lunes, 21 de junio de 2021

LA FUERZA POR LA BOCA

 

LA FUERZA POR LA BOCA

Sabido es que Sócrates consagra un método de acceso a la verdad basado en la conversación, en la dialéctica, en el diálogo. Con él se aspira al ascenso a las verdades universales desde los casos particulares. No siempre se consigue, pero ahora ya se trata de un estadio en el que las ideas buscan la universalidad y a la permanencia, por encima de los casos en los que se encarnan. Son las bases del método inductivo y es su mayéutica, la manera de acercarse a la verdad, y de hacerlo no como pura especulación, sino para que ello sirva para vivir conforme a lo debido y para obrar el bien, o sea, para que tuviera una realización práctica y ética.

Al hijo de la partera le gustaba ‘asaltar’ a cualquiera que se encontraba por la calle, le ofrecía conversación, le formulaba preguntas acerca de un concepto (aparentando una situación de presunto ignorante) y le iba guiando para que el ciudadano fuera progresando en el razonamiento. Después, solo después, la sabiduría de aquel que confesaba “solo sé que no sé nada” igualaba o contraponía su manera de concebir la definición del concepto y así llegaba a un acuerdo con el sorprendido viandante.

Claro, por eso lo acusaron de corromper a la juventud y a los ciudadanos en general. No me extraña: ¡los conminaba a pensar!; ¡era un revolucionario! ¿A dónde vas, Sócrates, con estas pretensiones? Y encima dándotelas de tontito y de ignorante. Como si un cualquiera te pudiera enseñar y tú le pudieras responder con serenidad, en busca de la verdad y de los conceptos absolutos. ¡Qué actitud tan modélica!

Algo similar a lo que sucede hoy en casi todos los campos de la actividad humana. O, si no, miren qué ocurre en las intervenciones de los representantes públicos. Pero miren, por favor, con ojos de conmiseración, para no perecer en la contemplación. ¿Alguien ve por algún rincón algún atisbo de sumar fuerzas y posibilidades para solucionar dificultades? En vez de identificar la raíz de un conflicto y después aportar visiones razonadas para intentar resolverlo, lo que vemos siempre son voces y deseos de echar por tierra al contrario antes que nada. De tal manera lo vemos, que tenemos la sensación de que lo que menos importa son los conflictos y solo interesa la derrota del adversario. En eso se nos van las fuerzas, las voces y los insultos. Por el camino hemos perdido los modales, las formas y, lo que es peor, las razones y los razonamientos. A la vuelta de la esquina nos aguarda la desilusión, la desesperanza y el alejamiento de la res pública. Y solo un paso más adelante, la pérdida de la convivencia pacífica y la imposición del más fuerte en economía y en capacidad para la apariencia y el embaucamiento. Cuando tengamos la percepción de que todo se nos va en esfuerzos para ganar elecciones y de que todo vale para conseguir que el recuento de votos nos sea favorable, entonces la democracia como modelo estará tambaleándose y se estarán abriendo las puertas a otras formas más peligrosas de relación.

Lo expreso para el campo de la representación política, pero me parece que opera de la misma forma en los demás ámbitos de la vida. Que cada cual elija unos cuantos ejemplos y que compruebe a ver si es cierto o falso.

En estos días, por ejemplo, leo y escucho descalificaciones absolutas hacia seleccionador de fútbol expresadas con unas formas tan insultantes que dejan sin fuerza cualquier atisbo que verdad que haya en ellas. Es otro ejemplo público de ahora mismo. Y así hasta el absurdo.

Si no se quiere ir muy lejos, analícese cualquier conversación y véase en qué medida se escuchan los asistentes y en qué proporción se mezclan monólogos individuales.

Sócrates, el ser más sabio de su tiempo, escuchaba a sus interlocutores y les encaminaba en sus propios razonamientos. Pues, aun así, no siempre llegaban al concepto ni a la verdad. ¿Qué podemos esperar de tantos voceras a los que se les va la fuerza en el tono y ni siquiera levantan la tapa del baúl de los razonamientos? Habría que imponer en el código correspondiente la pena del silencio como método de recuperación y de reinserción en la comunidad. No sería una de las condenas más pequeñas.

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