lunes, 28 de mayo de 2018

EN EL TALLER POÉTICO



La creación solo puede ser producto del trabajo callado y persistente. Es verdad, me parece, que a veces explota y germina como si sucedieran los milagros. Pero eso es apariencia, resultado, fin de ciclo, etapas que se ocultan, pero existen.
Por eso la libreta con apuntes, la imagen que deslumbra y que se anota para después domarla y darle forma, para desarrollarla, o para dejarla estar como nació, resuelta y tan altiva.
Yo suelo recoger esas imágenes, que me llegan de todas direcciones, muchas de las lecturas, otras de la presión de los sentidos, algunas del resumen tranquilo de situaciones varias. Esos apuntes me sirven como raíz para plantar un árbol más crecido, para regarlos un poco y ver cómo florecen y echan hojas. Aunque tantas veces una imagen lograda vale por todo lo demás…
Pondré solo un ejemplo, real y de ahora mismo. De una experiencia próxima me llega la siguiente imagen, que verbalizo así: “Voy a ponerle pegas a la muerte”. El origen me pertenece solo a mí, aunque el lector u oyente suponga que algo negativo ha rondado a mi alrededor. O tal vez tan solo sea el resultado de alguna lectura que diera vueltas al hecho inevitable de la muerte. El caso es que ahí está un hecho seguro y preocupante: la realidad de la muerte.
Pienso ahora si la verbalización en primera persona es lo más acertado. Y lo mismo me sucede con el tiempo. Ensayo variantes: “Él va a ponerle pegas a la muerte”; “Vas a ponerle pegas a la muerte”; “Fuiste a ponerle pegas a la muerte”. O cambio de palabra: “Quiero ponerle pegas a la muerte”; “Quiero ponerle excusas a la muerte”; “Le buscaré las vueltas a la muerte”.
Se me aparecen muchas variantes y cada una de ellas me encamina hacia matices distintos. Si me arriesgo en la creación de un poema, la elección tiene que ser acertada. Me quedo con la primera chispa y adelante.
Ahora tengo que jugar al menos con tres elementos: la redacción final que voy a darle a la perífrasis inicial, la enumeración y desarrollo que he de conseguir de eso que he llamado pegas, y el sentido final de muerte: “¿Voy a darle esquinazo…?”; “¿Voy a plantarle cara?”; “¿Voy a entrar en batalla?”.
Y, ¿cómo desarrollaré eso de la muerte?, ¿qué rostro le pongo?, ¿la veré como límite o como meta?, ¿me haré amigo de ella?...
Ya tengo como en puzle la materia. Ahora hay que darle forma y desarrollo.
Y todo para comunicar de otra manera que no me hace ni pizca de gracia ese asunto tenebroso de la muerte. Vamos, que no me quiero morir.
Tal vez sea mejor dejar la imagen así en bruto y sin tallar. Sea por esta vez. Pero solo por esta vez, que luego se acostumbra uno.

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