No,
no se trata de ninguna resurrección ni de ninguna aparición milagrosa del personaje.
Lo único que quiero es dar noticia y dejar constancia de la exposición que ha
preparado, presentado e inaugurado la USAL en el Convento de San Francisco de
Béjar, en recuerdo de las relaciones entre Unamuno y Béjar. Entre bambalinas y
como comisario, José Antonio Sánchez Paso, a quien tanto le va la marcha de
todo lo que suene a Béjar, territorio en el que se mueve como casi nadie.
A
veces los astros se conjuntan y se ponen de acuerdo en orbitar a la vez, las
sinergias andan siempre esperando turno y se activan en cuanto pueden. Quiero
decir que la ocasión era propicia para esta exposición, tal vez a raíz de la
película de Amenábar, Mientras dura la
guerra, que tanto ha influido para recuperar, sobre todo en los niveles
populares, la figura del rector Unamuno. En todo caso, bien se merece, en
cualquier tiempo y ocasión, que se revisen su figura y su aportación al
pensamiento.
He
escrito varias veces acerca de lo que, para mí, representa Unamuno. Sigo
pensando lo mismo. En brevísimas palabras, me resulta un creador poliédrico,
desconcertante, apasionado y apasionante, siempre mirando hacia sí mismo para
poder mirar afuera, e inagotable en su afán por escudriñar todo lo que atañe al
sentido de la vida del ser humano. Y todo ello lo pienso desde la lectura de bastantes
de sus innumerables textos. Esa es la mejor fuente para que cada uno extraiga
conclusiones y actúe a partir de ellas. De hecho, estas exposiciones
conmemorativas y de recuerdo no pueden ni deben aspirar a más que a incitar a
ello, lo que no es poco.
Esta
idea de volver a la persona y, sobre todo, a sus escritos nos sirve para
cualquier lugar y para cualquier tiempo; también para Béjar y su relación con
él. Existe una parte de sentimentalismo a la que no hay por qué renunciar, pero
nunca debe ser superior a aquello que aporta el conocimiento directo y sin
intermediarios de las ideas esenciales que analiza y ensaya, con independencia
de los lugares concretos.
Claro
que Unamuno tiene que ver con Béjar, con Béjar como realidad natural en la que
buscar las esencias en el pensamiento, y también con Béjar como realidad humana
en la que vivían personas que tejían la vida diaria en la mejor y en la peor
intrahistoria. Por eso sus estancias en la ciudad y en la comarca, por eso sus
amistades, por eso sus intermediaciones en los conflictos laborales, por eso
sus diatribas contra las tabernas, por eso sus alabanzas a la cultura de los
obreros, por eso sus inauguraciones y sus discursos, por eso… Claro que tiene
mucho que ver con Béjar este pensador insaciable que hasta aspiraba a ser
conciencia del universo entero.
Cada
una de estas facetas está al menos apuntada en los paneles de la exposición
inaugurada ayer mismo.
Béjar,
como cualquier otra comunidad, necesita de vez en cuando un empujón que le
despierte la conciencia, que le muestre que existen y han existido personas
preocupadas por el ser humano como tal, mucho más allá de los intereses más
personales, egoístas (que no egotistas) y mostrencos. Unamuno, con todos sus
vaivenes, es una de esas personas.
Me
sentí muy sorprendido y agradecido al verme reflejado, en la copia de unos
breves versos, en el panel que cierra la exposición, como ejemplo de creador
que ha escrito con el rector de Salamanca y su pensamiento como fondo. Gracias
al comisario, quien, seguramente, lo habrá hecho posible y real.
La
exposición espera ser vista. Los textos y el ejemplo esperan también ser leídos
y pensados. Lo demás viene después y es labor de cada uno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario