martes, 23 de enero de 2018

OTRAS RAZONES


OTRAS RAZONES

En tiempo de aflicción no existe ciencia
que sepa terminar los silogismos.

El corazón es sístole y diástole,
volumen al compás de tres por cuatro.
Pero no siempre duele al mismo ritmo
ni quiere acompasar los sentimientos.
Lo dijo ya el filósofo
 en ocasión exacta:
Esconde el corazón tales razones
que la razón no entiende.

Hoy noto el corazón en su trabajo

y no sé razonar, solo sufrirlo. 

lunes, 22 de enero de 2018

NO QUIERO QUE ME PUEDA LA COSTUMBRE


NO QUIERO QUE ME PUEDA LA COSTUMBRE

Es el camino y es la incertidumbre
lo que guarda completa la energía.
Es el variable aspecto de las horas,
la nube que se mueve allá en el cielo
sin tener nada claro su destino,
ese echar paso a paso en la mañana,
dejándose llevar por la fortuna,
sentir que te saluda y te acaricia
ese sol tibio y niño,
o es salir a sembrar tras el arado
y hender la tierra y descubrir el surco
dispuesto para el grano.

Todo es enigma, intriga y esperanza.

Pero llega el momento del milagro
y todo se hace gris, se desvanece
en cuanto se descubre y se conoce.
Lo que estaba esperando es ahora nada:
como un suceso más sin importancia,
se encaja entre la piel y se almacena
donde todo es costumbre y es rutina.

No sé si los caminos de tu ausencia
se harán también costumbre:
hay heridas que duelen con más fuerza
cuando son más seguras

y están ya dando golpes en la puerta. 

viernes, 19 de enero de 2018

DICEN QUE LA DISTANCIA...


DICEN QUE LA DISTANCIA…

Cuando la luz se aleja con la tarde,
¿qué mensaje nos deja entre las sombras?
Cuando las olas vuelven de regreso
en busca de la calma, mar adentro,
¿cómo leer la espuma en las arenas?
Cuando tú voz se aleja y queda un eco
más leve que el murmullo en mis oídos,
¿cómo entender la causa de tu ausencia?


¿Es la distancia anuncio del olvido?

jueves, 18 de enero de 2018

VOLVAMOS A LOS PRINCIPIOS


En pleno siglo veintiuno andamos aún rompiéndonos la cabeza para encontrar espacios delimitados en los que tratar de organizar socialmente la vida de las comunidades. Tal sucede incluso en el país más antiguo de Europa, esta vieja piel de toro llamada España. Y esas energías propias o extrañas nos quitan del espejo las otras variables que, de no suceder eso, deberían ser el frontis en el que mirarnos y desde el que tratar de desarrollar esos ejes esenciales. Yo siento que mi vida se me ha ido entre los sinsentidos de la banda de gudaris que no parece haber salido aún de las cavernas, y esta otra obstinación en señalar sujetos de soberanía distintos a los que señala nuestra ley de leyes (eso son fundamentalmente los nacionalismos). Estoy hasta el cogote y más arriba de ello; creo que mi vida vale algo más y no puedo comprender que todo haya que jugarlo a esta carta del enfrentamiento. Y mucho menos cuando el que quiere retirarse de la mesa común es el rico y el más pudiente: en la economía, porque es real; en la inteligencia, porque se predica y se anuncia como si de mesías se tratara. Qué barbaridad.
A mí me gustaría que las comunidades se ocuparan más de tener claras cuáles son sus bases de convivencia y que las desarrollaran para beneficio de todos. De todos. Y me parece que, con estos atracones nacionalistas, se nos velan en los otros niveles (estado, regiones, provincias, ciudades…), esos principios básicos de convivencia.
No son muchos, ni siquiera difíciles o complejos. Son la base en los países de cultura occidental; y, aunque todo es mejorable, no parece que sean los peores. No creo que puedan ser muy distintos a estos tres:
a)      Representación parlamentaria y constitucional. Es verdad que no es una democracia directa, pero sí corrige los posibles excesos cada cierto tiempo y criba y selecciona decisiones.
b)      Una orientación claramente social de la libertad de comercio. Seguramente este sea el elemento que presenta más difíciles fronteras. No estaría mal que no perdiéramos de vista que la riqueza tiene unos límites claros y que tampoco se puede hurtar el derecho y el deber de cada uno a buscar medios de supervivencia.
c)      El último sería el de asegurar un mínimo vital a todos y cada uno de los miembros de la comunidad. Ahí está la sanidad, la educación, los salarios mínimos… Es lo que llamamos asistencia social.
No conviene llenarnos de preceptos. Pero estos pocos no podemos olvidarlos ni un solo instante. Todo tiene que ser desarrollo e implementación de los mismos.
Alguno adivinará en este simple esquema una visión socialdemócrata. Y no estará muy desacertado. Ya se ve, viejas fórmulas según algunos; recetas de la abuela, dirán otros. Puede. Es verdad que según apretemos en la interpretación nos saldrá una socialdemocracia u otra. Es verdad. Y hay que andar muy vigilantes para no descafeinar los conceptos.
Pero olvidarnos de ellos es mucho peor pues es desvirtuar la realidad y engolfarnos en peleas y en discusiones que agotan y en poco o en nada mejoran la vida de la gente.

De nuevo, y por camino interpuesto, mira por dónde, se vuelve a la ideología. Pues claro, tonto, ¿qué te habías creído?

miércoles, 17 de enero de 2018

EL PERO DE LOS PEROS


Reviso estos días algunos de los volúmenes que he ido construyendo a lo largo de los años. ¡Son casi una veintena y cada uno guarda varios cientos de páginas! Si lo mido en volumen, me sale una cantidad superlativa. Creo que, con razón, puedo decir que, parafraseando aquel título de José Hierro, en ellos se relata casi todo lo que sé de mí.
Tengo sin encuadernar los últimos y ya es hora de que agrupe y suelde de alguna manera todo lo que anda por ahí suelto; mucho, casi todo, en esta ventana.
Y le he puesto la velocidad automática del corrector que incorpora el ordenador. Estoy seguro de que quedarán restos impuros en palabras, también existentes pero no deseadas en el contexto, y otras lacras. No me preocupa demasiado. He sido corrector de textos durante toda mi vida; no obstante, ahora remoloneo con los míos y predico algo en lo que creo: lo importante son las tendencias, no los aciertos o los errores concretos y aislados.
Hay, sin embargo, hechos que, cuando se repiten demasiado, se fijan en la vista y en la mente y vuelves sobre ellos como si de algo extraordinario se tratara. Me ha pasado en la última corrección. El corrector, en azul chillón, me iba resaltando con frecuencia la necesidad de usar una coma como signo de puntuación después del conector adversativo pero. Lo hace porque, por mi cuenta, lo uso según los casos y de acuerdo con la fuerza que yo quiera darle a esa adversidad. De tal manera lo hago, que a veces no escribo coma, otras veces la escribo, y otras veces separo con punto y coma y hasta con punto.
f) Se escribe coma ante las oraciones coordinadas adversativas, es decir, las introducidas por pero, mas, sino, (que) y aunque. Hazlo si quieres, pero luego no digas que no te lo advertí. Así reza la regla de la Gramática oficial. Lo sé.
Pero (ahora he escrito punto) me rebelo contra la lucecita del ordenador y no le hago caso aunque quiera pintarme la cara y ponerme rojo. La regla quiere ser general, pero (ahora he escrito coma) tiene que someterse al valor del contenido. Y la suma de esos contenidos se oponen en diversas intensidades. No hay gramática sin semántica, y, menos, ortografía. Por si fuera poco este esbozo, sumémosle el valor del estilo y ya queda todo hecho una duda; que no es lo mismo que un caos.
Así que este es el pero de los peros. Pero en ellos andamos y en ellos seguiremos.
Podría parecer algo sin importancia; sin embargo, afecta a toda una manera de entender y de conformar la realidad en la escritura y en la expresión oral, y, sobre todo, la unión y la relación de todos los elementos que la componen.

No es mucho, pero, al menos para huir del diluvio de Cataluña. Que no deja de ser otro pero, y gordo.

martes, 16 de enero de 2018

¿LABRARSE EL POR-VENIR?


¿LABRARSE EL POR-VENIR?

Buscar el porvenir es tan inútil
como esperar sin causa ni sentido:
siempre está por venir y nunca llega,
y, cuando asoma, ya está en el pasado
y hay una nueva excusa
para seguir llamándolo de nuevo.

En esas circunstancias, él nos mira,
se sonríe,
alza al aire sus brazos,
dibuja un ademán, como fingiendo
una mueca confusa y distraída,
y sigue su camino indiferente.

Por-venir, de-venir,
incluso con-venir; no sé si pre-venir:
 no es remedio eficaz

para ganarle al tiempo sus desprecios.

lunes, 15 de enero de 2018

ACUARELA


Sigue apretando el frío en este mes de enero. Es el invierno, tonto; son sus rigores y sus apretones, es esa espera lenta a que los primeros vagidos del almendro dejen oír sus ecos y germinen en una borrachera de semen vegetal sobre los campos. ¿No has visto ya cómo las yemas empiezan a hacer volumen? Fíjate bien, detente ante un castaño de indias y lo verás desnudo, a la intemperie; pero con la vida y el fuego corriendo por sus troncos y haciendo marca ya en la punta de sus yemas, entrenando ejercicios para enseñarse al sol en cuanto el frío lo deje, la temperatura le dé un pequeño abrazo con ternura y lo acompañe un ratito para salir afuera. Después será ya todo fiesta y desenfreno, vida hacia el exterior, jolgorio y gozo.
Hay un empeño tonto en dar por cierto que la vida se iguala tan solo con el sol y con el agua. Es verdad solo a medias. Agua y sol crean vida, eso es muy cierto. Pero estos cortos días del invierno no son más que otra forma de seguir viviendo, de darle como tregua al exhibicionismo, de esconderse al calor de la caricia y del mundo en que se instalan el sueño y el olvido. La nieve se trabaja los mundos subterráneos para ponerlos limpios y, en silencio, tenerlos presentables para el gran día de fiesta en primavera; las venas interiores atesoran los ímpetus oscuros, las ansias contenidas, la savia que ahora está de vacaciones y esa serena y dura fortaleza que mantiene a los árboles altivos, en perfecto paréntesis, en vigilia y en guardia natural.
Es paisaje de invierno y de nevada. Pero es también de vida, de otra vida callada e interior que acaso ya presienta en lejanía el estupor del viento y de la luz, la apariencia del sol y la alegría que ha de llegar sin duda hasta sus ramas, cuando el tiempo se agrande y la tierra se hinche desde el suelo, en señal eficaz de primavera.

El cuadro tiene un punto de fuga que rehúye el plano corto todavía, pero apunta certero hacia lo lejos, en busca de los blancos y amarillos que guarda el arco iris. Que vayan deshojándose los días y con ellos las savias y las yemas, las hojas y las flores y los frutos. Es el ciclo de vida que no para y que sigue fluyendo en duermevela, también en el invierno.