jueves, 28 de marzo de 2019

CRÓNICA LOCAL



Repito con frecuencia que mis reflexiones aspiran a tener sentido general, por más que a veces partan de algún ejemplo particular y aparentemente inocuo. Por eso tal vez acudo con escasa continuidad a comentarios de carácter local o localista. Y eso que soy consciente de que es la realidad que me rodea y que en primer lugar me afecta. Hoy me permito romper mi costumbre.
Entramos -estamos ya de lleno- en un período convulso y agitado, el período electoral que se nos viene encima y que debería resultar la consecuencia lógica y normal de una democracia que se regenera en sus ideas y en sus cargos cada cierto tiempo. Los próximos dos meses están ya llenos con la programación de los detalles y los movimientos de unos y de otros, y no será fácil salirse de ese guion.
En Béjar, la ciudad estrecha en la que vivo, se produce algún fenómeno especial y diferente. Desde hace una legislatura, un grupo disidente del PSOE, TAB, actúa como agrupación política diferenciada. Por supuesto, tiene todo el derecho del mundo. Pero no estoy seguro de que el remedio no resulte peor que la enfermedad. Si yo echo cuentas y repaso los resultados de las últimas elecciones locales, concluyo que, sin esa separación, la izquierda podía haber gobernado en esta pequeña ciudad. Algo similar puede ocurrir en estas próximas elecciones locales. Tal vez, unos por otros, la casa se puede quedar de nuevo sin barrer.
Creo que conozco bastante bien las causas que produjeron esta separación y reparto culpas entre todos, aunque no en la misma cuantía. La descripción y el análisis no son para este formato, pero anuncio que los tengo escritos y tal vez algún día verán la luz. Son entre 40 y 50 páginas que describen mi visión directa de lo que sucedió.
La situación se repite de nuevo. Otra vez división y veremos con qué resultado. Me duele pensar que una de las causas principales del desacuerdo sigue manteniéndose viva y tal vez con más fuerza y visibilidad. Y así resulta más difícil la rectificación y la marcha atrás de cualquiera. Pero he de decir que esa división seguía siendo una realidad ya antes de que se conociera que la causa se mantendría, lo que significa que no solo se actuaba por esa razón sino por alguna más de otro tenor. Tampoco tengo claro con qué energía se puede defender, desde la agrupación originaria, una situación en la que no se cree y contra la que se ha protestado, sin por ello llegar a romper la baraja. Creo que no necesito ser más explícito, porque cualquiera puede entender qué palillo es el que estoy tocando.
En fin, que la situación anda confusa, que alguien se aprovechará de este río revuelto, y, sobre todo, que en esta comunidad seguiremos sin presentar un proyecto claro y preciso de ciudad que englobe a casi toda la gente que se siente progresista. La ciudad tal vez no lo merece. Y los ciudadanos que la formamos tampoco.
En todo caso, estas líneas no quieren ser ninguna cortapisa a los derechos de nadie ni a la actividad o agrupación que se crean oportunas. Se trata solamente de una consideración que puede afectar a todos en un sentido o en otro. Y, además, que puede estar equivocada. O no.

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