viernes, 3 de agosto de 2018

¿MURIÓ DON QUIJOTE?


                     ¿MURIÓ DON QUIJOTE?
Porque aquel deseo expresado en el capítulo LIX de la segunda parte se cumplió. Y el caballero acabó su vida. Allí se nos dan algunas pistas: “y déjame morir a mí a manos de mis pensamientos y a fuerzas de mis desgracias. Yo, Sancho, nací para vivir muriendo y tú para morir comiendo (…) pienso dejarme morir de hambre, muerte la más cruel de las muertes”. Claro que no muere de hambre pues en su casa vive regalado por su ama y por su sobrina; pero ya deja entrever el cansancio y el hastío de vivir: “a manos de mis pensamientos y a fuerzas de mis desgracias”. ¿Entonces?
En el último capítulo se especifican causas: “Como las causas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios hasta llegar hasta su último fin, especialmente las vidas de los hombres, y como la de don Quijote no tuviese privilegio del cielo para detener el curso de la suya, llegó su fin y acabamiento…” Causa naturales podíamos decir.
No es razón suficiente para los más allegados. Así, el cura, el bachiller y el barbero, “creyendo que la pesadumbre de verse vencido y de no ver cumplido su deseo de libertad y desencanto de Dulcinea le tenía de aquella suerte…” Los lectores tampoco nos conformamos con tan poco. Razones de amor o acaso más hondas. Porque Dulcinea representa lo que representa y es referente y cúspide de una manera de ver y de interpretar el mundo.
Junto a estas causas, el autor suma elementos de tipo religioso y literario: “Las misericordias que ha usado Dios conmigo (…) Yo tengo juicio ya libre y claro, sin las sombras caliginosas que sobre él pusieron mi amarga y continua leyenda de los detestables libros de caballerías”.
Y Sancho insiste y añade: “No se muera vuestra merced (…) porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía”. Y este sí que sabía pues que eran uña y carne. “Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa…”
Pensamientos, desgracias, edad, elementos religiosos, vencimiento… MELANCOLÍA.
Melancolía es un estado de tristeza vaga, profunda sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no se encuentre quien la padece gusto ni diversión alguna.
Parece, entonces, que la historia del caballero es la historia de un fracaso, fracaso de ideales, fracaso en amores, fracaso en escala de valores, fracaso de un mundo ideal, que queda arruinado por lo grosero y mostrenco del mundo más inmediato y aparentemente más a la mano.
Y aquí llega la paradoja. ¡Don Quijote vive!, sigue viviendo, a pesar de que dicen que ha muerto y de su manifiesto fracaso. ¿Quién es capaz de arrastrar a más seguidores que él? ¿Qué ONG tiene más partidarios y voluntarios? ¿Quién levanta más pasiones que este loquicuerdo fracasado?
Don Quijote murió de melancolía, se dejó ir ante la imposibilidad de levantar otro mundo más justo y compartido. Pero el lector tiene todo el derecho a sospechar que quien realmente murió no fue el caballero don Quijote, sino Alonso Quijano, el hidalgo acodado en el pueblo, sin pagar impuestos, al amparo de sus bienes y sin la ilusión de modificar su contexto.
No, definitivamente, don Quijote no ha muerto, sigue vivo en todos los que se ilusionan cada día y se levantan animosos, y van a las aventuras y vuelan la ribera en busca de mejorar algo las cosas. No son pocos los que lo hacen. Seguro que todos ven a don Quijote en el horizonte guiando sus pasos y sus ilusiones. Es el capitán perfecto.

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