lunes, 4 de noviembre de 2013

DE PRONTO ES EL OTOÑO

DE PRONTO ES EL OTOÑO
De pronto es el otoño.
Con un ímpetu gris de adolescente,
nos persigue por todas las esquinas,
nos acosa en los parques, nos envuelve
con sus hojas el viento, por las calles
nos molesta lanzándonos objetos
que no encuentran su sitio y se equivocan,
y las deja desiertas y afligidas.
Con lluvia vertical en las ventanas,
desde cualquier lugar desconocido
envía hasta nosotros el recado
del sabor a disgusto de la melancolía
(tal vez en esas nubes que se agitan
y se van sin dar muestras de su adagio
en el espejo de su melodía).

En medio de ese otoño
tan repentinamente aparecido,
yo busco mi refugio
en la tibieza alegre de tus brazos;
tú acaricias los míos, y nos vamos
a defender la tarde en los cristales
de la terraza simple de los días.

Y en ella nos dejamos, con paciencia
aceptamos sin prisa lo que el tiempo
dejará en el balcón con su mirada,
y todo es allí paz, gozo, placer,

inconsciencia, abandono, dicha, nada. 

domingo, 3 de noviembre de 2013

ANIVERSARIO DEL RAMÓN OLLEROS


Asistí ayer durante casi todo el día a las actividades que festejaban el cincuentenario del instituto Ramón Olleros en Béjar. Ha sido mi centro de trabajo de siempre y a él he estado vinculado profesionalmente casi de por vida.
Es el tiempo una línea que se estira y se va punteando hasta diluirse en bruma para quedarse en nada. Cincuenta años pueden no parecer muchos, pero, cuando uno los ha vivido casi todos en el entorno del hecho que se recuerda, sí que son casi todos.
Presentación del libro conmemorativo, conferencia para dar a conocer con detalle la historia física del edificio, actuación de un grupo coral, comida de confraternidad de profesores y muchos antiguos alumnos, algo de teatro y música ruidosa para final, más una exposición gráfica con motivos de todos estos cincuenta años.
Me lo pasé muy bien porque esta historia, en buena medida, es mi historia, porque pocas veces como esta para departir con antiguos colegas, para saludar y dejarse saludar por antiguos alumnos, para dejarse llevar por la nostalgia, para contarse batallitas del abuelo cebolleta, para arreglar otra vez el mundo, sobre todo el mundo de la enseñanza, para ver cara a cara cómo pasa el tiempo, que, lo diré otra vez, es lo que siempre pasa… Y para no poder atender bien a casi nadie pues las manos y los abrazos no daban abasto y el día era el que era. Y para notar la ausencia de aquellos a los que te hubiera gustado ver un rato para charlar y para recordar cualquier cosa.
Me interesa este último hecho de las ausencias, que se producen por muy diversas causas, y supongo que todas justificadas, aunque yo no les encuentre justificación (viajes, compromisos adquiridos…) y me pregunte por qué ocurren. Tengo para mí que la gente acude en general a los actos según se siente más o menos concernido por la llamada real o afectiva que se le haya hecho. Para este caso, creo que hay gente que no apareció tal vez porque los resultados de su estancia no fueron satisfactorios y le quede dentro algo de inseguridad y de falta de estima. En algún caso estoy seguro de que esa falta de autoestima y esa cautela a no encontrarse bien proviene de asuntos de tipo personal o familiar, o de imposición social. Podría concretar un buen puñado de casos que encajarían en estas dos variables. Y para estas, como para otras muchas, aseguro que todos se equivocan, que el paso del tiempo lo diluye todo y que, casi siempre, aquello que pensamos que puede ser desestimado por los demás en realidad no cuenta casi nada y que todo el mundo acaba por ser acogido con buena voluntad y con el ánimo de entender cualquier situación como normal.
Eché en falta a bastantes personas, pero nos juntamos muchos. Todos testificamos el paso de los años, la importancia de un centro educativo como este durante cincuenta años en una población como es Béjar y la satisfacción de haber sido protagonistas de todo ello.
Me parece que, aun siendo todo mejorable, las distintas actividades se desarrollaron con dignidad, con participación y con buena acogida. Creo que lo que en realidad quedará de este cincuentenario con el paso del tiempo serán dos cosas: el libro que se ha editado y el recuerdo agradable de todos los que nos juntamos. No es poco.
Como yo he participado con una colaboración importante en el libro y en todas las actividades del día, me siento contento y satisfecho.

Cuando -la noche ya dueña de las calles de esta ciudad estrecha- volvía a casa, pensaba en todo lo que ha quedado atrás en estos cincuenta años y en lo que puede venir en los siguientes. Del primer pensamiento puedo dar cuenta; del segundo se tendrán que ocupar otros. Es la vida y el implacable paso de los días.

viernes, 1 de noviembre de 2013

"TRUCO O TRATO"


Creo que no es la primera vez que me refiero a esta fiesta de otoño, fiesta de Halloween, que se ha extendido como las setas en el territorio de la piel de toro. Me sigue sorprendiendo su éxito repentino. O, acaso más que sorprendiendo, me sigue disgustando que se produzca este fenómeno. Me miro y me remiro por si habitara en mí alguna insana envidia o por si la causa de este sinsabor tuviera que ver con alguna frustración personal que me dejara en mal lugar y a los pies de cualquier oscura deficiencia. Y, por más que miro, no encuentro en qué me puede afectar personalmente que este hecho se produzca, salvo si aplico la teoría de la mariposa o el adagio latino aquel de nihil mihi alienum puto. Creo que es el fenómeno en sí lo que me llama la atención y sospecho que no es nada personal.
Porque en el hecho en sí lo que genéricamente veo es una muestra de las más elocuentes de papanatismo y de imitación acrítica de todo lo que nos llega del imperio de los Astados Unidos, del padre de los inventos y del amo de las costumbres. Si esto lo adobo con los medios de comunicación, con el género que mayoritariamente se encarga de extenderlo entre los niños colegiales y, sobre todo, con el ambiente general de la imagen y de la apariencia en el que nos movemos, tal vez la explicación se me haga más sencilla.
Pero es que, aunque me lo explique, no me siento complacido, porque casi ninguna de esas variables que enumero me parece que actúa de la mejor manera, o, al menos, de la menos mala.
Hay costumbres que necesitan muy poco tiempo para sentirse arraigadas en la piel de una comunidad; otras son promocionadas dejándose llevar por el viento que más sopla y al servicio de los intereses de los grupos que mejor pueden controlarlas. Cuando todo se pone a favor, es difícil imponer racionalidad y sosiego en su análisis. En Béjar tenemos ejemplos bien representativos. El asunto de los hombres de musgo, que no tiene en la lógica ni pies ni cabeza, tiene invención personal conocida, y ni siquiera alcanza la antigüedad de un siglo. Todo se puso a su favor para que casi todo el mundo lo dé por bueno, lo practique y lo promocione, como si de la creación del mundo se tratara.
Creo que el fenómeno este del “truco o trato” revive el mismo esquema. Pero con agravantes añadidos que son los que a mí me rayan en la sensibilidad: este asunto viene impuesto desde la larga distancia, no tiene ni dos días, nada tiene que ver con la cultura de la zona, y muestra un papanatismo muy difícil de entender. ¿Cómo no comprender el rechazo exagerado que se produce entonces, por parte de muchos, de todo aquello que provenga del imperio? Es el sencillo acto de acción reacción, tan poco racional pero tan frecuente. En él caigo yo demasiadas veces, aunque desde ese fondo que ahora acabo de esbozar.

Que viva el disfraz lo que tenga que vivir, que la gente se divierta lo que tenga que divertirse, que corra la imaginación y se desborde. Pero que lo haga desde la dignidad y desde la consciencia. Amén.

lunes, 28 de octubre de 2013

SARA TIENE CUATRO AÑOS


SARA TIENE CUATRO AÑOS
Se lo tenía guardado y un día cualquiera me lo dictaron sus risas

Cumple el mundo esta tarde cuatro años
y la vida es lo dulce de tus ojos,
la dejadez que muestras cuando duermes
y esa sonrisa limpia que me ofreces.

Observo satisfecho cómo en risas
despilfarras la dicha y acaricias
todo lo que a tus manos se acomoda
como quien feliz duerme en el olvido.

Las horas y los días te acompañan
delgados, complacidos, placenteros,
y el sol se despereza y se hace niño
cuando te ve feliz cada mañana.

El mundo se hace todo la simpleza
de lo que solo tiene cuatro años.
Yo tengo cuatro años, las estrellas
se olvidan de cumplir siempre los cinco.

Quédate siempre niña, haz que las cosas
se olviden de crecer, de la costumbre
de darle tiempo al tiempo, y hazme un sitio

desde el que ser contigo también niño.

domingo, 27 de octubre de 2013

EL ENVEJECIMIENTO DEL PRESENTE



De nuevo vuelvo a hacer acopio de palabras escritas por Antonio Muñoz Molina. Son palabras que me reconfortan en esta tarde luminosa de domingo y que me cambian la imagen  de felicidad que durante todo el fin de semana me ha regalado mi nieta Sara. Hacen referencia a ese sentimiento tan extendido en nuestros días y que tan de cabeza nos trae, y, por desgracia, nos traerá en los próximos meses. Entre mirarnos el ombligo y quejarnos de todos los demás anda el juego. Pienso, de nuevo, en la importancia para la comunidad de mirar serenamente hacia el futuro, de no sentirse ni más ni menos, sino todo lo contrario, de no perderse en el pasado pero no olvidarse de él, y de considerar que somos lo que somos lo mismo que podíamos ser sencillamente algo distinto.
“El coraje patriótico llevado hasta el sacrificio personal convierte místicamente la derrota en redención (…)
Victimismo y narcisismo son los dos rasgos del nosotros intacto que las clases políticas y sus aduladores y sirvientes intelectuales han levantado en cada comunidad, prescribiendo o dejando al margen no solo cualquier referencia favorable al marco político común sino casi cualquier noción adulta de ciudadanía. El lugar de nacimiento no es un hecho accidental, sino una marca del destino y un motivo de orgullo. Sin hacer más esfuerzo que el de ser de donde eres ya posees el privilegio de un origen único, que por un lado te ofrece la confortable posibilidad de contarte entre los perseguidos, las víctimas y los héroes,  sin necesidad de padecer personalmente ningún sufrimiento.
Lo que te falta es porque te lo han quitado ellos, los opresores extranjeros; de lo que va mal son ellos los que tienen la culpa. Ellos quemaban herejes, invadían América, exterminaban indios, expoliaban aquellas tierras igual que han expoliado la tuya, eran xenófobos, eran sexistas, practicaban el tráfico de esclavos, carecían de conciencia ecológica, no se cambiaban de ropa interior. Mientras tanto, tu pueblo, que ha amado siempre la paz pero que no ha dudado en levantarse en armas cuando se lo agredía, que ha recibido siempre cordialmente al forastero pero nunca ha perdido ni dejado que se diluyera su idiosincrasia, ha hablado la lengua más antigua del mundo, ha creado las rutas comerciales más civilizadas y prósperas por todo el Mediterráneo, ha pintado las cuevas de Altamira, ha inventado esa maravilla de comunicación que es el silbo canario, ha forjado las primeras muestras escritas de la lengua castellana, ha cultivado con el mismo éxito las artes, las ciencias, el regadío, los deportes, ha vivido en armonía con la naturaleza, ha levantado la mezquita d Córdoba, la Alhambra , la Sagrada Familia, la catedral de Santiago de Compostela, los monumentos megalíticos de Mallorca, ha sido considerado el más hospitalario de la Tierra, ha mantenido caminos de peregrinación que ya existían antes del Imperio romano, ha manifestado siempre un respeto especial por la igualdad de la mujer y quizás hasta por los derechos de las minorías étnicas y sexuales, ha practicado desde muy antiguo formas de vida comunitaria y democrática, ha criado razas de gallinas o de burros o de abejas tan singulares que no existen en ninguna otra parte, y que desde luego no tienen nada que ver con las mediocres razas de gallinas y burros y abejas españolas, ha preservado esas tradiciones que por fortuna siguen vivas todavía, o puede que hayan tenido que ser recuperadas del abandono en que cayeron por culpa de la malevolencia de los ocupantes, danzas, cantos, costumbres, indumentarias, recetas de cocina, carreras de toros, cultos marianos, deportes autóctonos, que por su belleza y su autenticidad no tienen comparación en el mundo.
Que la mayor parte de todas esas tradiciones ancestrales fueran inventadas, como en el resto de Europa, hacia la segunda mitad del siglo XIX, cuando no ya bien entrado el XX, no tiene ninguna importancia. Lo que algún historiador llama “el envejecimiento del presente” responde a una idea halagadora del tiempo que permite sufrir siempre como recién recibidos agravios que, si fueron ciertos, los padecieron otros hace siglos: pero también celebrar como propios, y envanecerse de ellos, logros o aciertos de desconocidos que llevan  muertos miles de años, y que sin embargo forman parte de ese nosotros entre publicitario y místico del narcisismo colectivo.”
Vaya guasa la del amigo y qué crítica tan certera para las Españas tanto de la charanga y la pandereta, como para aquella más provinciana y separadora. Otra foto de España en blanco y negro.

Menos mal que Sara lucía hoy, como siempre, unos colores que llenaban todo el arco iris. Me gustaría que, cuando llegue su momento de conciencia colectiva, se encuentre un panorama más sosegado y amplio, menos crispado y más ilusionante, más racional  y menos instintivo, más colectivo y menos egoísta, menos tribal y más sin fronteras. Ojalá.

viernes, 25 de octubre de 2013

SENTIMIENTO Y RAZÓN



Me apena ver de nuevo cómo se manipulan sin tino los sentimientos de la gente, sobre todo cuando se hace desde instancias públicas y desde bocas y mentes de personas que teóricamente deberían estar asentadas y en su sitio. Y que se llevan un pastón cada mes por ejercer de listos. El asunto al que ahora se aplica este desconcierto tiene una extensión pública importante, pero el razonamiento sirve de igual manera para cualquiera otra situación.
Anda el país revuelto con el asunto de la llamada Doctrina Parot y su anulación por parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, todo el mundo se manifiesta y se alborota. Creo que no todos lo hacen con la misma mesura y racionalidad. En el fondo andan los sentimientos de las víctimas del terrorismo y los de otras víctimas que han sufrido muy de cerca las garras del asesinato.
Hay cosas que son elementales, pero, por si acaso, son muchas las personas que han dedicado muchas horas de esfuerzos mentales a solucionar racionalmente estos asuntos. Y se les atiende muy poco, tal vez porque la reflexión no está de moda y produce escasos dividendos, de los del dinero y de los de la aquiescencia social.
Tal vez ni siquiera haya que ser demasiado listo para concluir alguna cosa fundamental.
En el fondo, el TEDH no ha hecho otra cosa que recordar y aplicar el principio general del derecho que indica lo negativo de aplicar la retroactividad de las normas, salvo en caso de beneficio para el reo. Cualquiera que lea lo sabe y hasta lo acepta. No podemos aplicar ahora el código de hace un siglo: no avanzaríamos nunca. Es tan sencillo como eso, tan elemental, tan de cajón.
Los familiares de las víctimas aplicarán a los asesinos toda clase de improperios. Yo también. Supongo que casi todo el mundo hará otro tanto. Eso no se discute, salvo si, como parece el caso, se deja uno llevar solo por los sentimientos, o, lo que es peor, por otros intereses menos confesables.
Y, en cuanto se desborda el jarrón de los sentimientos, la razón se oscurece y salen a la luz todas las tonterías que andan escondidas y que solo responden al instinto y al impulso. La mediocridad y la infamia se abren paso y todo se adultera y se tergiversa.
El esquema es tan viejo en este país, que ya casi huele a ajo: los familiares merecen todo el respeto y consideración (como lo merece el dolor de cualquiera otra persona que ha perdido un familiar en condiciones irracionales); los familiares no pueden guiar la política de un país; los seres humanos necesitan ceder en sus derechos para la convivencia: en ese momento es cuando aparece el derecho y aparecen los códigos; la ley hay que aplicarla siempre y para todos (dura lex, sed lex) aunque su interpretación tiene que ser siempre generosa para todos los implicados; la mejor garantía de éxito de la comunidad es precisamente la aplicación de la ley frente a los que se la han saltado: ese es el gran triunfo de la colectividad frente a los asesinos, que seguirán siendo asesinos de por vida y cargarán en su conciencia con ese peso infinito; el ser humano tiene como primer referente sus impresiones y sus sentimientos ante ellas, pero tiene que subir el peldaño de la racionalización de las mismas: ahí es donde nacen una ética y una moral potentes y duraderas.
Sobre estos elementos conviene aplicar otros, ya de carácter más particular: el sentido del perdón, el hecho de que no se trata ni siquiera de una amnistía: todos llevaban muchos años privados de libertad…
Los hechos particulares que inventan teorías conspiratorias y de connivencia, el linchamiento personal de algún político o juez o los enfrentamientos de algunos opinadores, propios más de animales que de personas, ya quedan casi en el inframundo de la razón y de la inteligencia.

Otra vez sigue siendo este el país de todas las peores historias. Y también aquí hay gente buena e inteligente. No lo merece esta piel de toro ni lo merecen los lidiadores de a pie. 

jueves, 24 de octubre de 2013

LOS VALORES PÚBLICOS DE LA EDUCACIÓN


Ministerio: 20%; sindicatos: 80%. Son las cifras que leo en los medios acerca de la participación de seguidores de la huelga de educación, en protesta por la recientemente aprobada ley Wert, la que se conoce como LOMCE. ¿Por qué son tan tontos todos, incluidos los medios de comunicación? La forma de medir la participación en una protesta poco tiene que ver con una regla general; dependerá de las circunstancias en las que esta se produzca. Ya se podrían preocupar los convocantes y los medios de comunicación (el ministerio no lo hará nunca) de explicar cuáles son esas condiciones. En este país, será muy difícil ya que una huelga de tipo laboral tenga un éxito masivo de participantes. No va a ser más que otra consecuencia del  desmantelamiento de todo lo que suene a colectivo y a defensa de clase. Una muestre más de lo que ya está suponiendo la reforma laboral y el fraccionamiento de cualquier relación entre los que formalicen un contrato. Una evidencia elocuente de cómo estamos dejando en la escala de valores el porvenir colectivo y los derechos entendidos para la comunidad y no para el individuo más espabilado y que mejor se sabe situar. Una pobreza mucho mayor que cualquier otra si se  le da perspectiva al tiempo. Las concentraciones masivas quedarán reducidas para asuntos de tipo emocional manipulados a conveniencia del poder. Alguno ya hasta está convocado; otros se convocan y se cobran cada fin de semana por esos campos de dios.
Pero es que, aparte de esta consideración, ¿por tener mayor o menor éxito de convocatoria se tiene más o menos razón? Qué barbaridad. Al poder siempre le viene muy bien este juego de las cifras. De hecho ya ha jugado varias veces con eso de la “mayoría silenciosa”. Por la misma razón ramplona, mañana convocaré una manifestación para no matar al vecino del quinto y, como nadie me va a acompañar, toda la comunidad, menos yo mismo, es que estará a favor de la muerte de ese vecino, que ni siquiera existe. Será la mayoría silenciosa. Qué tontos, qué imbéciles, qué torpes.
Hoy, como ya ha sucedido otras veces, ha salido mucha gente a la calle para protestar, en muy diversas maneras, con muy diferentes formas, con desiguales intensidades, contra la nueva ley de educación. Lo que hay que considerar es el fondo y no las formas inmediatas; son los conceptos básicos y no las últimas consideraciones de no se sabe qué artículos; el espíritu que anima tal normativa y no el elemento más específico.
A mí -ya lo he manifestado muchas veces- no me gustan las huelgas y me resultan menos costosas las manifestaciones. Acudiré esta tarde otra vez a decir en público que esta ley no me gusta en alguno de sus fundamentos. En ella me encontraré con gente con la que apenas comparto, seguramente, casi nada. Pero seguro que, si nos ponemos a hablar, descubriremos que hay un fondo último en el que estamos de acuerdo. Ese último fondo común es el que hay que preservar y tener en cuenta, el que hay que analizar y defender o denostar.
Como ya he escrito algunas líneas acerca de lo que considero fundamental de cualquier ley de educación, no me extenderé en volver a decir lo mismo, y menos en este formato reducido de una página. Defiendo, frente a lo que oigo a todo el mundo, que se concrete desde una ideología determinada; pero no comparto esa ideología y por eso me manifiesto en contra. Entiendo la ley y el Estado como algo que contribuye al  reparto y la igualdad, y no a la segregación y a la clasificación, sobre todo cuando no se cumple la igualdad de condiciones de partida. Deseo una ley que apoye la racionalidad y no las creencias como base de educación y de comportamiento. Y poco más. Pero es que el desarrollo normativo de estos principios no es precisamente poco.

Todo, o casi todo, lo demás, se puede discutir y acordar. De momento, que sepan que alguien discrepa pacíficamente pero con energía. Y que sepan también que estará dispuesto a defender con la razón el cambio de esos principios siempre que siga creyendo en su bondad.