lunes, 6 de diciembre de 2021

ASEREJÉS

 ASEREJÉS

Así puede ser definida la JITANJÁFORA, una figura literaria más usada de lo que parece: Composición poética formada por palabras o expresiones carentes en sí mismas de significado y cuya función poética radica en sus valores fónicos, que pueden cobrar sentido en relación con el texto en su conjunto. Algunas se han hecho muy populares, sobre todo en canciones y expresiones, tanto comunes, como pretendidamente vanguardistas. ¿O no recuerdan aquello del Aserejé, que se bailó hasta la extenuación hace tan solo algunos veranos?

Lo esencial de tal figura es que no posee ningún significado, al menos aparente, y que adquiere su valor por sus cualidades fónicas, pretendidamente agradables por su sonido y su ritmo.

Uno tiene la impresión de que se publican muchas jitanjáforas a diario, es decir, muchas locuciones genéricas que no aportan más que ruido y descalificaciones absolutas, y que apenas concretan casi nada.

Ahora mismo se está produciendo este fenómeno en dos planos distintos, según me parece: en el nacional y en el local. Son solo dos ejemplos.

Hoy es el día de la Constitución. Muchas personas y grupos alzan la voz proclamando la necesidad de modificar y hasta de refundar la Carta Magna. Muy pocos, o ninguno, concretan los apartados en los que habría que hacerlo. Se provocan, así, fuegos de artificio, alborotos y proclamas, que quedan bien para el momento, pero que se diluyen enseguida. La Constitución, como cualquiera otra obra humana, puede y debe adaptarse a cada época, y sus cambios deben correr paralelos a aquellos que la sociedad haga práctica común. Pero con un método y un ritmo, sin que se nos vaya la fuerza por la boca, sin aserejés.

Desde hace un par de semanas, se viene produciendo en la ciudad estrecha un baile de voces que parece que tiene aires de verbena. Me refiero, claro, al asunto de la dimisión de la alcaldesa. Casi todas las pretendidas opiniones caen llovidas como de tormenta y no se detienen ni en los estropicios que pueden provocar ni en la solidez a que deberían aspirar: todo son descalificaciones generales y afirmaciones que valen lo mismo para un roto que para un descosido. De este modo, lo que se pretende conseguir se pierde en el humo y en la falta de consistencia, por falta de argumentos.

¿Por qué este nivel de decibelios y de generalidades? ¿Hemos perdido la capacidad de la serenidad y de la concreción? Los de la reforma de la Constitución conocen el camino correcto para conseguirla. Concrétense los apartados, consígnense en un programa político y llévense a las urnas. Está todo inventado. Los de los exabruptos contra la alcaldesa podrían sencillamente aspirar a algo de educación, para que podamos, como dijo el poeta, distinguir las voces de los ecos, y así intentar confrontar serenamente ideas, si es que las hay.

Lo demás es todo un Aserejé, que suena bien para una verbena veraniega con una sangría de más; pero que enseguida se desinfla y deja un poso de inanidad y de falta de consistencia poco edificantes.

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