domingo, 8 de julio de 2012

LO QUE USTED MANDE


Leo estos días, con cierto gusto porque se deja, una novela que aborda, sin más trascendencia ni pretensiones, el asunto de la roba de bebés, esa tenebrosa realidad que tal vez haya sido practicada siempre y que, en nuestro país, ha tomado carta de naturaleza judicial y periodística en los últimos tiempos.
No tengo datos para afirmarlo con rotundidad, pero creo que la autora aprovecha el tirón social y la dirección del viento para montar una historia de unos centenares de páginas en torno de esta preocupación. Me gustaría saber hasta qué punto, desde la editorial, le han impuesto las líneas generales: idea central, número y perfil de los personajes, escenarios, final… Apostaría en favor del sí unos cuantos euros. Tampoco estoy para condenar a nadie pues todos vivimos un poco de la comunidad y de lo que esta nos dicte.
Me sirve el ejemplo de pretexto para pensar en el agente real de la cultura, para dar con la casa de reuniones en la que se decide qué se ha de hacer y qué se ha de dejar en el olvido.
Sospecho que el lugar de decisión se ha trasladado a lo largo de la Historia desde unos lugares a otros. Que no hay unipolaridad es evidente pues nada se explica sin el principio de causalidad múltiple. Como siempre, se trata de dar con la diana de lo que resulta más importante y decisivo, en este caso a la hora de determinar qué es cultura y, por tanto, cómo se generan actos de cultura.
Tradicionalmente, la historia nos ha dado minorías que marcaban las pautas y que establecían el canon en el que cabían o no las obras llamadas de cultura. Además, la degustación -por asistencia, comprensión o lectura- de las mismas era negocio de particular juicio, como diría el poeta. La iglesia tenía mucho que decir, y todo lo que en su entorno se desarrollaba, también.
Hoy seguramente todo ha cambiado. Hoy es la masa la que determina y sanciona la cultura con su aprobación o con su rechazo. Casi cualquier ejemplo nos podría ilustrar.
Sirva uno musical. ¿Quién determinaba hace unos siglos que una obra de Mozart pertenecía a la gran cultura? Unos poquitos en sus selectos salones o estudios. ¿Quién sanciona hoy que una canción de U2 también pertenece a la gran cultura? Ya no son las minorías sino una inmensa mayoría que compra, asiste a conciertos, divulga y se entusiasma con la misma. El centro de poder ha cambiado.
O acaso solo aparentemente porque detrás de esa canción existe una enorme promoción que crea opiniones favorables o contrarias al producto, y engrandece héroes y mitos como reclamo de sus productos. Detrás de esas promociones está el poder del dinero y de los medios de comunicación. Y los medios de comunicación los dirige y controla una inmensa minoría. ¿Es verdad que esta dichosita última eurocopa habría sido la misma sin los intereses económicos y la publicidad de los medios de comunicación? Ummmmmm.
Es verdad que existen nuevas armas publicitarias y elementos técnicos que han popularizado las fuerzas de decisión. No es fácil embridarlas, pero la batalla sigue siendo desigual y eso de la democracia teórica anda muy lejos de la democracia real, como lejos anda casi siempre la relación entre la opinión pública y la opinión publicada.
Así que a veces podemos dejarnos llevar por el optimismo pensando que todo avanza para bien. Tal vez, pero yo no soy tan optimista siempre.
Seguimos en un salón de baile en el que damos un pasito para delante y otro para atrás.  

No hay comentarios: