martes, 20 de febrero de 2018

DIFERENTES // DESIGUALES


Para dentro de unos días se anuncia una huelga de mujeres reclamando igualdad y no discriminación entre géneros. Estamos en pleno apogeo de las protestas contra el acoso sexual y la violencia que llaman de género. Las protestas por la desigualdad salarial se han acrecentado… Y, en general, está en ebullición el comentario y el cuerpo visible de una situación que, para muchas personas, urge cambiar y actualizar.
El asunto -nuevamente- es tan denso y tan extenso, que apenas se puede dejar un simple índice de opinión. Pero para eso estamos, para equivocarnos y para dejar alguna muestra de lo que se piensa en torno de este asunto, tan importante en la convivencia y en la evolución social.
Echarle un vistazo a la historia, en lo que a la situación femenina se refiere, y ponerse a llorar es casi la misma cosa. Por cierto, ese lloro también se produce con el repaso de muchas otras variables.
Afirmar que darle una vuelta de actualización y mejora a todo este asunto es necesario y urgente no parece que sea descubrir ningún mediterráneo.
Simplificarlo en unos cuantos eslóganes y frases contundentes puede resultar práctico pero no sé si del todo correcto y hasta sensato. A veces estas formas de actuar producen un efecto de rechazo y de perjuicio contra el que las atiza.
Por el contrario, merodear por lo general de las causas y por la esencia de la dificultad nos permitiría ver mejor el bosque antes de dejarnos deslumbrar por el árbol más cercano y florido.
Utilizar el lenguaje y las estadísticas con precisión creo que ayudaría bastante a la defensa de la causa. Valga este ejemplo. Creo que, con demasiada frecuencia usamos como términos sinónimos los de “iguales” y “equivalentes”, y “diferentes” y “desiguales”, sobre todo esta última pareja. De nuevo la pobreza del lenguaje y su torpe aproximación a la realidad. No hay que insistir en las diferencias anatómicas que existen entre ambos sexos, y las que de ello se derivan. Y aquí no se ha pronunciado nadie acerca de la supremacía de un sexo o de otro, sino acerca de las diferencias. ¿Para qué hablar de igualdad en este asunto?
Algo totalmente diferente sucede con la igualdad o desigualdad que de ello se puede derivar. Nada tiene que ver eso con el hecho de que todos los seres humanos sean iguales y no desiguales en lo que a derechos y deberes se refiere. Y también de esta afirmación se deriva todo un sinfín de consecuencias en la vida real. ¿Cómo imaginarse, por ejemplo, que una persona con discapacidad no tiene los mismos derechos que una sin ella, sin que por ello tengamos que negar la existencia de esa diferencia? ¿O por qué destacar y premiar más unas habilidades que otras y no premiar el esfuerzo y la colaboración? Ahí está la valoración social de algunas profesiones (futbolistas, famosetes…) para confirmarlo y para avergonzarse tal vez.
Por todo ello, me parece que atacar el asunto en su punto esencial es lo que puede contribuir realmente a su mejora, mientras que otras formas pueden llevarnos a la confusión y al retraso en la solución del mismo.

Asunto este delicado para no entrar en terrenos políticamente incorrectos, pero crucial para una mejor convivencia y para una igualdad real y no solo simulada.

lunes, 19 de febrero de 2018

NOTA EN EL BOLSILLO DE UN PARADO


NOTA EN EL BOLSILLO DE UN PARADO

Esa disolución en que se funden
los ecos del pasado con las dudas
que manejan las horas del presente
es tan solo un cultivo en la probeta
que envuelve el discurrir de cada día.

Fueron primero al viento años felices
para vivir con ansias y con risas
toda una trayectoria de progreso:
incrementos, permisos, promociones.
(Larga vida al sistema y sus conceptos:
los recursos humanos, la excelencia).

Pero el viento cambió y se asomó el paro
(La crisis como fórmula eufemística:
recursos inhumanos, las ganancias),
y un creciente sentido de injusticia
despertó en los más hondo de los sueños.
Llegó luego el invierno y trajo el frío
de no saber a qué puerta acogerse,
y un rápido descenso a los infiernos
donde la soledad campa a sus anchas,
la humillación y el miedo ante los hijos,
y la esperanza rota y oxidada
en los últimos sitios de la cola del paro.

Llegó, por fin, un negro sentimiento
de vergüenza, que asciende y que devora
lo que a vivir aspira simplemente:
 la vida, los vecinos, el entorno…
y una búsqueda al fin desesperada
de algún apoyo que tuviera nombre
de religión, de moda o de autoayuda…

En esa mar rizada de tormentas
intentaba nadar contra las olas,
sin playas a la vista, sin ayuda
de un simple y amistoso salvavidas.

Acaso la corriente lo llevaba
hacia mares más turbios, procelosos.
Mi vista lo perdió mientras lloraba

con lágrimas tal vez de cocodrilo.

viernes, 16 de febrero de 2018

EDADES


EDADES

Las puertas del jardín están abiertas,
con la cancela gris y algo de herrumbre;
ya no guardan la luz de aquellas tardes,
en las que te asomabas, sonriente,
respondiendo a la voz de mi llamada.
Han crecido los tilos y los plátanos
tienen el tronco ancho, la mimosa
sigue dando perfume en el entorno...
Recuerdo que su olor nos cobijaba
y guiaba nuestros pasos, temblorosos,
que buscaban la sombra y la espesura…

La tarde, los deseos, el paisaje,
la luz y mi mirada en tu mirada.

Hoy vuelvo hasta el jardín y ya no suena
el ruido en la cancela, ni los tilos
me mandan un mensaje en su enramada.

Será que no estás tú y es todo ausencia,
todo se ha vuelto extraño y silencioso.

Estoy donde la luz me hizo feliz
hace ahora veinte años.
Y descubro, a la vera de la tarde,
que soy un cuerpo extraño
en esta excelsa alquimia del tiempo y del espacio:
Nada me reconoce ni contesta
cuando llamo a las cosas por su nombre:
¡Soy un siglo más viejo

y han pasado tan solo veinte años! 

jueves, 15 de febrero de 2018

DON FRANCÉS DE ZÚÑIGA

DON FRANCÉS DE ZÚÑIGA: ALGO MÁS QUE UN BUFÓN
Hace tan solo unos días, se presentaba en Béjar la novela “El manuscrito de fuego”, de Luis García Jambrina. Los dos personajes fundamentales en la obra son Fernando de Rojas y el bufón bejarano Francés de Zúñiga. En el trasfondo histórico y literario, se halla la “Crónica burlesca del emperador Carlos V”. A Francés de Zúñiga va dedicado este soneto, que no le deja del todo bien parado, pero que resume, desde mi lupa y mi creación, sus rasgos esenciales.

DON FRANCÉS DE ZÚÑIGA
Loco de buena gracia, que, en la corte
del claro emperador, dejaste huella
e hiciste con la reina sementera,
con afán de grandeza y sangre noble.

Borracho del tintorro y del aloque
en las noches de juerga y de tabernas
de Béjar, donde todas sus callejas
gritaban al unísono tu nombre.

Fuiste risa y bufón, Francés de Zúñiga,
flagelo de los nobles más señeros,
azote riguroso en que se acuña

la realidad más fiera y el espejo
donde mirar cómo se devalúan

la grandeza, el poder, los privilegios.

miércoles, 14 de febrero de 2018

"QUIEN LO PROBÓ LO SABE"



¿Cuántas veces se nos cae de la boca la palabra amor? ¿Y cuántas las de su familia léxica: enamorados, enamoramiento, enamorarse, desamor…? Yo la tengo incluida entre las principales de mi diccionario fundamental.
Dicen que hoy es el día de los enamorados, esa fiesta comercial que obliga a todos a intercambiar objetos o a trasladar deseos. Los sustantivos abstractos siempre dejan aristas en la definición y nadie sabe en suma cómo dar con la tecla que dé la nota exacta y el sonido preciso.
Y no será por falta de intentos. Desde que el ser humano ha dejado huella, en cualquier formato, el rastro del amor se huele en ellas. Relatos nos sobran para acercarnos a algo que se parezca al amor. Ahí está la Biblia, y está el diccionario, y están los poetas, y están los filósofos…. 
“Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas; si no tengo amor, no soy nada”.
La teoría dualista del amor (el espíritu y la materia) en Platón.
“Ama y haz lo que quieras”, de san Agustín.
El amor caballeresco medieval y el amor cortesano.
El amor místico de Juan de la Cruz: “Quedeme y olvideme…”
El amor trascendente de Quevedo: ”Cerrar podrá mis ojos…”
El arrollador amor romántico. O aquel otro más ñoño y más melifluo.
Y todas las variantes que se nos antojen. 

Pero hay un eco que nos dice que siempre falta algo, que andamos al acecho y no damos con ello de forma clara y firme. Y otra vez la palabra, pobre y fría, tan solo sugerente. Hasta que se rinde exhausta y dice no poder más. Entonces, ni la Biblia, ni Platón ni todos los creadores… Tan solo ese dejarse, abandonarse y sea lo que el destino nos tenga preparado. Así lo confirmó Lope en sus versos: “Quien lo probó lo sabe”. Y es la palabra “probó” la que nos da la pista y el camino hacia esa “sabiduría” tan sabrosa.
Estas son sus palabras:
“Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe”.

Hace años, me propusieron el ejercicio de definir el amor en cincuenta palabras. Lo hice también en verso y por ahí anda el resultado. También yo tuve esa osadía. Pero, aunque el resultado creo que no fue malo, nada tal vez como el último verso de Lope: Quien lo probó lo sabe. Tal vez no hay otra manera de acercarse a la densidad y a la realidad del amor.

Luego ya están las flores, el chocolate, y hasta el Corte Inglés, como sucedáneos en los que tantos se tienen que detener.

martes, 13 de febrero de 2018

NUBES ERANT SUB PEDIBUS


Las nubes estaban bajo sus pies”, escribía Petrarca. Aludía a la figura de la persona que se abstrae y que busca la visión panorámica por encima del detalle particular, que realmente se remansa en la vista del bosque frente al dedo y el pormenor.
En realidad, estaba poniéndole mojones al concepto del intelectual, concepto que, en buena medida, se debe también a él, en aquel lejano despunte y ruptura del largo período medieval.
Han pasado muchos siglos desde entonces y la asignación de este epíteto sigue realizándose con demasiada alegría, en cualquier situación y sin demasiado rubor por parte de algunos. A partir de cierto nivel de títulos académicos, uno parece que está ya a las puertas del prado de la intelectualidad. Lo mismo sucede con ciertas profesiones.
Yo me declaro incompetente también en esto y, por ello, debería abstenerme de opinar; pero debo confesar que, con mucha frecuencia, me sonrío, hago una mueca y procuro volverme hacia mí mismo, como dando a entender que aquello no va conmigo.
El mismo autor italiano dejó dicho que al intelectual le adornaban las virtudes y los vicios de la torpeza en las actividades físicas y que tuvieran que ver con el movimiento mecánico. De la misma manera, se desinteresaba por eso que llamamos aspectos más prácticos e inmediatos de la vida. Ese despegue de los elementos y actividades físicas le permiten el tiempo y la atención necesaria para emplearlos en la mirada más general y en la búsqueda de la esencia y los conceptos.
Es un genérico con el que tal vez esté de acuerdo, pero con muchos matices. Conozco personas con habilidades manuales extraordinarias y no menos capacidad para abstraer y pensar. Y sé de personas que ni “manitas” ni inteligente.
Tampoco estoy muy seguro de que la definición de intelectual se mantenga incólume a lo largo de los siglos y no se adapte al cambio de los tiempos.
En todo caso, lo que realmente me importa es el acomodo que del concepto puedo hacer a mí mismo, como persona que puede manipular y pensar. Me río al considerar mi realidad y me reservo la golosa de lo que descubro. En realidad, es un ejercicio que realizo de vez en cuando. Y no sé siquiera si eso de ser intelectual se puede definir, ni quién se puede incluir en tal categoría, ni si es bueno o malo pertenecer a ella o estar al otro lado de la valla.

Pero juro que no es mal ejercicio, porque semeja un examen de conciencia y te empuja a modificar cosas o a seguir en el mismo vagón del tren. Al fin y al cabo, otros días juega uno a las cartas, o se da un paseo, o incluso se queda perplejo viendo pasar las horas y la luz que las acompaña hacia ese destino desconocido al que parece que nos invita para que la sigamos.

domingo, 11 de febrero de 2018

SEÑALES DE HUMO


En este descanso carnavalero y carnavalesco, siguen las opiniones y los análisis de la realidad de nuestra piel de toro. Y seguimos con la matraca del asunto catalán. He escrito “asunto”, una palabra baúl que sirve para todo y no concreta nada, porque no sé qué debo escribir: dificultad, problema, dilema, atolladero, conflicto, tema…, o juerga, lucha, batalla, combate, polémica, pasión, ideal… Qué sé yo. Es que no sé concretar nada, cada día menos, para mi desgracia, porque, en realidad, no sé qué sea esto.
En una entrevista al profesor Ignacio Sánchez Cuenca, persona por la que siento respeto en lo que opina, leo lo siguiente: No es un problema de reforma constitucional, que no la va a haber porque la derecha la vetará. La cuestión es que no hemos sido capaces de proporcionar una lectura abierta de la Constitución que permita un ejercicio de la democracia más inclusivo”. La respuesta se enmarca en una larga entrevista, en la que se opina acerca de muchas cosas, pero sobre todo del asunto catalán, su encaje, los comportamientos de ambas partes y las posibles soluciones.
Elijo esta afirmación porque me parece que abarca casi todo y porque representa, creo, la línea general de sus opiniones y respuestas. Es, además, una afirmación que me parece ver en muchísimas ocasiones.
La miro, la remiro, la contemplo, la descompongo, la analizo… y me quedo con los ojos como platos, sin saber cómo interpretarla ni cómo visualizar su aplicación. “Ejercicio de democracia más inclusiva”. ¿Y eso qué es? ¿Cómo se sustancia? ¿En qué se concreta y cómo se visualiza? ¿Qué principios ideológicos y sociales se rompen o se implementan con la democracia más inclusiva? Me pierdo, me pierdo y me pierdo.
Creo que mi corta mente puede alcanzar hasta el nivel de entenderlos términos “democracia” e “inclusiva”. Hasta ahí podíamos llegar. Uno no es tan tonto, coño. Pero repito, no encuentro a nadie que me concrete en qué medidas se tiene que plasmar esa inclusión.
Porque convendría hablar claro y no engañar al personal, que para eso ya están los escritores, los perfectos fingidores como los llamaba Pessoa. Átenme esa mosca por el rabo e inclúyanme todo lo que haya que incluir, por favor. ¿O es que hay alguien que no está dispuesto a que todos, también los catalanes, pero todos, se hallen contentos e incluidos alegremente en la comunidad?
He pedido en numerosas ocasiones que las mentes más preclaras concreten leyes y hechos que permitan esa democracia más incluyente. NO TENGO RESPUESTA, SOLO AFIRMACIONES GENÉRICAS QUE COMPROMETEN POCO O NADA. A modo carnavalesco o tragicómico, he propuesto algunas por ver si los tiros van por ahí o apuntan a otros hechos. Repetiré algunas que me vengan a la mente:
1.- ¿Permitir que los catalanes se levanten a las tres de la mañana y los demás no?
2.-  ¿Obligar a todos, menos a los catalanes, a levantarse a las tres de la mañana?
3.- ¿Impedir que en el resto de España se hagan castillos o torres de más de cuatro pisos?
4.- ¿Permitir que en Cataluña se circule por la izquierda y en el resto de España no?
5.- Impedir que en España, salvo en Cataluña, se crezca por encima del metro y medio, o al revés?
Y así hasta el juicio final.
Concreten, por favor, concreten y déjense ya de generalidades.
Estoy viendo ya venir con la monserga de la mayor autonomía, de leyes y competencias propias, de recaudaciones particulares, de instituciones diferentes, de… todo lo que separe unas formas de vida de las de otros lugares.
Y a mí me surge siempre la misma pregunta: Si esto de la diferenciación es bueno, que lo sea del todo y animemos, defendamos, propugnemos y proclamemos la separación de territorios, la creación de los estados que haga falta y no nos quedemos a medias tintas con contentar peticiones y derechos intermedios. Si se trata del bienestar de las personas, no de idealizaciones imbéciles y sin base real. Vengan las independencias y las subdivisiones, los cuarteamientos y hasta las divisiones por barrios y por portales. Lo proclamo con toda solemnidad y sin ninguna ironía.
Eso sí, si de ello se deduce la diferencia de derechos, las desigualdades económicas, las posturas supremacistas y prefascistas, el rechazo continuo, los apuntes de racismo y el impulso de conceptos (pueblos, naciones, destinos…) de dudoso respeto y realidad, entonces conmigo que no cuenten.
Aún creo que estoy a tiempo de que me convenzan de que algo así es positivo, e incluso a veces pienso que algo de bueno tiene que haber cuando tanta gente parece defenderlo. Pero cada día lo veo más confuso y agotador. Y no puedo ni debo dar rienda suelta a mis impulsos porque me arrepentiría cualquier rato de estos.
Sigo creyendo, cada día con más fuerza, que existe otra visión de la vida y de la convivencia radicalmente distinta, que tiene sus bases en la cooperación, en la ayuda y en el reparto social,  y hasta en el amor, y no en la mirada de reojo y en las diferencias, en yo soy más que tú y mis esfuerzos solo están encaminados a separarme de ti, sobre todo si tengo que compartir la mesa y tú aportas en teoría menos.

Desde esta visión, tal vez idealizada, aseguro que todo lo que está pasando se ve con fastidio y hasta con rabia. Qué le vamos a hacer.