miércoles, 18 de septiembre de 2019

NO SE OS PUEDE DEJAR SOLOS



De modo que me marcho unos días a los mares del sur, a apagar en sus olas los rescoldos de las fiestas, con los ruidos de la música y los vecinos, con la bomba atómica de algunos descontentos (en un periódico provincial fueron miles: muchos más que los que físicamente podían caber en posturas lujuriosas en el monte -de tal periódico no se puede esperar otra cosa y de donde no hay no se puede sacar-) que no encontraron fácil subida a El Castañar y no sé qué otras zarandajas y vuelvo con casi todo cambiado.
Porque entro por la Corredera y me encuentro con que el silencio, solo roto por un inmenso griterío de estorninos que han invadido también la parte oeste del parque, contrasta con el bullicio que dejé atrás. Enseguida paseo por las calles de la ciudad estrecha y observo los espacios vacíos y las tiendas solas, como aguardando impacientes que llegue algún cliente a romper su monotonía. No veo en las plazas los grupos de muchachos jugando o conversando, y ya los imagino con los libros a cuestas, sentados en sus sillas y tratando de volver a la rutina y al estudio (que debería recordar que significa afición, con lo que comporta de actitud ante el trabajo).
Pero es que en lo personal me sucede tres cuartos de lo mismo: De pronto me sorprendo sin bajar los estores de mi terraza porque el sol ya no aprieta como antes; guardo mis sandalias pensando en que no me han de ser necesarias y hasta desempolvo algún calcetín por si las moscas; salgo a dar un paseo y recuerdo que tengo chaquetas finas en el armario y cojo una por aquello de la lluvia y la temperatura; el sol y la luz ya no me esperan por la tarde y, cuando quiero darme cuenta, se han perdido en el horizonte; empiezo a tener en cuenta que tengo pijamas en mis cajones para usarlos y hasta pido un paraguas por si acaso; desde mi terraza miro al campo y observo ya colores menos verdes y descubro algún amarillo que se va colando de contrabando entre las ramas; las golondrinas, que siempre forman grupo en las paredes de mi casa, parece que este año no me han esperado para decirme adiós antes de irse hacia el sur (tal vez me fueron siguiendo y yo no me di cuenta)… Y, para colmo, leo que se ha producido casi una revolución por causa de un timbre que no tenía ganas de dejar de sonar y de decir que allí estaba él, con dos narices. Esto, como lo de los viajes del no autobús hacia El Castañar, son cosas de la ciudad estrecha. Vaya por dios. Yo hacía años que no subía a la fiesta en el monte, y me subieron andando por los rodeos, y no me entró fiebre ni sentí nada especial: qué mala suerte.
Menos mal que Manolo me regaló, en nuestra página El libre albedrío, la letra de un poema de Ángel González, aquel magnífico ángel menos dos alas, que, aunque yo lo había releído por enésima vez hacía pocos días, me elevó un poco la moral y me puso de nuevo en mi camino pequeño e individual, lejos, aunque cerca, de tanta nimiedad.
En fin, que son imágenes que me confirman que el tiempo pasa, que es lo que siempre pasa; y que, de un día para otro, los signos son indicios de ese otoño tranquilo que ya se deja ver en cada cosa y en cada día.
El poeta afirmaba lo que sigue: es el amor que pasa. Nosotros, menos solemnes, nos conformaremos con reconocer que es el tiempo que pasa. Y nosotros con él y sus designios.
Así que a hacer camino hacia uno mismo. Tal vez nos encontremos más a gusto.

martes, 17 de septiembre de 2019

ECOS DEL SUR



Septiembre me ha regalado unos días de asueto, de amistad y de luz en los mares del sur de la península. Yo he tratado de sacar de sus olas y de sus playas algunos susurros que me traían sus mareas. Son esos suspiros con los que tantas veces me he emocionado escuchando las coplas y cantares. Cada día anoté uno. Ahí van.
Me llegan ecos del sur.
Voy a buscarte en sus mares.
Si supera ver tu luz…
09-09-2019

En la playa de Chipiona,
junto a la Virgen de Regla,
el viento agitó las olas.

Me quedé solo en la arena.
Qué soledad tan sonora.
10-09-2019

El mar llega hasta la arena
a preguntar por tu nombre,
las olas lloran de pena
porque nadie les responde.
11-09-2019


Rota, Chipiona, Sanlúcar,
Guadalquivir y las olas
y el Faro que las alumbra.

Y yo soñando en la playa
con las olas de tu boca.
12-09-2019


Las palabras que te dije
no se las digas a nadie;
son para nosotros solos:
que no las sepa ni el aire.

Fue entre jazmines y rosas,
sangraba roja la tarde.
13-09-2019


El Guadalquivir se duerme
entre Doñana y Sanlúcar,
Chipiona vela sus sueños
en sus playas y en sus dunas.

Vente a soñarlos conmigo
bajo la luz de la luna.
14-09-2019


Mañana, con la marea,
yo me marcharé de aquí;
te dejaré suspirando
cerca del Guadalquivir.

No me olvidaré de ti.
15-09-2019

Me vine del sur,
me traje tus besos,
me cegó su luz.

Hoy velo recuerdos
de la plenitud.
17-09-2019

jueves, 5 de septiembre de 2019

ESCUCHANDO A BACH EN MI TERRAZA



ESCUCHANDO A BACH EN MI TERRAZA

Me suenan como pájaros celestes
las sonatas de Bach en mi terraza.
La tarde se ha dormido, ya es de noche
y apenas quedan ecos de la guerra
que provocan las bandas de estorninos
que duermen por las noches en el parque.

Hermosa es armonía tan perfecta
que me tiene suspenso.
                                                Solo falta
que vengas a mi lado y nos dejemos
llevar por las caricias de la noche.

Que empiece ya la guerra de puertas para dentro,
aunque ondee en la terraza una bandera blanca.

martes, 3 de septiembre de 2019

CONTRACORRIENTE



Mira que es fácil dejarse llevar a favor de la corriente y encontrarse tranquilo en el remanso de las aguas, donde te aplauden y te “ajuntan” en el coro de los buenos. O tal vez no debe de ser tan sencillo pues a mí reconozco que me cuesta, por más que me encuentre solitario y a veces mohíno pensando que no puedo tener razón cuando tantos -y en este caso tantas- se explayan en sentido contrario. Veamos.
He dedicado un par de días a la lectura del libro 20 maneras de quitarse el sombrero, de la autora Elvira Lindo. En este formato reducido en el que me manifiesto, las explicaciones solo pueden ser las justas y los matices solo se vislumbran: qué le vamos a hacer. La lectura me ha dejado un sabor agridulce, como me lo vienen dejando otras lecturas de asunto parecido.
En el libro se recogen diversas maneras en las que mujeres destacadas se han rebelado contra los sistemas que oprimían su desarrollo y el de su libertad a la hora de organizar su vida. El título seguramente hace referencia a aquellas mujeres que, a comienzos del siglo veinte, decidieron mostrar su rebeldía en Madrid con ese signo externo de vestimenta: Concha Méndez, Maruja Mallo… A partir de la lectura, anoto algunas consideraciones:
Que la historia del género femenino es para llorar durante mucho rato no ofrece discusión ni atenuantes: es tan evidente como que en verano hace calor y en invierno frío.
Que repetirlo una vez y otra y otra más puede llevar al hartazgo y al rechazo creo que tampoco es improbable. Yo, a estas alturas del misterio, estoy un poco cansado y me pongo de perfil.
Elvira Lindo es escritora de mi gusto. Por ejemplo, soy fan de pocas cosas, pero que no me toquen a mi Manolito Gafotas porque puedo matar:  posee una ternura infinita.
La imagen de desenfado que como autora y persona ofrece Elvira Lindo también me resulta atractiva.
Cualquier persona debe ser dueña de su vida, empezando por lo más próximo y elemental, su propio cuerpo y sus propios deseos. Al fin y al cabo, el cuerpo es lo primero, y tal vez lo único, que poseemos.
Poner como ejemplo mujeres que trataron de llevar a la práctica esa libertad y además con notables resultados culturales puede parecer que no es mal ejemplo… Pero… Y ahora vienen mis peros y mis reticencias.
Buscar celebridades solo en el campo literario y del famoseo es reducir la realidad a la mínima expresión y dejar por el camino a casi todas las mujeres, que también dejaron ver sus afanes desde contextos más humildes y menos llamativos.
Llevarse casi todo el género a las calles de Nueva York y de los Estados Unidos es otra vez muestra del papanatismo que aquellos territorios inyectan en tanta gente.
Descubrir en casi todos los ejemplos que la libertad se ejerce desde el mundo de la desestructuración familiar, el alcoholismo, la drogadicción y el arrobamiento ante la fama no creo que sea la mejor manera de poner en un pedestal a nadie. Otra vez la imbecilidad del glamour nos ha jugado una mala pasada y nos hemos dejado llevar por lo efímero y el instinto, lo más cercano que tenemos al mundo animal.
En el último capítulo, Elvira Lindo -parece lógico que así lo haga- describe algunos rasgos de su vida. Como si fuera otro ejemplo de lo que ha contado antes. Resulta sencillo, pero poco consistente, si no se tienen en cuenta los contextos en los que cada cual desarrolla su vida. Y muy poco se dice de lo que el grupo exige y da al individuo. Sin tener en cuenta ese complejo mundo, todo queda demasiado simplificado.
De modo que a quitarse el sombrero, claro que sí, pero cuidado, a ver si se nos ve la calva demasiado y el sol nos pica más de la cuenta. Que Hollywood alumbra, pero sus focos ciegan con frecuencia y no son de mi equipo titular: “Del cine americano ni los créditos: / que se los queden todos en la alfombra roja”.
Venga ya.

lunes, 2 de septiembre de 2019

*PÁTICOS



Dos de septiembre, lunes, empieza a sucederse como si nada todo lo que era raro y especial, todo lo que no tiene mucho sentido, pero que está ahí, conformando nuestra vida.
He enchufado la tele un rato y me he topado con un programa que cambia de presentador, pero que sigue buscando y reuniendo para el espectador momentos de todas las televisiones que se prestan a la risa y la crítica fácil. Ya se cuidan muy bien de no seleccionarse a sí mismos.
Hablaba una chica (el programa es coral) y se jactaba de que era muy empática. Yo supuse enseguida que seguramente tampoco tendría que esforzarse mucho para empatizar.
Confieso que o no había oído nunca tal adjetivo, o no me había fijado en su uso. Viendo a la presentadora, pensé primero que acaso quería decir que era simpática, pero la seguridad y el tono con el que pronunció la cualidad de empática, que decía que la adornaba, no me dejó lugar a ninguna duda: la muchacha era empática y ya está.
Me gusta mucho esta familia de palabras porque es numerosa y porque creo que se presta a bastantes juegos. El gen de toda esta tribu está en el abuelo latino patere, que se conserva en nuestra lengua en padecer. Después se le han ido prohijando prefijos y sufijos hasta llenar una tribu: simpático, compadecer, simpatizar, compasión… Imaginarse que simpático tiene que ver con padecer parece algo extraño, pero ahí están, compartiendo significado.
Sucede que las lenguas son organismos vivos y que sus palabras cambian tanto en su significante como en su significado. Y así, al simpático de turno no lo hemos asociado con el que comparte con los demás penas ni dolores, sino a aquel que es capaz de devolver la pelota y de provocar que nosotros padezcamos con él; eso sí, desde el lado más placentero. Por eso nos resulta simpático.
No se me ocurre cómo se puede lograr tal cosa si no es desde una escala de valores próxima y sintiendo como positivo o negativo lo que el otro a su vez siente. Ya se ve, por tanto, que padecer, el abuelo de la familia, se puede hacer en positivo o en negativo. Nosotros, por si acaso, solo nos hemos apropiado del terreno negativo: vaya por dios.
¿Por qué, pues, no nos hemos conformado con la palabra simpático y simpatizar? Misterios de la lengua. Es que las palabras luchan también por llegar a los puestos de responsabilidad, no crean que no; y se van dando codazos unas a otras para hacerse un hueco y subir en la escala para adueñarse de más dominio.
Yo creo que simpático y empático se han dividido el terreno y han llegado a un acuerdo: la mitad para ti y la mitad para mí. De este modo, lo de simpático lo dejamos para el otro y lo de empático nos lo apropiamos nosotros mismos.
Y, entonces, ¿seré yo simpático o seré empático? O las dos cosas. O ninguna. Vaya un trajín de palabras, es que no paran de moverse y de dar guerra.
¿Y vosotros qué sois?
Entre páticos anda el juego.

viernes, 30 de agosto de 2019

LAS VELADAS DE PALACIO



Quiero dejar constancia, en forma de breve resumen, de las jornadas poético-musicales que se han venido desarrollando a lo largo del mes de agosto en el Palacio Ducal, hoy IES Ramón Olleros. Son varios los motivos que me animan a ello.
Tengo la impresión (es solo mi impresión y puedo estar equivocado) de que el equipo de gobierno del Ayuntamiento se vio pillado con el tiempo y con la escasa previsión del equipo municipal anterior. A veces la necesidad hace virtud pues creo que han salido muy bien parados del intento.
Sospecho que acudieron a refugio seguro y a persona dispuesta. Esa persona se llama Luis Felipe Comendador, que se prestó enseguida a la ayuda.
Su don de gentes, su predisposición y sus amplias amistades seguro que han facilitado la confección de un programa de participación potente y también dispuesta a la ayuda. Y seguro que se pudo confeccionar en pocos días lo que de otra manera habría sido imposible. A él, creo yo, se debe casi todo el éxito del programa.
La aventura tenía un riesgo alto pues se trataba de veladas en las que la poesía era la materia básica y la experiencia enseñaba que es asunto para minorías y que acaso la afluencia y la disposición de los posibles asistentes podía no ser la mejor.
He asistido a todas las veladas y he constatado con mucha alegría que cualquier previsión, por positiva que fuera, ha sido sobrepasada en número de asistentes y en atención a lo que allí se presentaba. No creo que sea fácil congregar a tal número de personas ni en los lugares más propicios.
El patio renacentista del palacio es lugar inmejorable para este tipo de actividades: cualquier tipo de sonido suena allí melodioso. Las últimas horas de la tarde y las primeras de la noche crean en el lugar un refugio de fresquito que, en fechas de verano, lo agradece cualquier cuerpo y cualquier espíritu.
La muestra de participantes, poetas y cantantes, ha sido muy variada y manifestación de muy diversas sensibilidades.
Me siento muy satisfecho de haber acudido a todas las sesiones y de haber sido invitado a participar con mi lectura en una de ellas y de compartir versos y afectos con amigos y colegas.
Me parece que, por encima de todo, se ha mostrado que hay otras formas diferentes de entender los veranos y los tiempos de ocio.
Querría que la gente entendiera (también los representantes públicos) que estos actos no deberían tener color partidista y que la presencia de gentes, tanto del equipo de gobierno como de la oposición, tendría que haber sido algo normal. Las actividades culturales deben atraer por sí mismas, no por otros condicionantes. Del anterior equipo de gobierno no he visto ni el rastro de nadie.
Espero que desde el Ayuntamiento se sigan favoreciendo actividades de este tipo en el futuro. Hay en Béjar un buen número de creadores en distintas materias a los que la comunidad debe apoyar y empujar en sus aficiones.
De una ciudad se suele medir su riqueza física y su renta per cápita, pero hay otras riquezas que engrandecen aún más a una comunidad; se trata de su riqueza humana, del valor que atesoran las personas. Ese valor no se mide en cuentas bancarias. En el palacio ducal este mes de agosto aseguro que se ha congregado una riqueza especial.
Enhorabuena a todos. 

jueves, 29 de agosto de 2019

MÁXIMA


MÁXIMA

“Cualquier tiempo pasado fue mejor”,
reza el dicho en su forma popular.
Yo me pongo a pensarlo y dudo mucho
de la certeza de aforismo tal.
Dejémoslo tan solo en esta frase:
“Cualquier tiempo pasado fue anterior”.

Dos notas de obligado cumplimiento:
1.- Muchas gracias y un abrazo a todos los que se han acordado o se han olvidado de que uno cumple años. Un abrazo.
2.- Esta tarde se cierran las jornadas poético-musicales del Palacio Ducal. Allí estaremos para leer, escuchar y disfrutar.  Jueves, 29 de agosto, 20,30 h.