domingo, 30 de junio de 2019

BÉJAR - DEHESA DE CANDELARIO




DE UN CAMINO QUE APUNTA MÁS ARRIBA  (BÉJAR – DEHESA DE CANDELARIO)
Madrugar, respirar, pasear, sudar, conversar, reponer, admirar, considerar, concluir… Todo esto y mucho más te puede regalar la naturaleza un día cualquiera si te pones a ello.
Ayer el día salió como del fuego. Andamos en período de ola de calor, estos ataques repentinos de la naturaleza contra sí misma que nos deja pensando en sus enfados y en las consecuencias evidentes que trae hasta nosotros. Son las nueve y subimos con coche a Candelario. Desde allí nos acompaña la frescura del camino que lleva hasta Puente Nueva, esa puente (sí, así, en femenino, que es antigua como proclama el nombre que la evoca) que rumia entre sus aguas el paso de tantas personas camino de La Garganta, con sus ansias a cuestas o a lomos de sus caballerías. Los regatos aguantan la embestida de tanto calor junto y siguen destilando monte abajo lo que les queda de agua en sus entrañas. Como es ladera norte, todo es más umbrío y suave.
Mirar en Puente Nueva el remanso del agua y escuchar sus rumores cuando salta la pared de la presa es pensar que hay edenes y refugios para cualquier cansancio. El sol está ascendiendo, pero no tiene fuerzas para mandar sus rayos hasta el agua, que duerme entre las sombras. Un acebo se esconde entre otros árboles y no le dejan sitio para mirar al cielo. Hay peñas junto al agua. Es lugar muy propicio para parar un rato junto al río y escuchar lo que dice. Y en un día caluroso como este, tal vez para hacer tienda y detenerse a pasar varias horas a su lado.
Juan Heras, Manolo Casadiego y Antonio Gutiérrez han salido a pasear y a echar las horas en la naturaleza. Y ya la van sintiendo y compartiendo. Pero son, como todos, arregladores natos de este mundo. Anda el ayuntamiento conformándose y conocen noticias de cómo han de quedar las competencias. La alcaldesa parece que liberará horas para dedicar más tiempo a su trabajo de munícipe. Los tres andan de acuerdo en la necesidad de que un asunto de tanta enjundia tenga a su cargo a una persona que pueda comer y vivir de este trabajo. Deliberan acerca de la cuantía que merece este cargo y diversifican opiniones pues no se ponen de acuerdo en tal asunto.
En esta y otras cosas ha huido de ellos el tiempo y los ha colocado en la otra presa que recoge las aguas más arriba y que las canaliza hasta Béjar. Parada semejante. Ya el sudor acompaña a los caminantes y el sol hace otro tanto. Pero hay sombra abundante y siempre alivia.
¿Y el asunto del Corpus? Otro rato de charla acerca de este hecho, que hace más corto el tiempo de ascenso hasta el Puente de los Avellanares. ¿Estaba preparado todo aquello o lo han dejado al desamparo de los que vinieran luego? ¿Cuánta gente en la procesión? ¿Qué tipología social era la que abundaba? ¿Cuántas asociaciones estaban presentes? ¿Y eso de los hombres de musgo? ¿Y la rendición de banderas? ¿Y la presencia de los ediles y de la alcaldesa? ¿Y la separación de elementos civiles de los religiosos? ¿Y el carácter internacional que ha conseguido?
Como el asunto da para un buen rato, las opiniones son diversas y los tres quieren echar su cuarto a espadas, en un santiamén se encuentran ya en la Dehesa, al lado de regatos y en medio de robles frondosos. Un poco más y llegan al hermoso refugio de Icona que se ha levantado muy cerca de un amplio establo de ganado, hoy vació de animales, y de un vivero que ha dejado los restos de algún pino y hermosos álamos en un paraje fresco. Para que cualquier caminante sienta el deseo fogoso de descansar un rato, una fuente abundosa mana agua bien fresca.
Es la meta buscada. Allí se paran, allí se desmochilan los caminantes, allí sacian su sed, allí buscan el lado de la sombra, allí acomodan troncos para sillas y extienden unas tablas para mesa, allí muestran viandas y reposan. Primero unos minutos en silencio para reparar fuerzas, espantar el sudor y los mosquitos y empezar a escuchar varios sonidos con los que les regala la naturaleza.
La fuente no se calla y rumorea, hay pájaros diversos por el cielo y el sol ilumina y dora el verde de los árboles. Una insinuante brisa mueve un poco las hojas y serena el cansancio. Algún otro caminante asciende hacia la sierra por el camino próximo: que tengan buen camino.
Con la espalda reposada en la pared y los cuerpos ya sosegados del camino, los mosquitos se apartan del paraje. Ya todo es serenidad y algo de hambre.
Porque estos caminantes han salido a andar, pero también han venido a que les acompañe en el paseo la naturaleza y lo que necesitan para saciar sus gustos en medio de la misma. Por eso abren mochilas y contemplan lo que tienen para ellos: gazpacho, hornazo, queso, vino de bota y agüita de la fuente, pan que acompaña al queso, té bien especiado, zumos y aguardiente diverso.
“No nos merecemos menos” recuerda un caminante. “Yo desde luego que no, no sé vosotros”, responde otro. Y empiezan a embaular tranquilamente.
Hay que comer mientras se contempla, pero también hay que hablar, que a eso se ha venido. Las primeras consideraciones suelen ser de complacencia por el tipo de naturaleza que les rodea y por la suerte que tienen al tenerla tan cerca. El ritual empieza por ahí y nunca se cansan de repetirlo. Para gozar de una cosa tal vez no hay mejor forma que creer de verdad en sus bondades. Y nuestra lujuriosa naturaleza se presta a ello. Así que, para esto, bejarauis sin reservas. Para otras cosas, tal vez no tanto.
Pero la parte central de la liturgia comienza cuando alguien aporta cualquier tema de más extenso alcance. Suele coincidir con la presencia del té que lo consagra. Después unas gotitas de aguardiente desatan las conciencias y la palabra fluye con más fuerza.
“Hace mucho calor y anuncia que hay polvo en suspensión”, comenta alguien. “¿Polvo en suspensión?”, responde otro. “Yo sí que tengo polvo en suspensión: tengo suspendido el polvo desde hace seis meses por lo menos”. Y se desatan las risas y los tragos.
Y, de pronto, alguien salta: “Propongo dos palabras para hablar acerca de ellas. Son filósofo y sabio”. Y otro apunta: “Espera que me ponga las antenas de escuchar y de aprender y luego ya, si eso, hablamos”.
“¿Qué diremos de ellas?”
“Primero ahondar un poco en sus orígenes y en su significado. Filósofo: persona que ama y que busca la sabiduría; Sabio: Persona que sabe”.
“Hay una diferencia -tercia alguien-: el filósofo busca, siempre anda en camino; el sabio ya no busca, ya ha encontrado y se ha quedado en la verdad”.
“¿Entonces quién es mejor, el filósofo o el sabio?”.
Se hace un breve silencio que se rompe cuando uno tercia: “Tal vez mejor el filósofo, porque sigue siempre buscando. Es más humano y hasta parece más inteligente”.
“Pero necesitamos también sabios, como referentes y faros para nuestras conductas. Si supiéramos definir lo que es un sabio”.
“Tal vez lo mejor fuera pensar en algunas personas a las que consideramos sabias”.
Y aparecen los nombres. No en todos están de acuerdo los caminantes, ahora comedores y aprendices de conversadores o algo más.
“Este realmente lo que es es un genio”.
“Ah, un genio. ¿Y por qué se caracteriza un genio? ¿Es lo mismo que un filósofo o que un sabio? Cuidado, que genio nos lleva a la palabra gen y a alguna disposición innata que no poseen más que algunos y que no se puede enseñar o al menos no solo enseñar”.
“Dalí es un claro ejemplo de genio, pero no parece que sea un buen referente ni de filósofo ni de sabio”, replica alguien mientras echa un sorbo de té o gusta de un traguito de aguardiente.
Filósofo, sabio, genio… Ya todo se desparrama en palabras y en sorbos. Y acuden en ayuda chascarrillos, pero también ideas de altos vuelos. Los tres conceptos dan para bastante y los tres caminantes apuran las viandas entre ideas y chistes, entre risas y sorbos, entre razonamientos varios y cruce de argumentos. Ahí los veréis pensando y discutiendo sobre asuntos tan arduos durante un largo rato.
Y se ha pasado el tiempo, eso que siempre pasa. Y se ha ido la mañana entre los árboles. Ahora las ideas vuelan con los pájaros, dan vueltas por el cielo y rondan la cabeza de los tres caminantes mientras vuelven contentos de la naturaleza, de la suerte que tienen al poder divertirse en la palabra y con alguna idea de más por ahí dando vueltas. Con esas variables conjuntadas, vuelven camino abajo, con el dosel que forman los castaños, con la sombra a su lado, con la amistad sonriendo y con ese pelín de vanidad que les aporta la conversación acerca de lo que nunca escuchan en las calles o parques a diario.
Son parte, no lo olviden, del club de las ideas llamado LIBRE ALBEDRÍO, y eso obliga a mucho.

1 comentario:

mojadopapel dijo...

Ainnnns!.... Como si hubiera estado allí... Qué bonitas descripciones de naturaleza y qué buena charla siempre con amigos. Os echo de menos!