«QUE POR MAYO ERA, POR MAYO»
«Que por mayo era, por mayo…». Como en todos
los relatos, el tiempo pasado es el que te recuerda con nostalgia que «cualquier
tiempo pasado fue mejor», aunque la realidad es que cualquier tiempo pasado fue
simplemente… anterior.
Ni siquiera en los últimos suspiros del
franquismo me gustaban las manifestaciones, por más que, en aquellas
circunstancias, la presencia en las mismas se hacía necesaria, sobre todo para los
que formábamos en los grupos de estudiantes universitarios. Después, los años
me han llevado a la participación en otras manifestaciones diversas, claro;
pero nunca he sido un entusiasta de las mismas: no me gustan demasiado las aglomeraciones
porque los sentimientos y los impulsos se desparraman enseguida.
Sin embargo, desde siempre me recuerdo
asistiendo a la manifestación del primero de mayo. En ella se resumen, a mi
juicio, casi todas las demás porque se actualizan las principales reivindicaciones
de las clases trabajadoras. Casi siempre tienen que ver con demandas salariales
y de condiciones de trabajo. El logro de estas peticiones es, según pienso, la
base de todas las demás condiciones para una sociedad más justa e igualitaria.
Debo confesar que en ellas me he sentido más a gusto, por ejemplo, que en las protestas que
afectaban a mi gremio de funcionarios de la enseñanza.
Sin embargo, este año no ha habido
manifestación de primero de mayo en Béjar. No conozco las razones por las que los
sindicatos de clase no la han convocado, pero me temo que no habrá sido ninguna
razón de tipo casual y no descarto que esta falta de convocatoria se pueda
reproducir en años sucesivos. Espero sus explicaciones.
El asunto da para alzar la mirada y extenderla
algo más lejos. ¿Cuántas manifestaciones se han producido en España este año y
cuántas el año pasado? ¿Cuál ha sido el número de asistentes este año y cuál el
anterior? ¿La afiliación sindical crece, decrece o se halla estancada? ¿Qué
visión tienen los ciudadanos de los sindicatos en tiempos en que gobierna la izquierda
y cuál en los que gobierna la derecha? ¿Qué importancia tienen, en afiliación y
en influencia, los sindicatos corporativos, que solo defienden intereses profesionales?
¿Tienen que ser ideológicos claramente los sindicatos? ¿Tienen que manifestar
públicamente su ideología los sindicatos? ¿Cuáles son los principales errores
de los sindicatos de clase?
Estas y otras preguntas deberían llevar a la
reflexión a todos: a las cúpulas sindicales, a los afiliados, a los no afiliados
y a los ciudadanos en general.
A pesar de mis muchas reservas, sigo
convencido de que una sociedad es mucho más justa con unas organizaciones
sindicales de clase fuertes, también con ideologías definidas públicas (aunque
su labor sea la propiamente laboral y sindical). ¿Con qué convicción se puede
defender, si no, una actuación que repercute de una manera o de otra en toda la
sociedad? Me parecen, por el contrario, más pobres y desiguales las sociedades con
sindicatos corporativos, egoístas por definición y defensores solo de sus
parcelas de poder y únicamente de sus afiliados.
El calendario está lleno de celebraciones con
el marbete de «día de…». Este del primero de mayo resume la base en la que se
apoyan casi todas las demás reivindicaciones y adelantos para una sociedad
menos injusta y es como el rescoldo que queda para no perder la esperanza en
prender otra ver la llama de la igualdad de oportunidades.
«Que por mayo ERA, por mayo…».
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