miércoles, 20 de febrero de 2019

AGUSTÍN DE HIPONA DISEÑA EL ESTADO


          
AGUSTÍN DE HIPONA DISEÑA EL ESTADO

Arruinado el imperio más brillante
por el odio acerado de las armas,
obispo ya Agustín, piensa la fórmula
de ahormar de nuevo el mundo con las leyes
que anuncia desde el cielo el evangelio.

Propone traslación de esos preceptos,
diseña ministerios, sueña cargos,
organiza un imperio religioso
con nuevo emperador de su liturgia.
El hombre ha de atender a las demandas
no solo de las leyes de la tierra,
sino además también, y sobre todo,
a las reglas que marca el evangelio.

Es La ciudad de Dios, es el espejo
de aquello que en el cielo se imagina
y dará largos frutos en la tierra:
años, siglos, milenios… los infiernos
no prevalecerán contra sus fuerzas.

Platón diseñó todos los conceptos,
Aristóteles puso magisterio
y Agustín redactó para el futuro
las bases de una iglesia milenaria
que vivió de la mano del poder,
soñando la llegada de aquel juicio
de final sin final, apocalíptico.

De la mano de Dios, sigue pensando,
mientras sueña contar grano por grano
las arenas del mar. Tal vez en ellas
encuentre algún lugar en el que anide
cualquier resto de luz de ese misterio
que arde y se quema al sol entre sus sueños.

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