni siquiera empujó la cancela. Se instaló en el piso principal, pero pronto recorrió todos los rincones ahuyentando todo y separando espacios.
Con el paso de los días y de los meses, fueron llegando huéspedes al interior de la casa solitaria. Llegaron crucifijos, maletas vacías, puertas que se almacenaban en el jardín, algunos cuadros, y un loro que cantaba a todas horas una sinfonía ronca y huraña. 
Cuando llegué yo paseando, pensé que allí había de encontrarme con algún vecino nuevo que podría satisfacer mi necesidad de compañía. Atravesé el jardín y me detuve a contemplar la luz de la fachada. Después llamé a la puerta y me respondió el silencio. Levanté la mirada hacia lo alto y del tejado se descolgaron muchas gotas de lluvia como si fueran lágrimas de un lloro celestial. De repente, se movió el aire y salió por las ventanas a darme su saludo y a invitarme a pasar hasta los aposentos de la casa. Dentro solo encontré el silencio y un calendario roto por su primera página.
El tiempo, pensé, ¿dónde está el tiempo, que ordena la postura de los objetos y los hace cambiantes y precisos, que nos enseña en ellas que somos nosotros y solo nosotros la única medida de las cosas?

Del fondo de la sala, rompió un rumor y un eco. Era la voz de alguien que venía a dar sentido al tiempo. El eco sonaba a tu palabra, al sabor de tu saliva y a tus labios. Acaso fueras tú, pero cruzaste con presura y desapareciste. La casa se encendió, el aire y el agua bailaron por la tarde en el jardín. La soledad dejó sus aposentos y decidí quedarme para entender si el eco era algo cierto y en sus notas podía descansar de mi fatiga.

miércoles, 24 de enero de 2018

PALABRAS PARA UN VOCABULARIO UNIVERSAL


A diario rebusco entre las páginas de varios diccionarios: generales, de sinónimos, de antónimos… Hay en ellos como una gran reserva que, en tiempo de sequía, puede desembalsar y formar riego, frescura y abundancia. A veces, juego a formar familias y racimos con todas las que apuntan hacia un mismo principio, con las que poseen la misma carga genética. Y hay que ver cómo se engarzan unas con otras y cómo un trocito de realidad se encaja en sus celdillas hasta quedar presa en ellas. Es un juego de magia y de sorpresas.
Sin embargo, el vocabulario de cada día se reduce hasta límites muy pobres y la recurrencia a los mismos vocablos se vuelve fuente que mana y mana la misma agua. La vida es muy variada e infinita en sus posibilidades; no obstante, nosotros nos acercamos a ella con herramientas grandes y no la desbrozamos demasiado: somos bastante groseros (de gruesos) y perfilamos poco. En realidad (los estudios están hechos), depende de la capacidad de cada uno, pero no son muchas las palabras que utilizamos normalmente.
Sería tal vez curioso que cada uno anotara su propio vocabulario para ver de qué modo se asoma a la profusa realidad del mundo y de las cosas.
Esto en cuanto a las formas. Pero, ¿y los conceptos? ¿Cuáles son esas palabras y conceptos básicos que componen nuestra escala de valores, aquellos que nos quedan si limáramos aristas y coláramos jugos?
Anotaré unas cuantas palabras por orden alfabético. No sé si son las únicas, ni siquiera si son las más importantes; pero tengo la certeza de que, para mí sí son muy importantes:
a)      Alma, amor, amistad…
b)      Bondad, belleza…
c)      Cultura, cerebro, conciencia…
d)      Diálogo, dios, dolor, duda…
e)      Educación, enfermedad, ética…
f)       Familia, felicidad, futuro…
g)      Guerra…
h)      Hijos, hombre, humanidad…
i)        Idea, inteligencia, igualdad…
j)        Justicia, juventud…
k)     
l)        Libertad, libros…
m)   Matrimonio, miedo, moral, madre, mujer, música…
n)      Niños, naturaleza, nación…
o)      Opinión, odio…
p)      Palabra, padre, paz, persona, pobreza, política, poesía…
q)     
r)       Razón, realidad, riqueza…
s)       Sabiduría, silencio, soledad, salud, sexo…
t)       Tiempo, trabajo, tolerancia…
u)      Utopía…
v)      Violencia, vida, vejez, verdad…
w)   
x)     
y)      Yo…
z)      

Algunos apartados se me caen de las manos y se me quedan en silencio, otros me llaman a voces para hacerlos más extensos. No está mal así. Sospecho que un análisis tranquilo de cada palabra me dibujaría un mundo en el que me muevo con más o menos acierto y con más o menos tino. Cada una produce un racimo de ricas cerezas para saborear pensando. Las uso y las usamos. No sé con qué conciencia y resultado. Tal vez haya que sentarse a dialogar con ellas. Y ellas con nosotros. Ya veremos.