jueves, 9 de septiembre de 2021

EN UNA CLARA Y DULCE SINETESIA

 


EN UNA CLARA Y DULCE SINESTESIA

He salido a gozar de la mañana

y el campo es una hermosa sinestesia.

Mis pisadas profanan el silencio

de la noche callada. Nada suena

y estoy viendo llegar el horizonte,

que trae luz mensajera hasta mis ojos.

Poco a poco, extasiado ante el misterio,

el día se pone en pie, se reconoce

y se rinde a la fiesta cotidiana.

 

Aquí las sensaciones se confunden,

ebrias, en una mezcla, que supone

la descomposición del silogismo:

el viento huele a verde, los castaños

componen una alegre sinfonía,

la luz canta la fábula del agua

y ha convertido todo en transparencia…

El agua huele a musgo…

El silencio se escucha…

Todo el bosque respira…

 

Supliqué humildemente a un dios desconocido

ser también uno más, ser parte activa

de la canción global que se cantaba.

Me perdí y me encontré, fui convocado

a una fiesta en que todo pertenece

a la luz, al olvido, a la pureza.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

FIESTAS

FIESTAS  

Hay días en los que uno debería escribir solo para el consumo interno: son aquellos en los que los elementos del relato no alcanzan fuerza y vuelo para alzarse a la categoría de idea o al menos de esbozo de idea. Hoy tal vez sea uno de esos casos.

Ocho de setiembre. Fiesta en numerosos lugares. Tal vez última celebración de fin del verano y de alegría por la recogida de cosechas. Vírgenes en todas las esquinas, en montes, en peñas o en cuevas. Advocaciones marianas varias, pero todas con el marchamo común de Natividad de la Virgen. Como si empezáramos el largo periodo religioso que nos ha de llevar hasta la Pascua primaveral.

En Béjar, esta ciudad en la que me sigo haciendo viejo, también es el día de la patrona, de la fiesta local. Mucho más después de que le robó protagonismo a la feria comercial y profana de finales de este mismo mes. Influencias religiosas al canto.

Pero todo sigue apagado y como en susto por culpa de la pandemia. Repaso el calendario de festejos y apenas encuentro nada del esplendor de otros años, ni en el campo religioso ni en el civil. El plano religioso se veía culminado con su procesión correspondiente a media mañana, en los alrededores de la ermita del Castañar. El civil lo hacía con sus verbenas y su corrida de toros. Como si nadie supiera salir del círculo vicioso de misa, procesión, toros y verbena. Casposo casi todo. Este año, ni procesión.

Algo me llama, sin embargo, la atención. Me cuentan que llevarán la imagen de la Virgen hasta la plaza de toros para que presida la corrida. Qué disparate. Menuda alquimia barata. De ahí no puede salir ni cobre de la peor calidad. Ningún paso adelante y media maratón para atrás. Superstición a paladas. Sociología musgosa. Reino bejaraui.

Me apena que el esquema, a pesar de las circunstancias, sea tan corto de miras, más antiguo que la pana y pez que se muerde la cola a sí mismo desde siempre.

Y eso que, personalmente, no me siento ni mejor ni peor que otros años. Recuerdo con nostalgia los paseos que me daba en estas fechas, con mi madre, por el parque, casi solitos, durante la mañana, cuando todo el mundo había subido al monte y a la ermita. Tranquilidad y sosiego. Casi paz.

Hoy apenas había gente por las calles. Pero no estaban en el Castañar porque los taxis, otros años tan solicitados y raudos, hoy descansaban en la parada de la Corredera, esperando clientes que no llegaban.

Se mezclan en mi mente sentimientos diversos: la consideración acerca de programas de fiestas    -tan tradicionales siempre-, mi escasa participación en las mismas, y el deseo de que el contexto cambie para que se pueda volver a la alegría de la comunidad. Aunque sea en formas que en casi nada me satisfacen.

Mañana será día de retorno a la monotonía de los días de diario. El contraste con el día de hoy será menor. Tampoco importa tanto. Los días seguiremos siendo nosotros y lo que vayamos sembrando en el paso por la vida. La fiesta irá y vendrá según la sepamos convocar.

Bueno, tal vez hayamos gateado hasta la idea. No sé. Veremos.

martes, 7 de septiembre de 2021

ENEMIGOS ÍNTIMOS


ENEMIGOS ÍNTIMOS

Si la vida me trata con desprecio,

le cuento los secretos a mi sombra

(no es más que una manera, como tantas,

de tratar de engañar a la tristeza);

ella es mi perro fiel: no me abandona

ni en los días más oscuros del invierno.

Después, cuando el sol se hace más alto,

estrecha su silueta y se declara

la voz de mi conciencia. No consigo

deshacerme de ella a ningún precio,

ni siquiera se queja cuando sigue

debajo de mis pies y yo la piso

sin poder evitarla.

 

Pero he de confesaros un secreto:

me tiene hasta el cogote su presencia.

 

No sé qué podré hacer cuando la muerte

desdibuje la luz y yo me haga

vecino para siempre y sin remedio

del silencio inmortal. Acaso entonces

me convierta yo en voz de su conciencia

y le recuerde, en tono suplicante,

que hasta los más amigos necesitan

su espacio solitario en el silencio

y un poquito de tiempo en que perderse,

sin pelmas que no paran de mostrarle

lo absurda que resulta su presencia.

lunes, 6 de septiembre de 2021

EPITAFIOS

 EPITAFIOS

Cuando yo era niño y alguien quería referirse a algún difunto, lo hacía con la expresión añadida que en paz descanse. Así, por ejemplo, tío Tal, que en paz descanse… Más tarde fui aprendiendo latinajos y, entre ellos, los referidos a los difuntos y sus siglas: R.I.P: o las siglas castellanizadas: Q.E.P.D. y D.E.P. Todas ellas traducciones directas del R.I.P. latino (Requiescat in pace, Descanse en paz).

Estas expresiones no son más que un nuevo ejemplo de la cristianización y de la nueva valoración de la muerte en el mundo cristiano. Antes, en el mundo precristiano griego y romano, se utilizaba la expresión Sit tibi terra levis (escrita en los epitafios con caracteres griegos o latinos), o variantes muy próximas.

A poco que prestemos atención, la expresión precristiana nos olerá al deseo de que la tierra, literalmente, no pese demasiado sobre el cuerpo del difunto; y apunta también a cierto deseo de trascendencia lejos de la prisión del sepulcro. La expresión cristiana, sin embargo, parece conformarse con el descanso y la paz en el mismo sepulcro: Descanse en paz. Aquí la separación entre el cuerpo y el alma, el asunto de la resurrección y su espera y mil aristas más.

Pues llegan los tontitos de turno y, por aquello de apartarse de cualquier cosa que huela a la capa más superficial de la religión, o vete a saber por qué extraña razón o sinrazón, publican a los cuatro vientos la expresión precristiana: Sit tibi terra levis (sospecho que en muchas ocasiones sin conocer el significado de la misma), y dejan en el olvido o en el desprecio la cristiana Descanse en paz. Y, así, hacemos un pan como unas tortas: tratando de huir de algo, caemos en el pozo y nos ahogamos en el agua de la que escapábamos. La estulticia siempre ha resultado ruinosa, en términos económicos y en consideraciones mentales. Como si tuviera que ver algo el culo con las témporas.

Sería aconsejable aprender un poco a nadar y no dar manotazos sin ton ni son. Solo después de aprender se puede practicar la natación según las diversas especialidades, antes nos podemos ahogar.

Al difunto, por razones obvias, tal vez le importará poco el uso de una expresión o de la otra, pero el vivo debería al menos mantener el tipo.

viernes, 3 de septiembre de 2021

ANDA Y QUE TE DEN...

 

ANDA Y QUE TE DEN…

Hoy me perdí en el mundo de los dichos y me encontré con este. El dicho completo sería así: Anda y que te den… por el culo. La cosa tiene miga, historia y tiempo. Porque hay que irse al menos hasta el tiempo de los romanos para dar con su origen, el que nos ha llegado a nosotros, como herederos de la lengua y de las costumbres de aquel imperio antiguo. La cosa sigue casi igual en muchos asuntos.

La sexualidad en Roma -y, en general, en el mundo clásico- se entendía de manera muy distinta a como la interpretamos ahora. Por el medio ha pasado la imposición de la moral judaica y cristiana, con su rigidez, sus prohibiciones y su sentido del pecado. Asunto este interesantísimo para entender un poco cómo somos y por qué somos así.

Los romanos no veían con malos ojos la homosexualidad ni la bisexualidad. Numerosísimos personajes célebres (emperadores, escritores…) practicaban públicamente esta sexualidad abierta y plural. Pero no respetaban lo mismo a la persona pasiva que a la activa; para com la primera, la consideración era negativa, mientras que para con la segunda era positiva. El resumen es este, aunque el desarrollo ofrece muchas perspectivas y consideraciones diferenciadoras de las actuales.

Solo así se puede entender que este dicho encaje en ese significado negativo de desprecio y de rechazo que le damos ahora. No hace falta forzar demasiado la imaginación para entender la semejanza entre el dedo corazón y el miembro sexual masculino. De hecho, en latín, el dedo corazón es el digitus impudicus o digitus infamis. Encoger la mano y extender el dedo corazón ya entonces era expresión de rechazo, de rechazo para el receptor físico de tal figura.

Hoy lo hemos conservado con significado parecido, aunque de él hemos eliminado el contenido sexual de su origen. Componer esta figura se ha apropiado de otra expresión: hacer una peineta. Pero la intención y el fondo de rechazo y de desprecio sigue siendo el mismo.

Se cuenta del emperador Calígula que, cuando daba la mano a besar -como se sigue haciendo todavía en algunos contextos en los que se practica el besamanos- la ofrecía muchas veces en figura de peineta. ¡A ver quién se atrevía a rechazarla!

Como a mí estoy seguro de que Calígula ya no me puede castigar, le puedo reenviar la peineta y el dicho: Anda y que te den.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

UN SOLO LIBRO


UN SOLO LIBRO

Confieso que, desde hace mucho tiempo,

no escribo ya más libros, esa suma

de folios salpicados de palabras,

cosidos o pegados con cuidado,

que buscan descubrir la cara oculta

de un concepto que estaba en duermevela.

 

Un poema primero que declare

cuáles son del autor las intenciones,

treinta glosas de aspectos diferentes

dando vueltas sin fin al mismo tema,

un poema potente que eche el cierre,

y que deje las puertas entreabiertas

para nuevos intentos de escritura.

 

Y, al cabo de algún tiempo, otro concepto

que pareciera ser original

-aunque siempre contenga las heridas

“del amor, de la muerte, de la vida”-,

 otros treinta poemas y otro título

que añadir al currículo ya extenso

de un autor que se siente consagrado.

 

Yo ya no escribo libros, solo escribo

poemas que componen lentamente

el álbum de mis cosas y mis días.

Muchos libros en uno, que se escribe

con espinas y rosas de un camino,

que va y viene, que cae y se levanta,

que se repite tanto como lo hacen

las noches y los días,

que libra una batalla fratricida

contra el reino absoluto del olvido.

lunes, 30 de agosto de 2021

ESE JUEGO CON REGLAS TAN EXTRAÑAS


ESE JUEGO CON REGLAS TAN EXTRAÑAS

La vida es ese juego que jugamos

para aplazar el pulso con la muerte.

La muerte, que nos mira y acompaña,

hace como que no nos reconoce,

pero sigue callada a nuestro lado,

por si tiene un antojo y se le ocurre

cogernos de la mano y enseñarnos

el camino que no tiene retorno.

 

Entonces no hay remedio. Es como un libro

que alcanza su final sin darnos cuenta

y acaso nos encuentra despistados,

sin ni siquiera haber leído el prólogo,

que contiene un recuento de instrucciones

para andar en sus hojas sin misterios.

Pero, ay, en un idioma tan extraño

que apenas nos permite descifrarlo.