jueves, 8 de diciembre de 2011

AVE, MADRE, PURÍSIMA

 
“Ave, María, purísima, sin pecado concebida”. Sigue siendo esta la introducción de muchos rezos, de muchos saludos religiosos, de muchas formas de abrir tornos, de un montón de maneras de ponerse en situación cuando de ambiente religioso se trata.
Hasta no hace mucho, en este país, este día  de la Inmaculada también era el día de la madre. Y algo de lo mejor, también era fecha que ya se tomaban muchos estudiantes para comenzar unas largas vacaciones de invierno, que duraban hasta que se desgastaban los regalos de Reyes.
En este ambiente ha vivido -y sigue viviendo- buena parte de la comunidad en el S XXI. Más de mil millones de personas. Como para no pedir que el tren se pare  para tirarnos de él lo más lejos posible.
Así que “purísima” y “sin pecado concebida”. ¿Qué coño querrá decir tal majadería? Ahora estamos hablando de ella, de la concepción de la virgen, de su nacimiento, de sus meses de vientre, de espermatozoides y de óvulos, no del asunto de la paloma, que ese ya es para morirse del susto. “Sin pecado concebida”. Solo se puede entender por contraste: LOS DEMÁS SOMOS CONCEBIDOS CON PECADO. Pobrecitos de nosotros y pobrecitas de nuestras madres. ¡A mí no me preguntaron si quería ser concebido! ¿A quién se lo han preguntado? ¿Cómo se hace eso con un no nacido? ¿Qué pecado he cometido entonces? Y mi pobrecita madre, a la que tanto recuerdo y quiero, ¿qué pecado cometió en mi concepción? ¿Todas las madres son pecadoras por concebir? ¿Hay algo más hermoso que alumbrar una nueva vida? ¿Por qué insultan tan groseramente? ¿A quién de los alfabetizados quieren engañar? He escrito de los alfabetizados. ¿Cómo es posible que tal cantidad de personas siga bajo el yugo de la ignominia y del insulto? ¿Por qué las mujeres no se levantan y escupen ante tales infamias? ¿Por qué siempre el pecado, el sentimiento de culpa y el miedo ante los dioses, dioses que, si quieren ser algo, solo pueden ser amor y cariño? ¿Cómo puede permitir cualquier dios que, en su nombre, se alimente tanta hechicería y se levante tal castillo de amenazas? Hay demasiada gente que se esfuerza en negarse para sí misma el paraíso que predica. Si existiera o existiese tal lugar beatífico, todos estos lo tienen que tener chungo para encontrar billete de entrada.
Por supuesto que las razones de tales dogmas y miedos hay que buscarlas en consecuencias sociológicas, de poder y políticas. No es asunto de una reflexión tan breve como esta. Qué espantoso. Otra vez, y van demasiadas, la religión inventada al servicio del poder y del engaño.
Hoy levanto mi copa por mi madre; por todas las madres que en el mundo han sido; por todos los vientres que han guardado la vida con tanto cariño durante muchos meses; por mi esposa, que parió a mis dos hijos a los que tanto quiero; por mi nuera, que alumbró a esa dulzura hecha niña que se llama Sara; por todos los vientres abultados que veo en las calles cada día y por los vientres que se abultarán en el futuro. Y, por supuesto, por aquella mujer de Galilea -si es que existió, que ese es otro cantar- que concibió a ese Jesús del amor y nunca del miedo ni del temor.
Y, si sus hijos son concebidos en pecado, bendito sea el pecado. Todas vosotras sois inmaculadas. Lo único que se va “maculando” (manchando) es vuestro cuerpo, que, como el de todos, va pasando por el tiempo, en un ciclo pequeño que debemos disfrutar todos lo mejor que podamos.

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