viernes, 30 de marzo de 2012

EN CASA DEL HERRERO...


Con muchísima frecuencia nos vemos sorprendidos al escuchar palabras o frases en las que nos vemos reconocidos o con las que estamos totalmente de acuerdo y que, sin embargo, proceden de personas con las que tenemos poco en común. En esos casos nos pueden suceder dos cosas: o terminamos comprobando que, a pesar de todo, hay mucho más en común de lo que parece; o acabamos despellejándonos al observar que las mismas palabras pueden ser interpretadas en direcciones totalmente diferentes.
Alguna vez he analizado el ejemplo de la palabra “liberal” y el uso que de ella se ha hecho y se sigue haciendo.
Hoy quiero anotar otro ejemplo que me ha dejado perplejo y que ha quedado apartado y olvidado en el ciclón de la huelga general de ayer mismo. Porque la vida sigue, a pesar de todos los pesares.
Benedicto XVI -cuidado que hay benedictos y benditos y benitos y biendichos por el mundo- ha realizado un viaje por Hispanoamérica. Como siempre, vaya donde vaya, este buen hombre siempre se ve rodeado de multitudes y complacido hasta en los detalles más nimios por los mandatarios de cualquier pelaje. Uno tiende a pensar que, siendo el jefe del Estado del país más pequeño del mundo, tendría que pasar algo más desapercibido. Tal vez será por su vestimenta, o porque dicen que es infalible, que ya es decir y ser. El caso es que todo el mundo se postra y pierde la espalda por complacerle.
En Cuba ha pronunciado un discurso en el que ha incluido la reconvención y la invitación a cambiar a “los que se encierran en su verdad e intentan imponerla”. Así, como suena.
Cada cual tiene el derecho -y yo pienso que la obligación- de expresarse libremente, siempre que no insulte ni mienta como un bellaco. ¿Dónde, pues, la bondad o maldad de estas palabras?
Me parece que en dos apartados. El primero está en la parte final: “e intentan imponerla”. ¿Qué otra cosa hacemos todos cada día si no es imponer razonablemente nuestras ideas a través de la palabra? ¿No es mucho peor imponerlas por la fuerza y desde la desigualdad y la mentira? ¿O no lo hace así el poderoso desde los medios de comunicación a su servicio, por ejemplo? El segundo hace referencia a “encerrarse en su verdad”. ¿Alguien SE ENCIERRA más que la Iglesia y su representante máximo en “SU VERDAD”?
Les ha faltado tiempo a los medios consabidos para resaltar que reconvenía a la dictadura cubana. Y dicen verdad porque así era. Pero, ¿no encierran estas palabras una reconvención a sí mismo y a sus formas de pensar y de actuar? ¿Hay algo más absoluto que una verdad religiosa? Al menos en las dictaduras se puede discutir acerca de la bondad o la maldad de las ideas y de las expresiones de sus dirigentes, aunque no se pueda precisamente actuar mucho sobre ellas. En las dictaduras las expresiones y las ideas responden -por más que no se justifiquen- a pensamientos humanos y, por ello, expuestos a explicaciones y a respuestas razonadas. Nada de ello sucede en las ideas de base religiosa.
De modo que me vuelvo a preguntar: ¿Se encierra en su verdad e intenta imponerla la Iglesia? En casa del herrero, cuchillo de palo; el alguacil alguacilado; ir por lana y salir trasquilado… y cosas así.

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