lunes, 30 de septiembre de 2013

HOY ME ABRAZA LA VIDA

HOY ME ABRAZA LA VIDA
De nuevo estoy sentado en esta piedra
que adorna las esquinas del camino,
y noto en mis contornos
que me abraza la vida con el dulce
sabor de sus espejos.
Hay cálidos espacios que me pertenecen
y tiempos en los que casi entiendo
por qué la luz es luz
y por qué a los horarios de la tarde
les siguen otras tardes y otras tardes
con la simpleza y el consentimiento
de lo que nunca exige su sentido.

Hay ecos y recuerdos
de todo lo pasado y lo vivido,
como si todo fuera un río eterno
colmado por las lluvias
que dejan en la orilla las espumas
y el latido ya gris de viejas voces

También hay sueños rotos y perdidos
de lo que quiso ser y se quedó en la huella
del dolor, la derrota y el fracaso:
estas derrotas duelen
cuando son para siempre
y exigen caminar a ras de tierra,
con los pasos contados,
los límites precisos, la certeza
de que lo eterno es solo un desvarío.

Pero yo soy la vida, sigo siendo
la posibilidad de amar,
de ser agradecido, de sentirme
agotado pero erguido, de abrazarme
a este mundo fugaz que me rodea,
a los humildes signos que me anuncian
lo hermoso de vivir.

Aunque me habite
un corazón cansado,
que late sin parar hasta que el tiempo
decida que ya es hora

del descanso final y del olvido.

viernes, 27 de septiembre de 2013

PERSONAL SHOPPER



La vida es una carrera interminable de relevos, o de sucesos que se reinventan para no morir en brazos de la monotonía. Cuando vienen mal dadas, el ser humano se apaña con  lo que puede con tal de salir a flote y no ahogarse en el mar de las repeticiones. Sin embargo, hay modificaciones que a uno le dejan como de un aire y en la duda de si es absolutamente imbécil o es que alguno de sus semejantes ha abandonado hasta la matrícula en el preescolar de los preescolares.
El asunto no tendría más importancia si se tratara de un hecho aislado; incluso hasta se podría tildar de ingenioso y de intento de buen humor. Lo peor de todo esto es que las setas aparecen por todas partes, las epidemias de tontería se reproducen por sí mismas y las plagas de estulticia son más intensas que las de Egipto.
Hemos llegado hasta el punto de que la especialización se convierte en atosigante y la etiqueta y la titulitis se han transformado en el marchamo de la propia vida. Aquí ya casi no se habla del razonamiento y del sentido común, sino de los estudios de parcelas que uno tenía entendido que se adquirían en el desarrollo normal de la vida y en la aplicación de las cuatro reglas. Pues nada de nada, hay que estar titulado en el asunto equis para poder salir a la calle. Así se van propiciando nuevas parcelas laborales y el que anda espabilado y coge el primer vagón incluso hasta puede que consiga un puesto de trabajo especializado en vete a saber qué.
Escuché hace solo unos días el anuncio de una academia madrileña que invitaba a los oyentes a matricularse en un curso de PERSONAL SHOPPER. Me hacían chiribitas los ojos y me pellizcaba por si había perdido la conciencia. Rebusqué en mis conocimientos de inglés y aquello me salía algo así como COMPRADOR PERSONAL. O sea, que había que hacer un curso  bendecido por todas las aguas benditas del poder ministerial para poder ejercer de algo así como de NIÑO, VETE A HACERME LA COMPRA.
Cuando era niño, aprendí en mi pueblo a ir a buscar el pan a la tahona. Tía Tilde me lo daba no sin antes hacer la correspondiente mella en el palo, según el pan fuera grande o chico. El pago se hacía cuando se podía, pero la señal era ya indeleble en el palo de madera. Con el palo mellado y con el pan volvía tan contento para mi casa. Y nunca hice un curso de PERSONBAL SHOPPER en CCC. Y qué rico estaba el pan cunado se encetaba calentito. Si me hubiera dado por ir con mi papelito de personal shopper, tía Tilde me habría tirado por el puente. Y habría tenido toda la razón para hacerlo.
Hoy, cuando más necesidades hay y más hay que mirar qué productos son los que van a la cesta de la compra, parece que hay que titularse para poder ir al Mercadona. Vaya por dios.

Cuánto bobo por el mundo. Y cuánto esfuerzo derrochado en nombre de la tontería. Y solo es una gota en medio de la lluvia. Y hoy, por cierto llueve. Ya era hora. 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

MONTE ARRIBA Y ABAJO

MONTE ARRIBA Y ABAJO
Hoy cantan para mí
la soledad del bosque y su silencio.
No llegan hasta aquí ni los indicios
de tanta voz perdida en las disputas
que pueblan las ciudades y sus calles.

Aquí el tiempo es más tiempo,
se asume que domina la impotencia,
se desligan los nudos
de lo que se reitera en la inquietud,
y todo es ya sosiego y es reposo.

La voz aquí no existe
-es música callada la del bosque-
y yo soy dueño aquí del abandono,
y la quietud se posa en los senderos;
apenas una brisa se despista
para mover las ramas de los árboles.

Aquí dejo mi cuerpo descuidado
para que el sol lo dore y lo conforme
como fruto del barro y del olvido.

Después, no sé bien cuándo,
 vuelvo a la dura senda de mis sueños,
respiro con impulso el aire del vacío,
recupero el recuerdo
de todo lo real que ya he vivido
y vuelvo hacia la angustia, monte abajo,

con el eco encendido del bosque y su silencio.

martes, 24 de septiembre de 2013

LÁGRIMAS EN LA LLUVIA

                   
No sé por qué extraña influencia sigo diciendo con frecuencia que detrás de toda gran obra tiene que haber una gran persona. Me cuesta separar una cosa de la otra. Pero no sé si no es más un deseo que una realidad.
Hace solo unos días me visitaban unos emisarios de una de las editoriales más importantes de este país. Me presté (debía de tener un mal día) a una encuesta rápida en la que me pedían opinión acerca de algunos escritores. Lo hacían, más en concreto, acerca de nuestro último premio nobel. Enseguida torcí el hocico y contesté separando su obra de su persona. Los encuestadores me confirmaron que esa misma respuesta la habían recibido en otros lugares, pero que ellos preguntaban por el escritor, no por la persona; y yo tuve que hacer un ejercicio improvisado de freno y marcha atrás. Seguramente me comporté así por dos razones. La primera es la que me enseña que algunos de mis autores favoritos son aquellos en los que sí se desarrollan en paralelo la vida del autor y sus propias obras: Machado, Lorca, Miguel Hernández… En estos casos seguramente también me deje llevar por el lado de la alabanza, restándole lugar al criterio más sosegado y sereno. La segunda porque, con el paso del tiempo, la obra permanecerá y la persona perderá contorno en la distancia.
He leído la semana pasada una novela de un autor con el que me sucede otro tanto. Se trata de Juan Manuel de Prada. La novela es “Las esquinas del aire”. Es una obra que tiene ya trece años pues fue publicada en el año 2000. Tal vez debía haberla leído antes. Es posible, pero esto me importa muy poco: hay tantas obras que no leeré nunca…
Esta persona se ha convertido en un personaje público que actúa ante los demás casi a diario y que me parece que representa un mundo y un esquema de ideas que no comparto en casi nada. Por si fuera poco, se ha instalado en los contextos más rancios de esta sociedad mediática tan casposa como la española. En fin, que no es santo de mi devoción como divulgador de ideas.
No me sucede lo mismo como escritor. Todo lo que he leído de él me parece que lleva el impulso de un muy buen autor, pues es dueño de una prosa y de una imaginación absolutamente especiales.
En una novela de casi 600 páginas es inevitable que algunas notas desafinen un poco en el global de la sinfonía (siempre según la opinión del lector, que puede a su vez estar equivocado), pero el conjunto me parece sobresaliente. Sobre todo en el léxico y en las imágenes. Ya me subyugaron en sus primeras obras y en esta me siguen llamando mucho la atención. En aquellas primeras obras llegué hasta a dudar de que una persona tan joven pudiera tener un dominio tan minucioso del idioma en el que se expresaba. Después no ha hecho otra cosa que confirmar que las sospechas no tenían ningún sentido y eran sencillamente retóricas.
Especialmente sabrosas son para mí las variadísimas descripciones de todo tipo con las que se salpica el libro. Copio aquí una de las primeras: “Nada más trasponer el umbral, había que sortear un desnivel que era casi un socavón en mitad de aquel vestíbulo sin luz, lóbrego como un pudridero. Martel emergía de la sombra como un cadáver vertical, con la piel de pergamino que se le atirantaba en las sienes, hasta hacerse traslúcida y mostrar el ramaje yerto de las venas, por las que seguramente ya no fluía la sangre. El cabello le raleaba en la coronilla y se desplomaba sobre la frente como una tela de araña que hubiese olvidado las leyes de la geometría. Tenía un parecido pavoroso con el actor Peter Cushing, pero con un Peter Cushing prófugo del sol y ya decantado hacia ultratumba: las facciones aquilinas, los labios afilados y exangües, la nariz como una quilla obstinada y los pómulos muy pronunciados, denunciando coquetamente la calavera. Era el rostro de un intrigante jubilado y exhausto, uno de esos rostros capaces donde la avaricia ha esculpido sus líneas, aunque con la edad sus facciones se habían afinado, disfrazándose de ascetismo, incluso de un cierto ascetismo afable. Vestía un batín de moaré, pero las aguas de la tela habían quedado ocultas bajo la marea de la mugre, que espejeaba como el ala de una mosca. El mobiliario y la decoración de la casona tenían el mismo aire ajado que su batín, al misma infecciosa decrepitud, agravada por la humedad.” Pg. 20-21.
Buen ejercicio para analizar, para imitar, para comentar.
Toda la obra está salpicada de expresiones, metáforas, comparaciones y otros fenómenos literarios, tantos que la convierten en un museo inagotable para el lector: ojos minerales; introducir un cesura en su monólogo; la risa se le quedó atrapada en las encías; su cuerpo era un pellejo tapizando sus huesos; la luz parecía enferma de lipotimia; una polvareda casi comestible; el Museo del Prado, ese hangar para turistas; la piel atezada por el hábito de la intemperie; una incipiente luz tanteaba ya los contornos de las cosas; la cama disparó la alarma del somier como si estuviese denunciando un adulterio; me sentaba junto a la cabecera para escuchar el estribillo de su sueño; su ojo viudo; el fútbol ya empezaba a ser lo que ahora es, un páramo cultural y una escuela de gregarismo; el oro de la gloria y el calderillo del éxito; el cielo tenía una calidad de esmalte, y el sol moría crucificado en su cenit, desangrándose con una tibieza casi otoñal; quizá escribir no consista en otra cosa que en invocar lo que nos falta; la noche se derrumbaba en la ventana como un catafalco de tinta; sus labios se fueron desgastando a medida que se fueron vaciando de palabras; mis ojos sembraban sueños en el mar; ebria de viento y morena de nieve; el dinero, ese sórdido papel donde se estampa la avaricia; dispuesto a modelar el mundo con el torno de la voluntad; la lluvia, aquella salmodia líquida; me fui hundiendo en una vorágine de incuria y envilecimiento, como quien acata plácidamente un moroso circunloquio del suicidio; la atención, esa limosna de la cortesía; estos momentos se pierden en el tiempo, como lágrimas en la lluvia…” Y tantos más. Espero adueñarme de algunas imágenes.
Hay quien opina que la lectura se hace así un poco más difícil para el lector medio. Yo afirmo que de esta manera el rato se convierte en un manjar sabroso y escogido.
Después están la trama, el orden de los capítulos, la extensión, la trabazón, es desarrollo de los personajes, la construcción de todo el edificio.

Por cierto, confesaré también mi desconocimiento de la poetisa Ana María Martínez Sagi, pretexto y fundamento a la vez de toda la novela. Es tanto y tanto lo que desconozco.

lunes, 23 de septiembre de 2013

EL ARTE DEL INGENIO


De vez en cuando me llegan correos de esos que andan por el aire  y que vuelan desde un aeropuerto particular y desconocido hasta extenderse y hacerse de todos. Algo parecido a lo que ocurría con los romances de antaño. Recojo este porque creo que intenta ser resumen de la situación actual y por el ingenio que destila. Por lo demás, me parece que le faltan mil perfiles y aclaraciones, por lo que, si no se atenúa su significado, se incurre en el pecado de la demagogia. Cada cual sabrá qué tiene que hacer.

“Si es usted jubilado y el Gobierno le dice:
- Que le sube los impuestos.
- Que tendrá que pagar por las consultas médicas.
- Que ya no puede haber ayudas sociales o para la dependencia.
- Que ya no hay una plaza en una Residencia pública para usted.
 ¿Qué hacer? ¿No le llega su pensión? No se desespere. Los jubilados tenemos un plan:
 - Cada ciudadano de más de 65 años deberá comprar una pistola y 4 balas.
- Se le permitirá disparar a 4 políticos.
- No es necesario matarlos, aunque ya puestos no habría que desperdiciar munición.
 Naturalmente, esta circunstancia le enviará a prisión, donde usted tendrá:
 - Régimen de pensión completa: tres comidas al día, techo calefacción central…
- Seguirá cobrando su pensión.
- Derecho de vis a vis una vez a la semana. Le visitarán sus familiares lo mismo que hasta ahora.
- Todos los cuidados y consultas médicas gratuitas que requiera.
- ¿Dentadura nueva? Dicho y hecho, ¿Gafas? Genial, ¿Una cadera nueva, rodillas, lo que sea? Sin problemas.
- Gimnasio, sala de juegos e Internet gratis.
- Todo cubierto. Sin costes, sin impuestos.
 ¿Y quién le pagará todo esto? El Gobierno. El mismo Gobierno que le dijo que:
 - Que le tenía que subir los impuestos.
- Que tendría que pagar por las consultas médicas.
- Que ya no podría haber ayudas sociales para usted.
- Que ya no podía ofrecerle una plaza en una Residencia pública para usted.
 Usted solo deberá preocuparse de invertir bien su pensión para cuando salga… que según las leyes de nuestro país y como usted tan solo ha matado a alguien… será muy pronto.

 Este país es genial... ¿o no?”

jueves, 19 de septiembre de 2013

¿CÓMO NO LO HE DE SER?


¿CÓMO NO LO HE DE SER?
“Abuelo, tú, cuando me ves, eres feliz”
 (Palabras de mi nieta Sara, cuatro años)

¿Cómo no lo he de ser si tú lo dices
y lo quieres también, si tú me hieres
con la más dulce herida, si tu voz
es bastante armonía para acallar al viento
y entender que las cosas se coronan
cuando tú las convocas
con el reclamo azul de tu palabra?

¿Es posible no serlo si nos miras
y dejas en nosotros la hermosura
tan solo con mirarnos
desde el don especial de tus pupilas?

¿Cómo no lo he de ser si con tu ayuda
ganamos siempre todas las batallas,
si, a mis hombros, cabalgas
como esbelto jinete y alcanzamos
la meta en el dominio de las risas,
si te estrecho en mis brazos y descubro
que el mundo cabe todo en ese abrazo?

¿Cómo no lo he de ser si tú te ofreces
blanca como la luz del mediodía,
portadora de toda la inocencia,
la sencillez y el gozo de tus cuatro años?

Soy feliz con el don de tu presencia,
con el dulce regalo del olvido
del resto de las cosas, con el blanco
sabor de tus palabras,
tan solo con saber que tú me nombras
y me acoges tranquilo y satisfecho
cerca de tu recuerdo.
Lo demás se ha marchado

por el camino incierto de la tarde.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

ESPAÑA EN SUS CONTRASTES


Siempre he pensado - lo he dicho y escrito muchas veces- que este es un país de extremos: de calores para no quitarse la gorra y de fríos para no quitarse el abrigo, de playas abarrotadas y páramos vacíos, de pueblos  sin control en verano y de ciudades sin un ruido en invierno, de colas del paro engordadas en otoño y de extrañas esperanzas de trabajos temporales en el buen tiempo, de fans de charanga y pandereta y de cascarrabias pensantes que no saben cómo leches convivir con los de al lado y sus costumbres. Hasta toponímicamente ha cuajado lo de los extremos en la Extremadura como extremos del Duero.
Cualquier día está lleno de noticias que abonan este hecho del contraste y de los extremos en la piel de toro. Hoy leo estas dos: a) Muere Martín (o Martí) de Riquer, un reconocidísimo sabio y erudito en el mundo de Cervantes y de la Edad Media, maestro de filólogos y de todo aquel que se haya acercado al mundo de la literatura. Yo lo asocio sobre todo al mundo del Quijote, del que sabía, si se me permite, tal vez demasiadas cosas. b) Torneo del toro de la Vega: imágenes del espectáculo en el que cada año se da muerte a un toro por parte de gente con lanzas de acero.
Son solo dos ejemplos de lo que sucede cada día en esta piel de toro en la que una parte cornea y otra se sube a lomos del animal para otear el horizonte y tratar de dar vida al futuro. Y lo del toro de la Vega no es más que una versión macabra del esquema pobre y simplón en el que nos movemos por estos pagos: procesión, toros y verbena.
Yo he nacido en un hermoso pueblo en el que se mantiene la tradición de “correr los gallos”. Sé que no se puede eliminar de un plumazo lo que se viene repitiendo desde hace muchos años, y sé también que las costumbres de las comunidades hay que tratar de explicarlas y de contextualizarlas para que puedan ser comprendidas. Pero eso no debería evitar que las tendencias apunten hacia el final correcto y razonable. Y, sobre todo, no deberíamos confundir que una cosa es explicar un fenómeno y otra muy distinta es justificarlo y hasta aplaudirlo.
En todo caso, volvemos a la España de Frascuelo y de María, a la España de charanga y pandereta y del macho alfa como jefe visual de la manada. Y, además, en la versión más instintiva y animal.
Pero al lado de esta España hay otra que piensa y razona, que analiza el pasado y hace prospecciones hacia el futuro, que aspira a alzar su vista hacia otro día más allá de este día, que sabe que el ser humano es capaz de algo más que asistir al circo y a llenar el estómago.

En esa España vivía Martín de Riquer. En esa España me gustaría vivir también a mí.