viernes, 20 de octubre de 2023

EL TIEMPO SE HA HECHO PESO EN MIS ESPALDAS

 EL TIEMPO SE HA HECHO PESO EN MIS ESPALDAS

 El tiempo se ha hecho peso en mis espaldas

con una rapidez desconcertante.

Lo que otro tiempo fueron horas todas

de amores encendidos, ilusiones,

proyectos de futuro, planes, cálculos,

hoy son solo un relámpago que brilla

sin darme apenas tiempo a deslumbrarme

con la fuerza absorbente de sus luces.

Yo también soy un tímido relámpago

que mira hacia la noche y que se siente

tal vez un espejismo, coincidencia

de las reglas sin regla del azar

en esa sucesión interminable

de cuerpos y más cuerpos y más cuerpos,

que vino a dar por suerte en este cuerpo,

como resto de todos los naufragios.

Pienso a veces que solo soy pasado,

recuerdos que, al volver a revivirlos,

me dejan sin resuello, balbuciendo,

en medio de esas horas de la tarde

que apuntan con sus sombras al ocaso.

 

Y no he de ser proclive al desaliento,

pues que todo se ha puesto a mi servicio

y el pasado no es más que la cosecha

que madura en las manos del presente.

No quiero ser historia, pues aspiro

a ser vida y conciencia en cada trance

que me asignen el tiempo y el espacio.

 

Suplico a mi conciencia que haga cuenta

de que no tengo prisas, pues la vida

merece casi siempre hasta vivirla.

¡La noche que persigue al horizonte

se presenta tan lóbrega y tan larga…!

lunes, 16 de octubre de 2023

¿QUIÉN, QUÉ CÓMO?

 

¿QUIÉN, QUÉ CÓMO?

Imaginemos que queremos reunir personas y opiniones en torno de una idea que se va a desarrollar en un lugar y en un tiempo determinados. Pongámosle título al asunto. Y ya, puestos a poner y a titular, no nos quedemos con las ganas. Ahí va: «¿CÓMO CAMBIAR EL MUNDO?». Con dos. Pero de buenas intenciones está el mundo lleno. Eso sí, si no nos atrevemos a una reunión de muchos, hagámoslo por nuestra cuenta y riesgo. Nos faltará variedad, pero ganaremos en sencillez. Pues, ¿por qué no?

La organización lógica de una oración empieza por el sujeto, continúa por el núcleo del predicado y sigue con sus complementos. Por eso el título de estas líneas. Pero, como andamos entre interrogaciones, destacamos en primer lugar aquello que más nos llama la atención. Por eso el orden de la pregunta también podría ser y es este: ¿CÓMO CAMBIAR EL MUNDO?

Sabiendo que se trata simplemente de un ejercicio de intenciones y que no espero ningún resultado inmediato ni definitivo, me surgen enseguida algunas preguntas. Son estas:

1.- ¿Qué significa cambiar?

2.- ¿En qué consiste eso de cambiar aplicado a una realidad?

3.- ¿Cómo se concreta y qué realidad abarca eso de «el mundo»?

Necesito una pequeña parada porque me he quedado atascado y no sé cómo seguir. Y al poco: ¿En qué dirección ha de ir ese cambio? Y aquí ya me enredo en las posibilidades. Porque miro a mi alrededor y unos cambios me reclaman más que otros. Ahora mismo se está produciendo un conflicto -ellos ya lo llaman directamente guerra- entre Israel y Palestina. Y hay otras cuantas más extendidas por diversas geografías. Entonces, ¿cambiar para la paz?, ¿concentrar los esfuerzos en eso?

Si no tuviera la inmediatez de las guerras, es muy posible que mi atención se centraría en algo tan genérico como eso que llamamos el cambio social. Pero tendría que definir en qué consiste ese cambio social, asegurarme de cuántos están en el mismo intento y a quién beneficiaría ese cambio social. Porque tal vez aquello que yo pienso que favorece a algunos, sea considerado por otros como algo perjudicial para los mismos. De manera que esa idea general y aparentemente tan positiva y neutra puede complicarse a la hora de su aplicación. Y no digamos si ponemos encima de la mesa otras prioridades y concreciones: la ecología, la igualdad de género, los derechos fundamentales…

Si hubiéramos dado con la tecla de la acotación del cambio, habría que ponerse a la labor de pasar de las musas al teatro, es decir, de llevar a cabo eso que hemos definido. ¿Con qué método ideológico, social, político, sindical…? Mucho tajo para tan poca fuerza. Pero algo hay que elegir. Y uno, tímidamente, se va al rincón de pensar, para tratar de extraer de él algún mandato concreto con el que actuar en eso que abarca el término cambiar.

Incluso, en el caso de traer algo claro de ese rincón, me quedaría la labor de ponerle límites a la realidad a la que quiero aplicar ese mandato. ¿A qué parte de la realidad voy a aplicar eso? Porque las fuerzas son las que son, las posibilidades de influencia no son muchas, y eso del mundo se me escapa por todos los costados, me supera y corro el peligro de morir en el intento casi antes de empezar la tarea.

Así que mi cabeza se infla y se desinfla, se pierde y no se encuentra, se desanima y vuelve a tomar resuello, cae y se levanta… y anda desconcertada por tanto pájaro como le vuela en la mente.

Tal vez uno no debería emular a don Quijote, que creía que iba a solucionar todos los tuertos del mundo. Acaso hay que rebajarle los humos a eso de cambiar y conformarse con la suma de pequeñas modificaciones que hagan real aquello de que «un grano no hace granero, pero ayuda al compañero». Puede que no sea malo tener presente aquello de que «el que mucho abarca poco aprieta». Y no estaría de más saber situarse en un espacio y en un tiempo pequeñitos, esos que crea y que abarca la conciencia de cada uno.

No sé si, en definitiva, el mejor cambio del mundo no se concreta en el cambio de uno mismo, en amueblar nuestra propia casa antes de arreglar la del vecino, porque entonces estaríamos en las mejores condiciones de ayudarle a arreglar la suya. Tal vez también porque, como decía Unamuno «El ser individual es la realidad primaria: Nada hay más universal que lo individual, pues lo que es de cada uno lo es de todos». No sé.

viernes, 13 de octubre de 2023

PARTIDA CELESTIAL EN ORIENTE MEDIO

 

PARTIDA CELESTIAL EN ORIENTE MEDIO

 

Alá y Yahvé jugaban la partida

-con café, copa y puro- en sobremesa.

(Un gran coro de dioses observaba

y aguardaba su turno y ocasión).

 

-Te canto veinte en bastos. -Y yo, en copas.

-Pues entonces te jodes y te arrastro.

-Asisto y te repito: tengo triunfos

para dar y tomar. -Bebe otro trago

mientras le pido más al camarero.

-Echa un vistazo y luego comentamos,

mira cómo se matan ahí abajo

en nombre de algún dios desconocido.

-Déjalos, no los toques, pues si eso haces

les quitarás la venda de los ojos,

se les vendrán abajo sus excusas

y nosotros iremos sin remedio

al reino del olvido y de la nada.

-Pues arrastro de nuevo y echo un brindis

por tanto gilipollas que anda suelto

por los anchos caminos de este mundo.

-No es preciso que brindes, su torpeza

es tan grande, que, cuanto más les mientes,

más tontos y fanáticos se vuelven.

-Pues que sigan montando batallitas

en nombre de ese dios: su fanatismo,

que arraiga y crece libre en la ignorancia,

impedirá que acabe esta partida

que nos tiene a los dos entretenidos.

 

 

En medio del fragor de la batalla,

las espadas, los odios y las bombas

miraban hacia el cielo suplicando

la clemencia de Alá ante tanta sangre

o la ayuda divina de Yahvé.

Se inmolaban los cuerpos, las ciudades

eran aras gigantes en las cuales

se oficiaba una lúgubre liturgia

con negros y macabros oficiantes.

En el sancta sanctorum, el silencio.

Y nadie molestaba la partida

que Alá y Yahvé jugaban a las cartas.

martes, 10 de octubre de 2023

CONVICCIÓN / CONVENIENCIA

 

CONVICCIÓN / CONVENIENCIA

El lenguaje es pobre, es aproximación débil a las cosas, representación imperfecta de la realidad, dibujo gris del mundo, catapulta y escenario, representación… Es esto y muchas más cosas. Pero, además, es algo muy importante, que se debe expresar en formato negativo: el uso del lenguaje no es neutro ni neutral. Es decir, que el lenguaje toma partido, selecciona, jerarquiza, aclara, se pone de parte de, apunta hacia un lado concreto…

La deducción inmediata es que no puede ser utilizado de cualquier manera, ni por ignorancia ni por mala fe. Porque tiene consecuencias y produce resultados concretos que, o aclaran la realidad, o nos llevan al engaño sin darnos cuenta. Este cuidado debería ser algo más exigido en aquellos que tienen voz pública o representan las voluntades de otros. Sobra decir que a la mente acuden enseguida aquellas personas que tienen voz en medios de comunicación de masas o son representantes sociales o políticos. Pero, en una u otra medida, es algo que nos concierne a todos en cuanto somos usuarios y beneficiarios del lenguaje.

Me detengo -no por azar- en estas dos palabras: convicción y convencimiento. Y lo hago porque creo que son de aplicación a lo que sucede ahora mismo, y, si se me permite decirlo, a todos los hechos de la vida. Seguimos en plena campaña de negociaciones para la investidura del candidato socialista Pedro Sánchez. Como parece elemental, las reuniones se suceden con los diversos partidos, para tratar de llegar a acuerdos. Los medios de comunicación se pasan el día poniendo los puntos sobre las íes y tratando de buscarle tres pies al gato en interpretaciones del más insignificante detalle, adelantando intenciones y analizando gestos. Todo está sobre la mesa y a todo se le busca punta.

No sé si separamos de verdad lo importante de lo que tiene importancia. Quiero decir aquello que se puede creer importante de lo que realmente lo es. Y ahí es cuando aparece el dúo convicción conveniencia. Tengo la impresión de que, en la cabeza de muchos políticos y en la de muchos más periodistas, se eleva a categoría más alta la conveniencia que la convicción. Me gustaría estar equivocado, pero esta es mi impresión. En mi escala de valores, por supuesto, la convicción se alza por encima de la conveniencia, y como tal me gustaría actuar en mi comportamiento. Otra cosa es que mi debilidad dé paso a la conveniencia.

La convicción tiene su base y su sustento en los principios. La conveniencia la tiene en los intereses. La convicción se hermana con la razón, mientras que la conveniencia se va del brazo de la inteligencia, esa cualidad humana que tanto estimamos, pero que se supedita a conseguir réditos y beneficios personales.

Se podrá argumentar -con razón- que la política es el arte de lo posible, y que lo posible siempre tiene sus limitaciones. Para enredar más el asunto, yo añadiré que no creo en verdades absolutas. Con ello ya tenemos la ensalada mixta puesta en la mesa. Volveremos, entonces, a aquello de los grados y a los tantos por cientos con los que se haya guisado esa ensalada.

Pero, si nos dejamos llevar por la conveniencia, corremos el peligro de no llegar nunca a la convicción y a la razón (esa capacidad humana que nos puede llevar a defender situaciones incluso si nos perjudican a nosotros mismos). Y entonces habremos hecho un pan como unas tortas, pues habremos abierto las puertas al todo vale y justificar casi cualquier medio si nos sirve para conseguir el fin buscado. Atención, peligro.

¿En qué quedamos, pues, convicción o conveniencia? A mí me toca decidir en mi actuación individual, que no es poco; incluso mostrar mi opinión al respecto. A otros les cabe pensárselo con serenidad y razón, pues representan a muchos y las consecuencias de sus decisiones afectan a toda la comunidad.

Acaso, lo mismo que necesitamos siempre un referente legal para la convivencia, necesitemos algún tipo de convicción en el horizonte que nos guíe para admitir o rechazar todo lo que afecte a la conveniencia.

viernes, 6 de octubre de 2023

EUROPA EN GRANADA

EUROPA EN GRANADA

 «Jamás en mi vida habité un lugar más delicioso que este (Granada) y nunca podré encontrar otro que se iguale». Washington Irving.

«Las lágrimas me subían a los ojos, y no eran lágrimas de pesar ni de alegría, eran de plenitud de vida silenciosa y oculta por estar en Granada». Miguel de Unamuno.

 «Por el agua de Granada, sólo reman los suspiros». Federico García Lorca.

«En ninguna parte del mundo suena el paisaje como en Granada». Manuel de Falla.

La lista de textos laudatorios de Granada es inagotable. Aquí solo he seleccionado un ramillete. Y qué bien merecido se lo tiene esta ciudad embrujada en la que se deposita la memoria de varias culturas que deberían sumarse en una celebración conjunta.

Allí se han reunido los jefes de Estado de media Europa con la intención de al menos mostrar sus buenas intenciones y su voluntad de analizar en qué situación se halla esto que llamamos Europa, así como para preparar el futuro más inmediato que le espera.

Los que tenemos cierta edad sabemos que los años setenta y ochenta del siglo pasado representaron una ilusión sin fisuras hacia el espacio europeo, un anhelo de respirar sus libertades, sus inquietudes y hasta sus penas… Sencillamente, queríamos ser europeos.

Hoy, pasados casi cuarenta años desde nuestra incorporación a este club, la fe no sé si sigue intacta. Han sucedido muchas cosas: ampliaciones, tratados, leyes… No obstante, el genérico sigue en pie, erguido y con base fuerte. Otros mundos son posibles. Este es mejorable. Pero casi todos estamos satisfechos de pertenecer a él, a pesar de tantos rotos y descosidos.

El anfitrión, por turno, en este caso, es España. Y parece evidente que estamos a la altura de las circunstancias. Si esto es así, lo es porque poseemos, a pesar de todos los pesares, espacios maravillosos, geografías incomparables, gentes acogedoras, historia de la mejor y de la peor, referencias intelectuales y artísticas en abundancia…, y un no sé qué que deja medio en suspenso la voluntad de tantos. Este país se fustiga más de la cuenta, se deja llevar por un papanatismo que sobrevalora casi todo lo que viene de fuera (sobre todo si viene del ‘imperio’), con frecuencia minusvalora sus propias virtudes, da crédito con demasiada facilidad a opiniones foráneas no siempre bien documentadas y, en consecuencia, desde hace mucho tiempo parece instalado en un complejo de inferioridad que en nada le favorece.

Es hora de sentirse orgulloso de lo que hay que sentirse. Porque hay muchos argumentos en los que sustentar ese orgullo. Sin sacar pecho. Sin alharacas. Con orgullo contenido. Y sabiendo que hay mucho por detrás y mucho más si miramos al futuro.

El numeroso grupo de jefes de Estado en una fotografía, con la Alhambra como fondo, viene a mostrar la importancia que tiene darles a las relaciones una orientación positiva y esperanzadora.

En Europa queda mucho por hacer. Ojalá los esfuerzos de todos se orienten en este sentido y no en el del enfrentamiento y en el de la división. Que se lleven todos alguna de estas fotos en su cabeza y en su conciencia.

Y que en España prenda alguna vez también la mecha de la colaboración, del espíritu positivo, de las ilusiones comunes. Y que se marchen por la puerta de atrás los egoísmos, los enfrentamientos irracionales y los aldeanismos de todo tipo.

Granada, la Granada de estos días, no es más que un símbolo y un espejo en el que mirar, para ver si nos vemos bien o tenemos que dar una vuelta a nuestro traje y a nuestro aspecto.   

El poeta Francisco de Asís de Icaza escribió estos hermosos versos: «Dale limosna, mujer, / que no hay en la vida nada, / como la pena de ser, /ciego en Granada».

Granada no necesita limosna porque posee riqueza en abundancia. No sé si podemos decir lo mismo de Europa, de España y de nosotros mismos.

miércoles, 4 de octubre de 2023

VIOLAR

 

VIOLAR

«A nadie se le ocurriría amnistiar a un violador que está metido en la cárcel. Si ha habido un escándalo monumental porque algunos violadores han ganado años de cárcel, ¿cómo se puede soportar que alguien viole a 40 millones de españoles? Quien viola la Constitución está violándome a mí».

 Palabras textuales de Rodríguez Ibarra, expresidente de Extremadura, hoy mismo, acerca de la posible amnistía. Casi nada. Estas declaraciones han escandalizado a medio país, o al menos a muchos de los dirigentes políticos que más se escuchan. Veamos.

Una palabra debe ser interpretada a partir de su étimo, de su origen, tanto en la forma como en el significado. Porque una palabra, sobra decirlo, posee significante y significado. Pues bien, «violar» (y sus derivados: violador, violencia…) procede del verbo latino «violare». Ninguna dificultad en la evolución fonética, pues conserva la forma tal cual, salvo la pérdida de la -e final. Su significado primitivo es el de hacer violencia, maltratar, saquear, profanar. También parece evidente que posee un significado general, que se aplica a cualquier tipo de violencia. A cualquier tipo. La RAE lo recoge con esta definición: «infringir o quebrantar una ley, un tratado, un precepto, una promesa». Es verdad que, en su segunda acepción, se concreta en esto: «Tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad…». De nuevo (parece que con buen criterio) mantiene como significado básico el general de causar violencia infringiendo cualquier ley.

Los componentes de una lengua, las palabras, evolucionan constantemente, tanto en la forma como en el significado. Nosotros no hacemos otra cosa que hablar latín evolucionado. Las causas son muy numerosas, como son numerosos los elementos que se cruzan en la vida de cualquiera. En la evolución de los significados, es el campo de las connotaciones (esos añadidos emocionales según el contexto) el que más se ve expuesto a los cambios. Y en ellos meten baza y se llevan el gato al agua los elementos, particulares y sociales, que más fuerza poseen. Sin necesidad de concretar, es muy sencillo reconocer la importancia de la religión en el significado de muchas de nuestras palabras. Piénsese en los eufemismos…

Pues en estas estamos cuando al señor Ibarra no se le ocurre otra cosa que utilizar la palara «violar» con las connotaciones sexuales, que lo acaparan todo, aplicadas al mundo político. El fin del mundo, el apocalipsis. Pues saben qué les digo, que lo ha calcado; etimológicamente, lo ha calcado. Pero, como no ha sido políticamente correcto, le ha caído la del pulpo. Los mismos que, con toda naturalidad, dicen que alguien «ha violado la ley» se escandalizan por un uso correcto, primitivo y general. Se olvidan interesadamente -peor sería que fuera por ignorancia- de que, en democracia, todo lo que no es ley es violencia.

En el ejemplo que nos ocupa, vamos de lo general a lo particular, podemos decir que hacemos sinécdoque invertida pues aplicamos el todo a una parte. Ya ven, una pirueta literaria más.

Pero, como el mundo vive de apariencias, y las connotaciones le han robado totalmente el terreno a las denotaciones, habrá que intentar adaptarse para seguir viviendo en comunidad. ¿Hasta qué punto esa adaptación? Como siempre, la comunidad es la que construye la lengua, es su dueña, y no está mal que así sea. Sin embargo, no parece que sea pedir demasiado cuando se sugiere que al menos esa comunidad se deje guiar por quienes conocen algo mejor el percal, simplemente porque se dedican a ello.

Con la iglesia hemos topado, y no se trata de la iglesia física del Toboso, aquella que aparece en uno de los capítulos de la inmortal obra de Cervantes, sino de otra, o de otras, que poseen una fuerza capaz de orientar las sensibilidades y las opiniones en un sentido o en otro.

El señor Ibarra ha calcado el uso de «violar». Media sociedad se ha escandalizado. Tenemos una dificultad grave en la comunicación. En estos momentos, violar solo nos lleva a contextos sexuales, eso que parece que ahora lo copa todo. Como si no se pudiera violar ninguna otra ley. Cachis.

En todo caso, señor Ibarra, tenga cuidado con las imágenes, que el mundo no es más que representación, y se le puede quedar mala cara en el espejo gigante de la pasarela pública.

lunes, 2 de octubre de 2023

PERIÓDICOS

 

 PERIÓDICOS

He perdido la cuenta del tiempo que hace que no compro un periódico de papel Tengo una suscripción anual digital a un diario nacional y accedo con facilidad a casi todo lo que me interesa en los formatos digitales abiertos. De hecho, cuando veo a alguna persona con un diario bajo el brazo o sentado en un banco del parque leyéndolo, tiendo a ver el ella a un bicho raro y como de costumbres desfasadas. Así las cosas, no es difícil ejercer de adivino y aventurar la decadencia y tal vez la desaparición de los periódicos de papel.

Yo creo que dos de las variantes que más han empujado al crecimiento de la prensa digital tienen que ver con el hecho de que se pueden renovar varias veces al día y, sobre todo, que, en este formato, todo se abre a la participación de los lectores. Cualquier noticia u opinión se comenta y suscita controversia entre los lectores. De tal manera que más bien parece que estamos casi ante una obra colectiva a la vez que fugaz y casi instantánea. Además, esto retroalimenta a unos y a otros a la hora de seleccionar noticias y de suscitarlas. Como la ventana se abre a todo tipo de vientos, el resultado es una tempestad continua en la que caen tanto rayos como gotas de lluvia, truenos o relámpagos según el perfil de cada interviniente. Tanto en la forma como en los contenidos.

A mí me resulta, por una parte, divertido y, por otra, triste y desconsolador. Es más fácil encontrar forofos entre los opinadores que argumentos sosegados y hasta dubitativos. O se es de la A, o se es de la Z.

Sucede en todos los ámbitos de la vida, pero, si nos queremos divertir o enfadar más, no hay más que introducirnos por un momento en el terreno deportivo o en el político. Repasar las opiniones vertidas acerca de cualquiera de las intervenciones de la presente investidura nos aclarará cualquier duda. Otro tanto sucederá con cualquiera de las últimas noticias de carácter deportivo: último partido del Madrid o el Barça, investigación del caso Negreira… Casi en cualquier asunto interesa más el perjuicio del contrario que el beneficio propio. Y todo ello sin pudor a la hora de expresar las opiniones. Somos como soldados que damos y recibimos soflamas antes de entrar en batalla. Si trasladamos eso a algún medio de ámbito más reducido, no solo no cambia el panorama, sino que las faltas de razones se acentúan. Hace ya bastante tiempo, colaboraba en un medio local con artículos de opinión. Lo dejé de hacer por varias razones, pero sobre todo por los disparates y sinsentidos que aportaban las respuestas de algunos de los cobardes y anónimos opinadores.

Y no es eso, no es eso. La vida se conduce en claroscuros, en vaivenes sin fin, en más y en menos, en un cuarto y mitad de cada kilo, en caídas y levantamientos, en alegrías y ratos de tristeza, en un presente eterno que asume que el pasado es lo que somos y que encuba los vientos del futuro.

Yo tengo mi propio periódico digital en estas páginas, que luego irán al formato del papel. Menos mal que no observo controversias. Tal vez por la insignificancia de lo que digo, acaso porque estas palabras no llegan a casi nadie, o vete a saber por qué. No me importaría que se sumaran otras opiniones, pero, si es para actuar como forofos, mejor es que permanezcan en la abstención.