lunes, 7 de enero de 2019

PROGRAMADOS POR EL PROGRAMA



Ayer fue día de Reyes y el día anterior desfilaron cabalgatas por muchas ciudades de España. Se cumplieron, sin duda, muchas de las ilusiones que la magia había puesto en las mentes de muchas personas menudas y mayores. Durante los días precedentes quien más quien menos había escrito su carta a los Magos en el buzón inmenso de los buenos deseos. Después, al día siguiente… Pues en esas estamos.
Yo solo voy a pedir un deseo general y particular. Llega un poco tarde para eso de los Reyes Magos, pero no para la magia. Aunque mi mente es republicana, ellos lo sabrán entender. El deseo y el encargo tienen que ver con que cada uno haga un esfuerzo por re-vitalizar su vida, por hacer lo que le haya correspondido pensando en la magia que ya tiene la vida por sí misma y la que le podemos sumar añadiéndole amor a la belleza, bondad y curiosidad por llegar a los entresijos de todo lo que se nos pone por delante. En definitiva, que no estemos programados por el programa, sino que cada cual proponga su propio programa, o, al menos, que el programa que le hayan impuesto lo desarrolle con entusiasmo y metiéndole mano a la vida hasta dejarla seca y exhausta por plenitud.
Seguro que nos vamos a encontrar en el camino con la dura realidad de nuestras limitaciones. Pues entonces, la segunda parte de la proposición deshonesta: que seamos capaces de comprender nuestra fragilidad, nuestra pequeñez y hallar en ello el gozo y el sentido en el hermoso caos del universo. No por la entrega sin sentido a lo que nos imponen, sino justamente por lo contrario, por hacernos más fuertes en nuestras limitaciones, en nuestro pormenor, en nuestro detalle cotidiano, y así construir una vida con menos resquemor y con más gozo, más nuestra y más humana.
El detalle y la glosa de este deseo es de cada cual y yo no tengo ni el derecho ni la capacidad de entrar en leyes ni en detalles; cada uno sabrá cuál es su parcela y cómo la puede cultivar para que sea un hermoso jardín y dé flores y frutos. El mundo debería ser un inmenso predio compuesto por un conjunto de jardines que exhalaran curiosidad, interés y complacencia en la vida mejorada.
Es enero y es invierno. Veremos qué se puede decir allá por el mes de diciembre. La verdad, la belleza y la vida sumadas hacen la vida apasionante. La vida pide testigos más que maestros. Ojalá todos seamos testigos de nosotros mismos en la búsqueda de esos deseos en nuestra parcela personal.

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