sábado, 14 de enero de 2017

PALOS DE CIEGO: NI POR ACTIVA NI POR PASIVA


Podemos no va a votar al PP ni por activa ni por pasiva. Bárcenas no va a implicar al PP ni por activa ni por pasiva. Son dos frases reales oídas los últimos días; su repetición es frecuentísima para expresar una negación  fuerte y convencida.
Convendría no ser tan asertivo, aunque solo fuera por seguir el consejo que recordaba aquello de que “no debes decir de esta agua no beberé”, “arrieritos somos y en el camino nos encontraremos”, o incluso aquella advertencia de “dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Pero, en fin, cada cual sabrá lo que hace con sus palabras. Luego, las realidades no siempre se compadecen con ellas.
Pero no quería yo hoy sacarle punta política a la expresión sino algo de miga lingüística y social.
Parece evidente que con esta expresión hacemos referencia a un elemento constitutivo del verbo como es el de la voz. Junto con la persona, el número, el tiempo, el modo y el aspecto, componen nuestra palabra más compleja y rica, aquella que incorpora más matices con aquello que llamaban accidentes verbales, morfemas verbales, desinencias o simplemente terminaciones.
Pero es que, en este caso, la lengua -la nuestra también- es fiel reflejo de la evolución en sus hablantes, en sus usos y en sus preferencias. Quedémonos con eso que llamamos voz.
¿Cuántos hablantes serían capaces de recordar cualquiera de nuestras conjugaciones en su voz pasiva? Seguro que más de uno respondería que ni siquiera en voz activa. No seamos crueles.
Históricamente no solo se ha hablado de voz activa, sino también de voz pasiva, de voz media y hasta de voz perifrástica. ¿Por qué solo imaginamos la voz activa? Sencillamente porque a las otras variantes -también a la voz pasiva- las hemos mandado a paseo y las hemos jubilado. Casi la hemos dejado de usar, y así no hay voz que resista su presencia.
¿Y qué hemos hecho con los conceptos que expresábamos en voz pasiva? Pues la lengua se ha buscado la vida como ha podido y ha encontrado diversas fórmulas. La más reconocida y la que se está llevando la victoria en la pelea es la de la llamada pasiva refleja, aquella que mantiene un sujeto que no realiza la acción sino que la recibe: “Casas son vendidas por el constructor” pasa a “Se venden casas”; el verbo se manifiesta en voz activa y en tercera persona con ese “se” que marca precisamente lo que llamamos pasiva refleja.
Pediré perdón por este detalle técnico pero tampoco parece difícil de entender, ¿no?
Y, trasladado esto al uso diario, ¿qué viene a mostrarnos? ¿Que la lengua es un sistema cambiante siempre? Sí. ¿Que el hablante provoca y admite los cambios sin conciencia de los mismos? También. ¿Que conviene analizarlos y controlarlos? Por supuesto. ¿Que la conjugación se ha simplificado? Evidente. ¿Que muchos no recuerdan o no conocen la morfología de la voz pasiva en el verbo? Claro. ¿Que así se van a aprobar más exámenes que antes? De eso nada porque ya los más tontos andan empeñados en recuperar el imperfecto de subjuntivo (“amara, amase”: “Desde que Pepito jugara en el Peralejos”) con valores que no le corresponden. Por ejemplo.

Y ahora me voy a la calle, que tengo como ganas de airearme. Agur.

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