martes, 4 de febrero de 2014

DESDE BARUCH DE ESPINOZA

     
“Todo lo excelso es tan difícil como raro.” Con estas palabras termina el filósofo Baruch de Espinoza  la Parte Quinta y última de su “Ética demostrada según el orden geométrico”
Excelso, difícil, raro. Ordenado así y no de otra manera. Importan primero las cualidades y la esencia de esos elementos que componen el todo, las variables que lo convierten en excelso. Hasta ahora poco importan el grado de dificultad de su consecución o sus consecuencias, solo interesa el hecho o el estado. Difícil entender la definición exacta de “excelso”, pero sí puedo aproximarme: muy elevado, alto, eminente. No me quedaré en el nivel físico y trasladaré esa visión al sentido figurado: un hecho elevado, una persona eminente, una cualidad superlativa. Superlativo léxico en cualquier caso. Ahora ya mi imaginación corre para posarse en cualquier cualidad, fenómeno o persona. Por ejemplo, en la amistad; por ejemplo, en un edificio; por ejemplo, en una persona o en un libro.
Los conceptos terminan definiéndose por sus cualidades, por los adjetivos que los configuren y que se acoplen a ellos, de tal manera que cualquiera de ellos nos lleva a su esencia y parece que evocar esa cualidad ya es suficiente para entender que hemos llegado al corazón del mismo. Tal vez por ello, dar con los adjetivos pertinentes y exactos resulta tarea ardua en la creación y en el ropaje lingüístico de las ideas. Cuando estas cualidades tienen que estar cargadas de significado con intensidad y con admiración, hasta convertirse en excelsas de lo excelso, el trabajo es aún más complicado, y, además, corre el peligro de la impostación y de la hipérbole. Ya se ve ahora que casar excelso con difícil no resulta complicado pues se compadecen mutuamente.
Cuando se consigue de veras, algo sucede que provoca satisfacción, contemplación y felicidad: “quedeme y olvideme…” Por ejemplo. Y seguramente, cuando despertemos del sueño, del dulce sueño, y del nivel alcanzado, para aterrizar en otros niveles más reales, o al menos más cotidianos, nos toparemos con la certeza de lo raro del momento, de lo escaso del fenómeno, de lo extraordinario del hecho.
Espinoza apunta hacia el “poder del entendimiento y de la libertad humana”, pero mirando hacia lo espiritual y hacia Dios como ser y conocimiento excelso, difícil y raro. Nosotros tal vez deberíamos quedarnos un poco más abajo y aspirar a algún momento excelso medido desde nuestros parámetros humanos, mucho más escasitos y limitados. Alguna ventaja tiene esto: las cualidades de lo excelso tal vez no sean tan exigentes y nos conformemos con una comida más baja en calorías pero sabrosa para nuestro paladar.

Como ejercicio de autoestima, acaso sería bueno proponerse el acercamiento a un hecho, a un pensamiento o a una persona excelsos cada día. Ya sería un logro excelso.  

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